Ucrania destituye a su defensora del Pueblo por relatos sin verificar
Un tuit atribuye al personal médico de un hospital el ingreso de un grupo de niñas procedentes de Mariupol con lesiones compatibles con un abuso sexual. La mayor tendría diez años. El relato llegó sin nombres, sin centro hospitalario y sin un solo documento: el amigo del marido de una amiga. En el mismo hilo se cita, además, un tuit según el cual la máxima autoridad de derechos humanos de Ucrania había sido cesada por difundir de forma reiterada historias de ese tipo que no habían sido verificadas. Las dos cosas conviven mal, y esa incomodidad es justo lo que conviene mirar de frente.
El relato: tres eslabones y ningún documento
El mensaje que abrió la polémica lo firma una periodista ucraniana. Dentro, la cita de una amiga, que a su vez repite lo que le contó el amigo de su marido, un médico de Zaporizhzhia. Ese médico hablaba del ingreso de un grupo de niñas procedentes de Mariupol. Nada más: ni parte médico, ni nombre del hospital, ni fecha, ni identificación de ninguno de los intervinientes. Hay tres intermediarios y el último es alguien a quien nadie puede localizar.
Hasta ahí, material
radiofónico de guerra, el que se produce en cualquier conflicto desde que existe la radio. El problema arranca cuando parte del público lo trató como
prueba cerrada y quien pedía el documento pasó a ser sospechoso de complicidad.
La carga de la prueba se invirtió en el mismo gesto con el que el relato se hizo viral, y ahí se perdió la posibilidad de comprobarlo.