Madrid cierra el Redbar tras 55 sanciones por abrir de noche
El Ayuntamiento de Madrid ha precintado el restaurante Redbar, situado en la calle San Leonardo, junto a Plaza de España, por abrir en horario nocturno. El establecimiento permanecerá cerrado un mes después de acumular 55 sanciones por incumplimiento de horarios, según ha podido saber GRAN MADRID. El empresario Felipe Alayeto, que desde hace cuatro años libra una cruzada contra la normativa que obliga a los restaurantes a cerrar seis horas por la noche, es el propietario del local. La paradoja es que la Comunidad de Madrid, mediante una orden de abril de 2022, sí permite a los ayuntamientos conceder ampliaciones de horario en casos específicos. Y mientras las discotecas pueden ofrecer restauración entre las 12.00 y las 5.30 de la madrugada, los restaurantes lo tienen prohibido.
¿Por qué se precinta un restaurante que da de comer de noche?
El Ayuntamiento de Madrid ejecutó el precinto tras contabilizar
55 sanciones por incumplimiento de horarios. El local, según la información disponible, ha dado de comer por la noche a cientos de personas durante ese periodo. La normativa municipal obliga a los restaurantes a cerrar durante seis horas nocturnas, un margen que el propietario considera incompatible con la demanda real de la ciudad. La orden de abril de 2022 de la Comunidad de Madrid abre la puerta a que los ayuntamientos concedan ampliaciones en casos específicos, pero el consistorio no la ha aplicado en este caso.
La contradicción normativa es el eje del asunto: una discoteca puede servir comida hasta las 5.30 de la madrugada, pero un restaurante no puede hacerlo. Esa asimetría es la que ha llevado a Alayeto a mantener abierto el local pese a las multas. El cierre cautelar de un mes es la respuesta municipal a una pulseada que dura ya cuatro años.
Quién come a las tres de la mañana en Madrid
La defensa del horario nocturno se apoya en un colectivo concreto: taxistas, personal de metro y Renfe, policías, bomberos, servicios de emergencias, vigilantes, servicios de limpieza y trabajadores de la noche en general. Hay quien recuerda que el bar El Pando, en Atocha, se llena de personal de tráfico, metro, Renfe y policías que tras su turno comen algo. También se menciona el histórico Bar Iberia, frecuentado por taxistas y gente que alargaba la noche. La pregunta que sobrevuela es quién da de comer a esa masa laboral cuando la ley obliga a bajar la persiana.
Frente a eso, otra corriente sostiene que el volumen de clientela nocturna es marginal y que el negocio no se sostiene solo con esos turnos. El propio empresario, según se argumenta, no abriría si no tuviera demanda. Los datos de sanciones —55— apuntan a una reincidencia deliberada más que a un error administrativo.
El negocio de la noche: discotecas sí, restaurantes no
La paradoja reglamentaria no es menor. Las discotecas pueden ofrecer servicios de restauración entre las 12.00 y las 5.30 de la madrugada. Los restaurantes, no. Esa distinción genera un agravio comparativo que el sector hostelero lleva años señalando. La Comunidad de Madrid aprobó en abril de 2022 una orden que faculta a los ayuntamientos para conceder ampliaciones de horario en casos específicos, pero su aplicación efectiva queda en manos municipales.
Hay quien ve en todo esto una cuestión de libertad de empresa: si un hostelero quiere abrir y tiene clientes, el marco legal debería permitirlo. Otros apuntan al ruido y al descanso vecinal como límite legítimo. El caso del Redbar, en una zona céntrica junto a Plaza de España, mezcla ambos planos. Los vecinos de la zona han denunciado en otras ocasiones el ruido de terrazas y locales, aunque no necesariamente el de este restaurante en concreto.
El pulso político: Ayuntamiento, Comunidad y normativa de horarios
El conflicto trasciende lo administrativo. El Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad pertenecen al mismo partido, pero la orden autonómica de 2022 habilitó ampliaciones que el consistorio no ha concedido en este caso. Esa falta de sintonía alimenta la tesis de que el problema no es la norma, sino su aplicación discrecional. La cruzada de Alayeto se ha convertido en un símbolo: un empresario que decide desobedecer hasta que lo precintan.
La pregunta de fondo es si Madrid quiere ser una ciudad con oferta gastronómica nocturna o una ciudad que cierra a las tantas. Otras capitales europeas mantienen restaurantes abiertos hasta la madrugada sin que ello implique un colapso normativo. Aquí, la discusión se atasca en la misma contradicción: se permite a las discotecas dar de comer y se prohíbe a los restaurantes hacerlo.
El precinto del Redbar deja un reguero de preguntas sin respuesta: cuántos locales están en la misma situación, cuántas sanciones más harían falta para cambiar la norma y si el Ayuntamiento aplicará alguna vez la orden autonómica de 2022. De momento, el restaurante permanece cerrado un mes y su propietario sigue sin bajar la persiana por voluntad propia.