Disney convierte la leyenda negra antiespañola en taquilla
¿Por qué una compañía que vive de vender entradas a cientos de millones de hispanohablantes dedica presupuesto a explicarles que su idioma es el de los conquistadores? La pregunta no es retórica.
Disney ha estrenado una serie con protagonistas mexicanos, presentada como ejercicio de representación, y el resultado es un catálogo de tópicos: canción promocional titulada «Oye, primos», filtro sepia, una familia numerosa en una casa destartalada. La mercadotecnia de siempre, ahora con acento.
El lío llegó después. La voz que dobla a la protagonista sostuvo que
el español es la lengua de los conquistadores, impuesta a los latinoamericanos. En un primer momento la frase se atribuyó a la creadora de la serie; luego se aclaró que era la actriz de doblaje. Y el remate: en una publicación antigua que se le atribuye, agradecía a sus abuelos haber dejado su país de origen para que ella pudiera alcanzar el trabajo de sus sueños. La secuencia, contada así, tiene poco de malentendido y bastante de postureo.
El náhuatl era lengua oficial y el relato se cae
El argumento aguanta mal el primer envite.
El náhuatl era lengua oficial en la administración virreinal, en la Iglesia y en las artes, como se recuerda en el debate, no el idioma de una minoría aplastada hasta la llegada de nadie. Sobre esa base se construye la tesis que recorre todo el asunto: el hispanismo no como nostalgia de tertulia, sino como una amenaza geopolítica para la posición angloamericana, que responde con una hostilidad cada vez menos disimulada. Y el entretenimiento, cuando se pone doctrinal, deja de ser entretenimiento.
De «Eternals» a «Wakanda Forever»: el patrón
En Eternals aparecía, sin venir a cuento, una imagen de la conquista de Tenochtitlan presentada como genocidio. En Wakanda Forever, un sacerdote católico promovía el exterminio de la civilización maya —que había colapsado siglos antes de que llegara ningún europeo— y el personaje de Namor acababa con él. La interpretación corría a cargo del actor mexicano
Tenoch Huerta, a quien se atribuye haber exigido a España una petición de perdón y, en cambio, un silencio cómodo cuando
Estados Unidos celebra una festividad que parte del debate considera la conmemoración de un genocidio. En la reciente revisión de Peter Pan, con advertencia incluida sobre el racismo contra los nativos, no hubo hueco para recordar las masacres de indígenas. La escena se borró y a otra cosa.
«Los anglos exterminaban a los indios, los españoles no», sostiene un participante
Aquí el tono se calienta. Una parte del debate sostiene que
los anglosajones exterminaron a los indígenas y los españoles no; donde unos llevaron mestizaje, otros trajeron clasismo racial. En ese flanco se manejan cifras concretas: entre
1830 y 1950 se contabilizaron unos
4.000 linchamientos de personas negras en Estados Unidos, según la fuente citada, episodios que en muchos casos fueron espectáculo público. Al mismo tiempo, un participante recuerda que el único idioma impuesto a México por unos conquistadores fue el inglés, cuando Estados Unidos se anexionó la mitad de su territorio a sangre y fuego. Sobre esto, poca conciliación.
Por qué el español inquieta a Washington
Estados Unidos no tiene idioma oficial —no aparece en ninguna ley— y ahí está el nudo. El inglés funciona como cemento de la Unión, pero los inmigrantes hispanoamericanos llegan a cientos de miles al año, mantienen lazos estrechos con sus países y siguen conversando en español a diario. Ese es el elemento que una parte del establishment percibe como verdadera amenaza. La reacción no pasa por legislar, sino por difamar, porque algo queda. Y el terreno abonado es enorme: en muchas zonas del país se puede vivir solo con español y el legado cultural hispano es notable. Hasta Alaska, Hawái —donde se sitúa presencia española desde
1555— y buena parte del oeste figuraron, según un participante, bajo soberanía hispánica antes que bajo cualquier otra.
El coste: la taquilla no perdona sermones
Mientras la compañía reparte lecciones, las cuentas no salen. Según un participante, la saga Star Wars no recauda lo que costó comprarla a su creador, y Pixar acumula fracasos, el último con un batacazo en taquilla mayor que el de otro de los grandes estrenos del año. La taquilla responde a lo que no se puede decretar desde un despacho, y ahí no hay comité que lo arregle.
Un detalle de color que conviene recuperar: el continente americano lleva el nombre de un italiano, Américo Vespucio, que vivió y murió en Sevilla y estuvo enterrado en una iglesia del centro hoy desaparecida. España lleva poniendo nombres al mundo desde antes de que Hollywood existiera.
Al final queda la pregunta incómoda: si el español es la lengua de los conquistadores, ¿también lo será del próximo gran estreno? Lo dirán los subtítulos. En latino, por supuesto.