El euskera pierde hablantes pese a la inmersión escolar total
¿Cómo es posible que el 94% de los alumnos vascos estudien exclusivamente en euskera y, sin embargo, la lengua siga perdiendo terreno? La paradoja se hace visible en Lekeitio, donde el ayuntamiento de EH Bildu ha tenido que lanzar una campaña urgente para que los mayores de 45 años vuelvan a usar el euskera. Los datos de una encuesta local revelaron que ese grupo apenas se relaciona en la lengua propia, lo que enciende todas las alarmas.
La paradoja de Lekeitio
En este municipio costero de Vizcaya, gobernado por EH Bildu, la realidad se impone al relato: la inmersión escolar no logra trasladarse a la vida adulta. La campaña municipal, que incluye eventos y comunicaciones solo en euskera, busca revertir una tendencia que muchos dan por imparable. Mientras, la cifra del 94% de escolarización en euskera choca con el uso social real, especialmente entre los mayores.
Imposición vs. utilidad
El debate sobre la viabilidad del euskera enfrenta dos corrientes. Por un lado, quienes sostienen que la imposición política genera rechazo y que una lengua solo sobrevive si es práctica. En este sentido, se compara con el catalán, que al no estar tan politizado en todos los ámbitos goza de mayor salud. Por otro, los que defienden el euskera como un tesoro cultural que debe protegerse, aunque sea a costa de cierta artificialidad. La realidad es que, fuera del aula, el uso decae y la inmigración introduce otras lenguas como el árabe, que ya compiten por el espacio público.
El fantasma de la desaparición
Hay quien mira a Irlanda como espejo. Allí, el gaélico se hablaba con fuerza mientras fue símbolo de resistencia contra el dominio británico. Una vez conseguida la independencia, su uso se desinfló hasta quedar reducido a un ámbito testimonial. En el País Vasco, el euskera podría correr la misma suerte si el nacionalismo deja de necesitarlo como seña de identidad. Mientras tanto, el dinero público sigue fluyendo hacia una maquinaria que, a juzgar por los datos, no consigue llenar las calles de euskera. Quizás el problema no sea la lengua, sino lo que se ha hecho con ella.
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