Maybach, del lujo clásico al sello del nuevo rico
El Maybach 62S de principios de los 2000 fue una locura de ingeniería: plazas traseras que convertían un viaje por autovía a 200 km/h en la sensación de ir a 80, según quienes se han sentado en ellas. Dos décadas después, la marca que competía con Rolls-Royce y Bentley se ha convertido, para muchos analistas, en un acabado de Mercedes que compran jeques y raperos con dinero rápido. La pregunta que recorre el sector es cuándo se torció todo.
Qué fue el Maybach original y por qué se recuerda con nostalgia
El Maybach 57 y 62S, lanzados hacia 2003, representaban otro mundo. Quien los ha probado describe un filtrado de baches que califican de brutal y unas plazas traseras que, sostienen, no tienen equivalente en ninguna berlina de superlujo actual. «Es como un jet privado del asfalto, algo único e irrepetible», resume un participante. La comparación con Rolls-Royce y Bentley era inevitable, y ahí los ingleses mantenían ventaja: como un traje de sastrería de Savile Row frente a uno del resto de Europa.
El problema no fue la calidad. Fue el mercado. La renacida Maybach apenas vendía 300 unidades frente a un objetivo de 1.000 anuales. El público adinerado se iba a Rolls-Royce o Bentley porque veía el Maybach como un Clase S alargado y glorificado, sin la distancia simbólica que exige ese nicho. Y encima lo compraban jeques árabes y raperos con pasta, lo que desprestigiaba la marca ante el cliente tradicional.
El giro: de marca independiente a acabado de Mercedes
La resurrección como acabado de Mercedes cambió el perfil de comprador. Hoy Maybach se asocia, según el consenso más repetido, a personalizaciones estrafalarias para clientes chinos y árabes adinerados, sin la clase que se presupone al segmento. El mismo fenómeno afecta a Rolls-Royce: hay quien sostiene que algunas personalizaciones horteras que solicita el nuevo rico dan asco verlas, y que la marca las consiente. Ferrari, en cambio, intenta no vender a cualquiera.
La tesis más incisiva del análisis no culpa a las marcas. «El problema no es que las marcas de lujo se desprestigien porque las compre el lumpen. El problema es que los ricos de ahora son lumpen», resume una intervención. Fútbolistas, narcos y televisivos con dinero rápido habrían sustituido al cliente refinado de hace dos décadas.
¿Quién compra hoy un coche de superlujo?
La respuesta corta: no siempre quien lo conduce. Una parte del análisis sostiene que el rico de verdad tiene una flota, algunos con chófer incluido, y también contrata servicios premium de taxi cuando le apetece. Otra corriente recuerda que muchos ni conducen: antiguamente tenían chófer y ahora contratan servicios de conductor para vip. El Maybach es, por diseño, un coche para ir detrás.
Ahí entra la anécdota que ilustra el riesgo del segmento. Un viaje de novios en 1996 por Ámsterdam acabó con un vehículo de ese tipo balanceándose como una barca y derrapando tras un frenazo en autopista bajo la lluvia. No acabaron en el hospital de chiripa. La comodidad extrema tiene su contrapartida dinámica.
La competencia china y el hueco que no cubre
El debate deriva hacia Asia. Hay quien defiende que un Omoda 5 ya iguala la calidad de un Maybach por el precio de un Dacia, y quien responde que eso vale para el segmento medio frente a Mercedes, BMW o Audi, pero no para el superlujo. La crítica más repetida es que las marcas chinas no han sacado todavía una gama de nivel Clase S o Bentley a precios asequibles. Ni Hongqi, según esta corriente, alcanza esa categoría. Si sacaran siquiera el nivel de los Lexus grandes a atacar el premium alemán, el sector se reiría.
El Lexus LS aparece como alternativa real: una opción muy destacable para quien juega en la liga del Clase S. La preferencia por el V8 de la generación anterior frente al V6 actual es otra muestra de que el aficionado premia lo que ya no se fabrica.
La marca que un día fue sinónimo de elegancia refinada hoy compite por el mismo cliente que Rolls-Royce, y pierde en prestigio. El Maybach 62S sigue siendo irrepetible. El problema es que el mercado que lo hizo posible ya no existe.