El mercado de la vivienda bajo siete llaves

  • Autor del tema Autor del tema Rosso
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(mensaje citado en revisión)
(mensaje citado en revisión)
Todo mentira, ya se demostró en 2008 que construir más que Francia, Alemania e Italia juntas no baja los precios, al contrario, se dispararon.

Y luego se tuvo que rescatar el ladrillo con dinero público para sostener a todos estos [...] que ahora te hablan de libre mercado con el rescate más comunista de la historia de este país.
 
El Banco de España ha cerrado una discusión y ha abierto otra mucho más incómoda[

La discusión cerrada es el diagnóstico. España no tiene un problema abstracto de vivienda, ni una fatalidad europea, ni una rareza psicológica de jóvenes que quieren vivir donde no toca.

Tiene una brecha concreta entre hogares que se crean y viviendas que se terminan. Y esa brecha no aparece por azar, aparece porque la demanda crece mucho más rápido que la capacidad del sistema para producir suelo urbano y vivienda allí donde hace falta.

Eso ya no es una tesis de foro, es el terreno al que ha llegado el consenso técnico.

Pero diagnosticar es la parte fácil, cualquiera señala el incendio. La pregunta difícil, y la más peligrosa, es qué se hace.

Porque en cuanto uno propone, deja de tener razón cómodamente y pasa a ser el que se equivoca; toda solución tiene un coste y, sobre todo, tiene un enemigo.

Así que antes de proponer nada hace falta un criterio, o perdemos el tiempo. Y el criterio es uno solo: una solución de verdad es la que toca la captura de la plusvalía del suelo.

No basta con decir "más oferta", hace falta preguntar qué clase de oferta, sobre qué suelo, bajo qué reglas y con qué reparto del valor creado.

Porque liberar suelo sin cambiar quién captura la plusvalía puede producir más vivienda, sí, pero también puede reproducir exactamente el mecanismo que nos trajo hasta aquí: cada decisión pública convertida en renta privada.

Lo demás -construir más rápido sin cambiar quién captura el suelo, topar precios, subvencionar la entrada o buscar culpables externos- puede aliviar algo, o incluso comprar tiempo, pero no toca la enfermedad. Y algunos calmantes, además, la agravan.

Y aquí conviene plantar una idea, porque sin ella todo lo que viene suena a lo que no es.

Llevo todo el hilo repitiendo que el valor del suelo no lo crea solo el dueño. El propietario del suelo puede haber comprado, conservado, financiado o asumido riesgo sobre un activo. Pero la gran revalorización urbana no la produce su esfuerzo, sino que nace de la firma del PGOU, del metro que pasa por la esquina, del hospital que se construye cerca, de la ciudad que crece alrededor.

El propietario del solar no produce ese valor urbano, se lo encuentra. Lo recoge como quien cobra una lotería que jugaron otros.

Eso tiene nombre, y no es marxismo. Lo dijeron los padres del libre mercado. Adam Smith ya separó la renta de la tierra del beneficio del trabajo y del capital. Ricardo construyó media economía sobre esa distinción. John Stuart Mill, liberal hasta la médula, propuso gravar el incremento no ganado del suelo. Y Henry George, que no era socialista sino un reformista de mercado, hizo de ello una bandera.

La distinción es limpia. El fruto de tu trabajo es tuyo, porque lo has producido. El rendimiento de tu capital es tuyo, porque lo has arriesgado. Pero el valor que gana tu solar porque el ayuntamiento lo recalifica, porque se invierte dinero público alrededor o porque la ciudad entera empuja hacia allí, no lo has creado tú: lo ha creado la comunidad. Y hoy, en gran parte, te lo quedas tú.

Dónde acaba lo que arriesgaste y empieza lo que te regaló la ciudad es la parte difícil, y a trazar esa dosis de poleo llegaremos. Pero que son dos cosas distintas lo entiende cualquier liberal que se tome en serio la diferencia entre beneficio y renta.

Por eso recuperar esa plusvalía para lo público no es tocar tu casa ni tu nómina. Es el único ingreso que no castiga producir, porque no grava ni el trabajo ni el capital productivo, sino una renta que no ha ganado nadie con su esfuerzo. Es lo más parecido a un impuesto liberal que existe.

Lo de verdad intervencionista es lo que hacemos ahora: que una firma pública multiplique el valor privado de una finca y que esa renta acabe en manos de quien estaba sentado encima del suelo el día antes de la recalificación.

Con ese criterio en la mano, lo siguiente no es proponer. Es desbrozar.

Las dos grandes recetas que se debaten -topar precios por la izquierda, soltar suelo por la derecha- comparten un punto ciego, discuten cuánto Estado o cuánto mercado, pero ninguna toca quién se queda el valor que crea la ciudad. Por caminos opuestos, las dos lo dejan intacto. Y lo siguente es enterrarlas antes de construir nada encima, explicando por qué fracasa cada una, con sus nombres y sus cifras.

Porque la pregunta nunca fue cuánto Estado o cuánto mercado, sino quién se queda la renta que produjo la ciudad y cobró un particular, el que compró el campo antes de que pasara el metro.

[Y eso, por mucho que se vista de libre mercado, no lo firma ni Adam Smith.
Es el mismo banco de España que negó la crisis del 2008? Como se nota que sois nuevos. Lol
 
Todo mentira, ya se demostró en 2008 que construir más que Francia, Alemania e Italia juntas no baja los precios, al contrario, se dispararon.

Y luego se tuvo que rescatar el ladrillo con dinero público para sostener a todos estos [...] que ahora te hablan de libre mercado con el rescate más comunista de la historia de este país.

Eso es exactamente lo que dice este hilo: construir como nunca no bajó los precios, los disparó. Esa es mi tesis, y si la hubieras leído antes de responder, te habrías ahorrado el "todo mentira".

Y como sacas el rescate, efectivamente se privatizaron los beneficios durante la burbuja y se socializaron las pérdidas después. La Sareb, el banco malo, dinero público a paladas para sostener el ladrillo, y luego esas carteras se vendieron a Blackstone y Cerberus a precio de saldo. El "libre mercado" del ladrillo español lleva décadas siendo lo que tú describes: ganancias privadas, quebrantos públicos.

Solo que eso no contradice nada de lo que escribo, es un capítulo del hilo, lo conté hace unos posts: el rescate fue el mecanismo que reactivó el ciclo, limpió los balances con tu dinero y se lo entregó a los fondos.

El que te habla de libre mercado mientras cobra rescates no soy yo. Son justo los candados que llevo medio hilo señalando.

Así que bienvenido.

Es el mismo banco de España que negó la crisis del 2008? Como se nota que sois nuevos. Lol

En 2008 el Banco de España vio la mayor burbuja de la historia formándose delante de sus narices y miró para otro lado. Se equivocó NEGANDO una burbuja. Minimizando, diciendo lo de aterrizaje suave, tranquilizando.

Ese es su sesgo histórico: pecar de optimista, no de alarmista.

Y ahora está haciendo lo contrario. No está negando nada, está admitiendo un déficit de 750.000 viviendas y señalando el suelo y la gestión urbanística como cuello de botella.

Cuando una institución con sesgo a minimizar te reconoce un problema, lo razonable no es descartarlo por su historial, es pensar que si hasta ellos lo dicen, el problema es como mínimo ese de grande, probablemente mayor.

Yo no uso el dato del BdE como verdad revelada, lo uso porque coincide con el INE, con el ISTAT, con el BIS y con lo que cualquiera ve en Idealista. Si el único que lo dijera fuera el Banco de España, te daría la razón en desconfiar, pero cuando cinco fuentes con sesgos distintos apuntan al mismo sitio, lo de "es que el BdE se equivocó en 2008" deja de ser un argumento y pasa a ser una manera de no mirar el dato.

El novato no es el que cita al BdE, es el que cree que descalificar la fuente le ahorra rebatir el dato.
 
Última edición:
Tú compras un piso hoy, y mañana se multiplica por 7000.

saludos.
 
(mensaje citado en revisión)

A ver si lo entiendo : como entran 500.000 habitantes al año y solo se construyen 127.000 viviendas, hay que liberar suelo y construir muchas más.

Porque esos 500.000 que entran es una fatalidad del destino, oye.
Es como los 300 billones de litros de agua de lluvia que caen cada año sobre España. Si caen, pues caen, qué se le va a hacer. La naturaleza tiene esas cosas.

Entonces, la persona que ha hecho este sesudo análisis sobre la vivienda, si resulta que en su casa tiene 1 gotera, pone un caldero.
Si le aparecen 10 goteras, pues pone 10 calderos.
Si le aparecen 1000 goteras pone calderos, potas, vasos, copas... y se quejará de que se le moja el suelo y se le echa a perder la vivienda porque los fabricantes de calderos no fabrican los suficientes.

Este va pa ministro, fijo.
 
A ver si lo entiendo : como entran 500.000 habitantes al año y solo se construyen 127.000 viviendas, hay que liberar suelo y construir muchas más.

Porque esos 500.000 que entran es una fatalidad del destino, oye.
Es como los 300 billones de litros de agua de lluvia que caen cada año sobre España. Si caen, pues caen, qué se le va a hacer. La naturaleza tiene esas cosas.

Entonces, la persona que ha hecho este sesudo análisis sobre la vivienda, si resulta que en su casa tiene 1 gotera, pone un caldero.
Si le aparecen 10 goteras, pues pone 10 calderos.
Si le aparecen 1000 goteras pone calderos, potas, vasos, copas... y se quejará de que se le moja el suelo y se le echa a perder la vivienda porque los fabricantes de calderos no fabrican los suficientes.

Este va pa ministro, fijo.

Buena metáfora, si la respuesta fuera solo poner más calderos, construir y construir sin preguntarse nada más, sería una huida hacia adelante. Tratar la demanda como lluvia inevitable y limitarse a absorberla es exactamente la receta de "soltar suelo y a construir" que critico más arriba.

Pero tu metáfora tiene trampa.

La lluvia no trabaja, no cotiza, no abre negocios, no cuida mayores, no sostiene hostelería, construcción, logística ni pensiones.

Las personas sí.

Hasta el Banco de España lleva tiempo diciendo que la población extranjera ha contribuido de forma significativa al crecimiento reciente, al empleo y al dinamismo demográfico. Así que comparar inmi gración con goteras no es una metáfora, es borrar media realidad.

Yo no digo que pongamos mil calderos, eso es el ofertismo simplista.

Tampoco digo que cerremos el cielo para que no llueva, eso es convertir el síntoma en culpable.

Lo que digo es que si cada año entran más hogares en la casa y el suelo se moja, hay que mirar al tejado.

Porque el problema no es que llegue gente, es que el tejado está roto y no dejan subir a arreglarlo. El permiso para reparar las tejas duerme quince años en un cajón, las tejas se dosifican, y hay alguien cobrando peaje por cada cubo que compras abajo.

Ese alguien no es el forastero, es el régimen del suelo con los candados descritos en este hilo: ayuntamientos que racionan, comunidades que tardan una eternidad en reclasificar, propietarios que retienen suelo esperando la plusvalía, promotores que dosifican y un Estado que recauda más cuanto más sube el precio.

El ministro es el que solo pone calderos. Y también el que cree que arregla la gotera cerrando la puerta al que entra a trabajar, cuando el agua no entra por la puerta, entra por el tejado que alguien no deja reparar.

Yo propongo otra cosa: subir al tejado, arreglar el régimen del suelo y quitarle la llave al que cobra por mantenerlo roto.
 
Buena metáfora, si la respuesta fuera solo poner más calderos, construir y construir sin preguntarse nada más, sería una huida hacia adelante. Tratar la demanda como lluvia inevitable y limitarse a absorberla es exactamente la receta de "soltar suelo y a construir" que critico más arriba.

Pero tu metáfora tiene trampa.

La lluvia no trabaja, no cotiza, no abre negocios, no cuida mayores, no sostiene hostelería, construcción, logística ni pensiones.

Las personas sí.

Hasta el Banco de España lleva tiempo diciendo que la población extranjera ha contribuido de forma significativa al crecimiento reciente, al empleo y al dinamismo demográfico. Así que comparar inmi gración con goteras no es una metáfora, es borrar media realidad.

Yo no digo que pongamos mil calderos, eso es el ofertismo simplista.

Tampoco digo que cerremos el cielo para que no llueva, eso es convertir el síntoma en culpable.

Lo que digo es que si cada año entran más hogares en la casa y el suelo se moja, hay que mirar al tejado.

Porque el problema no es que llegue gente, es que el tejado está roto y no dejan subir a arreglarlo. El permiso para reparar las tejas duerme quince años en un cajón, las tejas se dosifican, y hay alguien cobrando peaje por cada cubo que compras abajo.

Ese alguien no es el forastero, es el régimen del suelo con los candados descritos en este hilo: ayuntamientos que racionan, comunidades que tardan una eternidad en reclasificar, propietarios que retienen suelo esperando la plusvalía, promotores que dosifican y un Estado que recauda más cuanto más sube el precio.

El ministro es el que solo pone calderos. Y también el que cree que arregla la gotera cerrando la puerta al que entra a trabajar, cuando el agua no entra por la puerta, entra por el tejado que alguien no deja reparar.

Yo propongo otra cosa: subir al tejado, arreglar el régimen del suelo y quitarle la llave al que cobra por mantenerlo roto.

Cabría puntualizar : no todas las personas que "caen" como lluvia trabajan, ni cotizan
(adjunto visible para usuarios registrados)

Con lo cual, tienen el mismo efecto que la lluvia sobre nuestra casita.

Voy un poco más allá : los que cotizan (benditos sean), sostienen en efecto hosteleria, construcción, cuidado de personas mayores... y son necesarios porque "alguien tiene que hacer ese trabajo"
Pero es una falacia afirmar que "contribuyen al crecimiento reciente y al dinamismo demográfico".
Principalmente porque está demostrado que, en los sistemas sociales europeos :
- los 5 primeros deciles de la distribucion salarial (por dejajo del salario mediano), consumen más de lo que aportan al sistema : prestaciones sociales de todo tipo, desempleo, sanidad, educación, derechos a futura jubilación...
- los 3 siguientes deciles (entre 25K€ y 40K€, para entendernos) más o menos aportan tanto como recursos detraen, dependiendo de situaciones personales, etc
- los 2 últimos deciles (>40K€) son los que le pagan la fiesta al resto

Obviamente esto es independiente de nacionalidad. Pero teniendo en cuenta los sectores citados donde predomina la presencia de trabajadores extranjeros, te dejo imaginar en qué grupo salarial está la mayoría de ellos.

¿A dónde voy con esto? Que, un trabajador que entra en el sistema, si lo hace en el primer grupo, el resultado neto es negativo. Tienes crecimiento a nivel macro, en efecto, porque crea valor total. Pero a nivel micro tienes un empobrecimiento global. Ha aumentado el primer grupo. Mismos recursos a repartir entre más población => pauperización

En cuanto al "dinamismo demográfico", es otra falacia. El dinamismo demográfico no contribuye necesariamente a hacer próspera una sociedad.
Si así fuera, Nigeria y Mali serían potencias mundiales con un estado del bienestar apoteósico.
 

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Cabría puntualizar : no todas las personas que "caen" como lluvia trabajan, ni cotizan
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Con lo cual, tienen el mismo efecto que la lluvia sobre nuestra casita.

Voy un poco más allá : los que cotizan (benditos sean), sostienen en efecto hosteleria, construcción, cuidado de personas mayores... y son necesarios porque "alguien tiene que hacer ese trabajo"
Pero es una falacia afirmar que "contribuyen al crecimiento reciente y al dinamismo demográfico".
Principalmente porque está demostrado que, en los sistemas sociales europeos :
- los 5 primeros deciles de la distribucion salarial (por dejajo del salario mediano), consumen más de lo que aportan al sistema : prestaciones sociales de todo tipo, desempleo, sanidad, educación, derechos a futura jubilación...
- los 3 siguientes deciles (entre 25K€ y 40K€, para entendernos) más o menos aportan tanto como recursos detraen, dependiendo de situaciones personales, etc
- los 2 últimos deciles (>40K€) son los que le pagan la fiesta al resto

Obviamente esto es independiente de nacionalidad. Pero teniendo en cuenta los sectores citados donde predomina la presencia de trabajadores extranjeros, te dejo imaginar en qué grupo salarial está la mayoría de ellos.

¿A dónde voy con esto? Que, un trabajador que entra en el sistema, si lo hace en el primer grupo, el resultado neto es negativo. Tienes crecimiento a nivel macro, en efecto, porque crea valor total. Pero a nivel micro tienes un empobrecimiento global. Ha aumentado el primer grupo. Mismos recursos a repartir entre más población => pauperización

En cuanto al "dinamismo demográfico", es otra falacia. El dinamismo demográfico no contribuye necesariamente a hacer próspera una sociedad.
Si así fuera, Nigeria y Mali serían potencias mundiales con un estado del bienestar apoteósico.

La demanda no es solo de forasteros, el propio INE dice que los hogares crecen casi el doble que la población, solo porque el hogar medio se encoge (viudos, divorcios, jóvenes solos).

Aunque no entrara nadie, faltarían pisos igual. Y aunque entrara un millón, daría igual, porque la oferta se estrangula para sostener el precio: en 2006 se terminaron 650.000 viviendas y hoy 92.000, no porque no se pueda, sino porque construir lo que falta bajaría el precio que alguien quiere mantener alto.

Hay una forma sencilla de saber si un culpable es real o es señuelo. Quítalo, y mira si el precio se mueve.

Quita a los forasteros: la fragmentación de hogares sigue disparando la demanda, los viejos siguen quedándose solos, los matrimonios siguen rompiéndose. El precio no baja.

Quita a los viejos de sus pisos: el suelo sigue capturado, el promotor sigue dosificando, el solar sigue retenido. El precio no baja.

Quita al okupa: el almacén de vivienda ya estaba vacío antes de que existiera. El precio no baja.

Ahora quita al que captura la plusvalía del suelo.

Que el salto del rústico al urbanizable revierta a la comunidad.

Que retener un solar vacío cueste caro.

Que el planeamiento no se convierta en lotería privada.

Y entonces, por primera vez, el precio se mueve.

El único cuya retirada movería el precio es el único al que nadie nombra.

A una mayoría del país, que tiene su piso, le resulta más agradable creer que el problema es el forastero, el joven exigente o el okupa, que reconocer que el valor de su propia casa se infla por el mismo mecanismo que deja fuera a sus descendientes.

Ojo, el propietario de a pie no es el ladrón, él no captura la plusvalía del suelo, solo disfruta de que su piso valga más. Pero es el guardián involuntario del sistema, porque cada vez que vota protege ese valor, y protegerlo es mantener la máquina en marcha.

Por eso el señuelo funciona tan bien y dura tanto. No necesita una conspiración. Le basta con ofrecer a la mayoría un culpable cómodo, de cara conocida, que no obligue a nadie a mirar su propio patrimonio. Cuarenta años señalando al de al lado. Y el de arriba, cuarenta años cobrando sin que nadie lo siente en el banquillo.

La renta del suelo es el único ladrón de este país que nunca ha estado en una rueda de reconocimiento. Porque llevamos cuarenta años mirando la fila de al lado.
 
La primera solución no hay que inventarla, ya está en la Constitución

Quedamos en que la salida es lo contrario de soltar el suelo: retenerlo y capturar su plusvalía.

Suena radical. Pues bien, no lo es tanto, porque ya está escrito.

Empezamos por aquí.

Lo que dice la Constitución, y nadie recuerda

Artículo 47, último inciso: "La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos."

Es la Carta Magna, y ordena exactamente que el valor que crea el plan vuelva a quien lo crea, que es la comunidad.

Capturar la plusvalía del suelo no es bolivariano. Lo bolivariano es ordenarlo en la Constitución y luego cumplirlo a medias.

Cómo se cumple hoy: con migajas

Cuando un campo se recalifica y pasa de rústico a urbanizable, su valor no sube un 10% ni un 50%. Se multiplica por diez, por veinte, a veces más. Ese salto es la plusvalía urbanística.

¿Y cuánto recupera la comunidad? En la práctica, en torno al 10% del aprovechamiento, aunque la ley estatal permite una horquilla del 5% al 15%, y hasta el 20% en supuestos excepcionales y motivados.

No es una captura plena de la plusvalía, es una cesión parcial del aprovechamiento, además libre de cargas de urbanización.

Es decir, la comunidad recupera una parte pequeña del valor que ella misma genera, y deja la mayor parte del salto en manos privadas.

La participación que manda el artículo 47 de la Constitución se ha quedado en propina.

La propia ley de valoraciones obliga a tasar el suelo rústico por lo que renta como campo, prohibiendo expresamente meter en el precio las expectativas urbanísticas.

Es decir, la ley ya sabe y ya dice que el salto de valor no lo produce el dueño, lo produce el plan urbanístico.

Y va más lejos, porque hay un segundo principio en la misma dirección: la edificabilidad no nace del título de propiedad. Nace del planeamiento, y solo se patrimonializa cuando el propietario cumple sus deberes y cargas. No es suya por tener la finca; se la gana urbanizando, cediendo y costeando.

Dos principios legales con el mismo mensaje: el valor urbanístico no es del dueño hasta que lo gana. Y a renglón seguido, el sistema deja que se quede la mayor parte del salto mucho antes de ganárselo.

La contradicción está en el texto legal.

Cómo habría que hacerlo

No expropiar por sistema.

No nacionalizar.

Capturar el grueso del salto que crea la recalificación, no el mendrugo.

Y la clave está en el momento, la vía limpia no es esperar a que el plan haya convertido el campo en oro y entonces pelear por un trozo, sino actuar antes, mediante compra pública anticipada, reservas estratégicas de suelo, derechos de tanteo y retracto y, cuando proceda, expropiación con valoración sin expectativas urbanísticas.

Es lo que llevan décadas haciendo los holandeses con su política activa de suelo: el municipio se adelanta, controla qué se desarrolla y dónde, y el salto de valor financia a la ciudad en vez de a los patrimonios.

Y no hay que inventar figuras nuevas. España conoció durante siglos fórmulas de dominio dividido, como la enfiteusis.

No hace falta idealizarlas, basta recordar que separar el suelo, su uso y la edificación no es una fantasía moderna. De hecho, el derecho de superficie sigue vigente en nuestras leyes, permite ceder el derecho a construir durante décadas dejando el suelo en manos públicas, y está perecid de risa.

La pregunta no es por qué otros usan estas herramientas, sino por qué nosotros las enterramos.

Por si alguien lo cree una rareza ibérica, el compendio de la OCDE y el Lincoln Institute documenta la captura de plusvalía como herramienta en 60 países.

El experimento raro es el nuestro: regalar el salto.

A quién le va a doler (y a quién no)

Aquí está lo interesante, y por eso esta es la primera medida y no la última.

Esta medida no toca directamente al propietario que tiene su piso ya comprado, no le expropia, no le grava por vivir en él, no le obliga a vender.

Actúa sobre el salto futuro de suelo que aún no es ciudad. Por una vez, el dueño de a pie no está en el bando de los que pierden.

Los que pierden son otros, y conviene nombrarlos: el promotor que tiene suelo en cartera esperando que el plan lo convierta en oro, el fondo que compró para capitalizar esa revalorización, y la banca, que tiene ese suelo como garantía en su balance.

Esos sí van a pelear, y ya sabéis con qué frase: "así no se construye, se ahuyenta la inversión". Es decir: "así no capturo yo el salto".

Dónde está la trampa, que la hay

Que quede claro, no se trata de vender milagros.

Primero, hay que distinguir tres figuras que el debate confunde a propósito: el propietario que solo espera sentado, el urbanizador que invierte y arriesga, y el constructor que edifica.

El margen es para los dos últimos: quien urbaniza, financia, construye y asume riesgo tiene que cobrar por ello, y bien. El que no puede cobrar es el primero, porque la espera especulativa no es un eslabón productivo, es un peaje.

Capturar bien la plusvalía no frena la construcción, frena que el peaje siga cobrando.

Segundo, capturar mucho dinero de plusvalía y ponerlo en manos de un ayuntamiento sin control es crear un botín nuevo; sin transparencia, cambias un captador por otro.

Y tercero, el terreno es jurídicamente resbaladizo, el Constitucional ya ha entrado a discutir cómo se valora el suelo, y cualquier reforma seria tendrá pelea en los tribunales.

Nada de eso invalida el principio. Solo dice que la ejecución es fina, no un eslogan.

El artículo 47 no dice que la comunidad mendigue una propina cuando convierte el campo en ciudad. Dice que participará en las plusvalías que crea la acción urbanística pública.

La discusión real no es si capturar esa plusvalía es legítimo, la Constitución ya contestó hace casi medio siglo. Es cuánto capturamos, con qué instrumentos y con qué controles, para que el botín no cambie de manos, sino de destino.

En el próximo post, la herramienta que el suelo no puede esconder ni esquivar: por qué gravar el solar y no el ladrillo es el impuesto más liberal que existe, y por qué precisamente por eso no se aplica.
 
La demanda no es solo de forasteros, el propio INE dice que los hogares crecen casi el doble que la población, solo porque el hogar medio se encoge (viudos, divorcios, jóvenes solos).

Aunque no entrara nadie, faltarían pisos igual. Y aunque entrara un millón, daría igual, porque la oferta se estrangula para sostener el precio: en 2006 se terminaron 650.000 viviendas y hoy 92.000, no porque no se pueda, sino porque construir lo que falta bajaría el precio que alguien quiere mantener alto.

Hay una forma sencilla de saber si un culpable es real o es señuelo. Quítalo, y mira si el precio se mueve.

Quita a los forasteros: la fragmentación de hogares sigue disparando la demanda, los viejos siguen quedándose solos, los matrimonios siguen rompiéndose. El precio no baja.

Quita a los viejos de sus pisos: el suelo sigue capturado, el promotor sigue dosificando, el solar sigue retenido. El precio no baja.

Quita al okupa: el almacén de vivienda ya estaba vacío antes de que existiera. El precio no baja.

Ahora quita al que captura la plusvalía del suelo.

Que el salto del rústico al urbanizable revierta a la comunidad.

Que retener un solar vacío cueste caro.

Que el planeamiento no se convierta en lotería privada.

Y entonces, por primera vez, el precio se mueve.

El único cuya retirada movería el precio es el único al que nadie nombra.

A una mayoría del país, que tiene su piso, le resulta más agradable creer que el problema es el forastero, el joven exigente o el okupa, que reconocer que el valor de su propia casa se infla por el mismo mecanismo que deja fuera a sus descendientes.

Ojo, el propietario de a pie no es el ladrón, él no captura la plusvalía del suelo, solo disfruta de que su piso valga más. Pero es el guardián involuntario del sistema, porque cada vez que vota protege ese valor, y protegerlo es mantener la máquina en marcha.

Por eso el señuelo funciona tan bien y dura tanto. No necesita una conspiración. Le basta con ofrecer a la mayoría un culpable cómodo, de cara conocida, que no obligue a nadie a mirar su propio patrimonio. Cuarenta años señalando al de al lado. Y el de arriba, cuarenta años cobrando sin que nadie lo siente en el banquillo.

La renta del suelo es el único ladrón de este país que nunca ha estado en una rueda de reconocimiento. Porque llevamos cuarenta años mirando la fila de al lado.
Los divorcios van en caída libre, decrecen de forma rápida y no hay descendientes, que no te engañen.

El acaparamiento y la financiación son los problemas.

Da igual el suelo que se libere y lo que se construya, ya vimos como en el 2008 construyendo más que Italia Francia y Alemania juntas los precios se desbocaron.

Esto no va de que lo que construyas, sin regulación, dará igual, los mismos de siempre seguirán acaparando sin control y con descuentos que tú jamás podrás soñar porque compran edificios enteros teniendo más poder aún de manipulación de precios del que ya tienen.

Además, el terreno es limitado, el acaparamiento se debe prohibir al igual que pasa con el agua potable o la gasolina.

Franco lo sabía muy bien, por eso impuso la renta antigua franquista, para penalizar fiscalmente al acaparador y que no saliera rentable acaparar para intermediar y encarecer el arriendo
 
La demanda no es solo de forasteros, el propio INE dice que los hogares crecen casi el doble que la población, solo porque el hogar medio se encoge (viudos, divorcios, jóvenes solos).

Aunque no entrara nadie, faltarían pisos igual. Y aunque entrara un millón, daría igual, porque la oferta se estrangula para sostener el precio: en 2006 se terminaron 650.000 viviendas y hoy 92.000, no porque no se pueda, sino porque construir lo que falta bajaría el precio que alguien quiere mantener alto.

Hay una forma sencilla de saber si un culpable es real o es señuelo. Quítalo, y mira si el precio se mueve.

Quita a los forasteros: la fragmentación de hogares sigue disparando la demanda, los viejos siguen quedándose solos, los matrimonios siguen rompiéndose. El precio no baja.

Quita a los viejos de sus pisos: el suelo sigue capturado, el promotor sigue dosificando, el solar sigue retenido. El precio no baja.

Quita al okupa: el almacén de vivienda ya estaba vacío antes de que existiera. El precio no baja.

Ahora quita al que captura la plusvalía del suelo.

Que el salto del rústico al urbanizable revierta a la comunidad.

Que retener un solar vacío cueste caro.

Que el planeamiento no se convierta en lotería privada.

Y entonces, por primera vez, el precio se mueve.

El único cuya retirada movería el precio es el único al que nadie nombra.

A una mayoría del país, que tiene su piso, le resulta más agradable creer que el problema es el forastero, el joven exigente o el okupa, que reconocer que el valor de su propia casa se infla por el mismo mecanismo que deja fuera a sus descendientes.

Ojo, el propietario de a pie no es el ladrón, él no captura la plusvalía del suelo, solo disfruta de que su piso valga más. Pero es el guardián involuntario del sistema, porque cada vez que vota protege ese valor, y protegerlo es mantener la máquina en marcha.

Por eso el señuelo funciona tan bien y dura tanto. No necesita una conspiración. Le basta con ofrecer a la mayoría un culpable cómodo, de cara conocida, que no obligue a nadie a mirar su propio patrimonio. Cuarenta años señalando al de al lado. Y el de arriba, cuarenta años cobrando sin que nadie lo siente en el banquillo.

La renta del suelo es el único ladrón de este país que nunca ha estado en una rueda de reconocimiento. Porque llevamos cuarenta años mirando la fila de al lado.

Haciendo la cuenta de la vieja : desde 2016, el crecimiento vegetativo (nacimientos menos fallecimientos) es de unos -100.000.
Acumulados durante 10 años, deberíamos tener 1 millón de habitantes menos que en 2016, es decir : 45 millones.
Sin embargo, estamos al borde de los 50 millones.

Esos 5 millones de viviendas que quedan libres si saco a los forasteros de la ecuación, me da a mí que dan para compensar muchas muchas fragmentaciones de hogares.

Que la cosa tampoco es tan fácil, estoy de acuerdo en muchos de los puntos que enumeras.

Pero esta es una gotera muy fuerte, que sigue creciendo, y la única solución resulta que es poner más calderos.

Pues nada, oye... Puestos en esas, yo propondría construir kms y kms alrededor de las grandes ciudades en modo favela, que es muy sencillo, rápido y funciona de maravilla en sudamérica para que todo el mundo tenga techo.
Por falta de calderos, que no sea.
 
Haciendo la cuenta de la vieja : desde 2016, el crecimiento vegetativo (nacimientos menos fallecimientos) es de unos -100.000.
Acumulados durante 10 años, deberíamos tener 1 millón de habitantes menos que en 2016, es decir : 45 millones.
Sin embargo, estamos al borde de los 50 millones.

Esos 5 millones de viviendas que quedan libres si saco a los forasteros de la ecuación, me da a mí que dan para compensar muchas muchas fragmentaciones de hogares.

Que la cosa tampoco es tan fácil, estoy de acuerdo en muchos de los puntos que enumeras.

Pero esta es una gotera muy fuerte, que sigue creciendo, y la única solución resulta que es poner más calderos.

Pues nada, oye... Puestos en esas, yo propondría construir kms y kms alrededor de las grandes ciudades en modo favela, que es muy sencillo, rápido y funciona de maravilla en sudamérica para que todo el mundo tenga techo.
Por falta de calderos, que no sea.

El error es convertir personas en viviendas como si cada forastero ocupara una casa entera. No funciona así, la unidad de demanda residencial no es habitante, es hogar.

5 millones de personas a 2,5 por hogar son 2 millones, y menos aún en inmi gración, que vive más hacinada.

El INE proyecta entre 2024 y 2039 un 19,1% más de hogares y un 10,6% más de población. Los hogares crecen casi el doble que las personas. ¿Por qué?Porque el hogar medio se encoge: más mayores solos, más unipersonales, más separaciones, más monoparentales. Eso no viene en patera, viene del envejecimiento y de cómo vivimos los de dentro.

Claro que la inmi gración añade demanda, eso nadie lo niega. Lo que niego es que explique el mecanismo. Si mañana entrara menos gente, seguiríamos teniendo el mismo sistema de suelo retenido, licencias lentas, recalificaciones eternas, plusvalías privadas y oferta siempre por debajo de los hogares que se crean.

Y no hace falta imaginarlo, tú mismo dices que sin inmi gración seríamos 45 millones y bajando. Eso se llama Italia, y en Milán la vivienda está igual de disparada que en Madrid. Tu escenario ya existe aquí al lado, y no abarata nada.

Insisto, mi tesis es justo la contraria de lo de las favelas: no construir cualquier cosa en cualquier sitio, sino producir ciudad bien situada, con suelo público, captura de plusvalías y vivienda asequible. Favela es lo que sale cuando dejas crecer la demanda sin un Estado urbanizador serio. Le estás pegando al ofertismo que yo entierro.

Y un último número, quitas a los forasteros y crees que sobran casas. Pero ¿quién las construye? La obra se sostiene sobre mano de obra extranjera. Sácalos de la ecuación y no te sobran 2 millones de pisos, se te paran las grúas que tienen que levantar los que faltan, y se quedan sin cuidar los viejos que viven en ellos. El forastero no solo ocupa vivienda. En buena parte, la construye.

Así que sí, hay gotera demográfica. Pero la engaña está en vender que la solución es echar gente de la casa mientras el tejado sigue secuestrado por quien cobra la renta del suelo.
 
El error es convertir personas en viviendas como si cada forastero ocupara una casa entera. No funciona así, la unidad de demanda residencial no es habitante, es hogar.

5 millones de personas a 2,5 por hogar son 2 millones, y menos aún en inmi gración, que vive más hacinada.

El INE proyecta entre 2024 y 2039 un 19,1% más de hogares y un 10,6% más de población. Los hogares crecen casi el doble que las personas. ¿Por qué?Porque el hogar medio se encoge: más mayores solos, más unipersonales, más separaciones, más monoparentales. Eso no viene en patera, viene del envejecimiento y de cómo vivimos los de dentro.

Claro que la inmi gración añade demanda, eso nadie lo niega. Lo que niego es que explique el mecanismo. Si mañana entrara menos gente, seguiríamos teniendo el mismo sistema de suelo retenido, licencias lentas, recalificaciones eternas, plusvalías privadas y oferta siempre por debajo de los hogares que se crean.

Y no hace falta imaginarlo, tú mismo dices que sin inmi gración seríamos 45 millones y bajando. Eso se llama Italia, y en Milán la vivienda está igual de disparada que en Madrid. Tu escenario ya existe aquí al lado, y no abarata nada.

Insisto, mi tesis es justo la contraria de lo de las favelas: no construir cualquier cosa en cualquier sitio, sino producir ciudad bien situada, con suelo público, captura de plusvalías y vivienda asequible. Favela es lo que sale cuando dejas crecer la demanda sin un Estado urbanizador serio. Le estás pegando al ofertismo que yo entierro.

Y un último número, quitas a los forasteros y crees que sobran casas. Pero ¿quién las construye? La obra se sostiene sobre mano de obra extranjera. Sácalos de la ecuación y no te sobran 2 millones de pisos, se te paran las grúas que tienen que levantar los que faltan, y se quedan sin cuidar los viejos que viven en ellos. El forastero no solo ocupa vivienda. En buena parte, la construye.

Así que sí, hay gotera demográfica. Pero la engaña está en vender que la solución es echar gente de la casa mientras el tejado sigue secuestrado por quien cobra la renta del suelo.

En efecto, llegamos a una paradoja : sin los forasteros que no se podrían construir tantas casas... pero por otro lado, no sería necesario construir una para cada uno de ellos...

Y eso de que no se podrian construir tantas es algo discutible : con <100.000 viviendas/año estamos en mínimos históricos, se construían 3 veces más en los 80-90 sin forasteros. La razones que das sobre el control suelo pueden ser válidas aquí para explicarlo.

Pero al final, un escenario en el que la población baja al ritmo de -150.000 hab/año elimina demanda de vivienda, y por tanto, de suelo. Es evidente.
 
En efecto, llegamos a una paradoja : sin los forasteros que no se podrían construir tantas casas... pero por otro lado, no sería necesario construir una para cada uno de ellos...

Y eso de que no se podrian construir tantas es algo discutible : con <100.000 viviendas/año estamos en mínimos históricos, se construían 3 veces más en los 80-90 sin forasteros. La razones que das sobre el control suelo pueden ser válidas aquí para explicarlo.

Pero al final, un escenario en el que la población baja al ritmo de -150.000 hab/año elimina demanda de vivienda, y por tanto, de suelo. Es evidente.
No estamos en ningún mínimo histórico, si SAREB soltara todo el ladrillo tóxico rescatado con dinero público a la vez, tumbaba el precio. Pero no se hace para mantener SANO el balance de los bancos.

Esto no va de oferta demanda. Es un mercados rescatado, sostenido e intervenido con dinero público.

Y además, desde cuando un promotor quiere construir más para bajar el precio de lo que vende?

Hay que ser ingenuo para creer que es el estado el que no otorga licencias. Cuando las mayores bolsas de suelo edificable están en manos de fondos y bancos esperando subidas para salir al mercado.
 
En efecto, llegamos a una paradoja : sin los forasteros que no se podrían construir tantas casas... pero por otro lado, no sería necesario construir una para cada uno de ellos...

Y eso de que no se podrian construir tantas es algo discutible : con <100.000 viviendas/año estamos en mínimos históricos, se construían 3 veces más en los 80-90 sin forasteros. La razones que das sobre el control suelo pueden ser válidas aquí para explicarlo.

Pero al final, un escenario en el que la población baja al ritmo de -150.000 hab/año elimina demanda de vivienda, y por tanto, de suelo. Es evidente.

Mira dónde hemos llegado, y me alegro.

Dices que mis razones sobre el control del suelo pueden ser válidas para explicarlo, pues eso es justo el fundamento del hilo.

Y tu dato de los 80-90 creo que ya salió en algún post anterior: se construía bastante más con mucha menos inmi gración, luego la capacidad de construir nunca dependió de que llegara gente.

El freno es otro, y también ha sido ampliamente explicado: suelo, planeamiento, licencias, incentivos, retención y captura de plusvalías.

La paradoja que planteas también es buena, el forastero construye casas y a la vez necesita una. Cierto, no la discuto.

Así que solo queda tu última trinchera, la de “menos población elimina demanda, es evidente”. Y sí, es evidente. Tan evidente que no resuelve nada.

Claro que si el país se despuebla hay menos demanda de vivienda, también de alimentos y de colegios, de todo.

Despoblar reduce la demanda de todo, pero eso no es resolver el problema de la vivienda, es sustituirlo por uno mucho peor, el de ser un país que se vacía y envejece hasta morirse.

Y ese escenario, como ya he explicado antes, se llama Italia que lleva años con saldo vegetativo profundamente negativo.

¿Se ha arreglado allí la vivienda? En los pueblos que se mueren, sí, sobran casas que no quiere nadie. Pero en Milán, o en otras ciudades donde la gente sí quiere vivir, la vivienda sigue siendo carísima.

Despoblar abarata la vivienda donde ya no la quiere nadie, y la deja cara donde todos quieren ir. Porque el problema nunca fue solo cuánta gente hay en total, sino dónde quiere vivir la gente, cuánta vivienda se permite producir allí y quién captura el suelo en esas zonas.

Italia ya ha hecho el experimento, y ahora tiene lo peor de los dos mundos: decadencia demográfica y vivienda cara donde importa.

La solución de despoblar no es una solución. Es una enfermedad distinta que, además, deja la primera sin curar.
 
Cuando fallezcan los actuales propietarios, sus herederos venderán ladrillo vacío por poco dinero para evitar impuestos, ya que su situación económica no les permite mantener varias propiedades.
Vender? Quién va a comprar eso? En todo caso van a tener que donarselo y encima pagar ellos el IS.

Muy bien descendiente llevo en este foro desde hace bastante y hacía tiempo que no leía algo así
 
El error es convertir personas en viviendas como si cada forastero ocupara una casa entera. No funciona así, la unidad de demanda residencial no es habitante, es hogar.

5 millones de personas a 2,5 por hogar son 2 millones, y menos aún en inmi gración, que vive más hacinada.

El INE proyecta entre 2024 y 2039 un 19,1% más de hogares y un 10,6% más de población. Los hogares crecen casi el doble que las personas. ¿Por qué?Porque el hogar medio se encoge: más mayores solos, más unipersonales, más separaciones, más monoparentales. Eso no viene en patera, viene del envejecimiento y de cómo vivimos los de dentro.

Claro que la inmi gración añade demanda, eso nadie lo niega. Lo que niego es que explique el mecanismo. Si mañana entrara menos gente, seguiríamos teniendo el mismo sistema de suelo retenido, licencias lentas, recalificaciones eternas, plusvalías privadas y oferta siempre por debajo de los hogares que se crean.

Y no hace falta imaginarlo, tú mismo dices que sin inmi gración seríamos 45 millones y bajando. Eso se llama Italia, y en Milán la vivienda está igual de disparada que en Madrid. Tu escenario ya existe aquí al lado, y no abarata nada.

Insisto, mi tesis es justo la contraria de lo de las favelas: no construir cualquier cosa en cualquier sitio, sino producir ciudad bien situada, con suelo público, captura de plusvalías y vivienda asequible. Favela es lo que sale cuando dejas crecer la demanda sin un Estado urbanizador serio. Le estás pegando al ofertismo que yo entierro.

Y un último número, quitas a los forasteros y crees que sobran casas. Pero ¿quién las construye? La obra se sostiene sobre mano de obra extranjera. Sácalos de la ecuación y no te sobran 2 millones de pisos, se te paran las grúas que tienen que levantar los que faltan, y se quedan sin cuidar los viejos que viven en ellos. El forastero no solo ocupa vivienda. En buena parte, la construye.

Así que sí, hay gotera demográfica. Pero la engaña está en vender que la solución es echar gente de la casa mientras el tejado sigue secuestrado por quien cobra la renta del suelo.
No hay más que meterse en el Idealista de Italia, que por cierto, también recibe mucha inmi gración el norte de Italia, y ver que los precios son bastante bastante más bajos en promedio que en España.

La inmi gración masiva y en menor medida (porque son menos) los nómadas digitales y demás, son la causa principal de la burbuja inmobiliaria, y el que niegue eso, sea liberal o rojo, está equivocado.
 
(mensaje citado en revisión)
Elite política también es quien tiene todos los ahorros de su vida en uno o dos pisitos alquilados y siempre va a votar a quien le garantice precios altos para su inversión. Y de esos hay millones.
 
La vivienda en el franquismo: por qué fue posible entonces y por qué no lo es ahora

El tema es recurrente y hay un hilo reciente sobre la política de vivienda del franquismo, que está bien planteado porque recoge la voluntad deliberada de fabricar propietarios para comprar paz social, la construcción masiva por organismos públicos y sindicales, las letras largas, los precios regulados.

En lo esencial, todo eso es cierto.

Pero en todo el repaso falta la pieza sin la cual no se entiende nada: el suelo.

La pregunta que casi nunca se hace es cómo podía el Estado vender vivienda a precios muy inferiores al mercado libre.

No era solo por decreto ni por generosidad. Era porque uno de los componentes decisivos de la vivienda, el solar, estaba neutralizado con capacidad de obtener suelo barato mediante actuación pública, expropiaciones, polígonos planificados, precios administrados y una potestad estatal de imponer dónde y cómo se hacía ciudad, donde hoy hay que negociar con cada propietario expectante.

Y conviene decir de qué dependía buena parte de esa capacidad, porque es lo incómodo: el franquismo podía obtener suelo barato, deprisa y con pocas garantías efectivas para el expropiado.

Una parte de su control del suelo era, sencillamente, que el poder público podía atropellar al propietario con una facilidad que en democracia no se puede ni se debe replicar.

La vía legítima es más lenta y más garantista: patrimonios municipales de suelo, derecho de superficie, compra anticipada, captura reglada de la plusvalía. Más despacio, sí, pero capaz de neutralizar buena parte del precio del solar, si hay voluntad.

Porque sin esa pieza, las demás no cierran. Se pueden dar letras a diez años, regular precios y poner sellos oficiales, pero si se compra el suelo a precio de mercado actual, la vivienda barata muere antes de poner el primer ladrillo. El franquismo podía contener el precio porque controlaba el suelo sobre el que construía, y esa es la parte que suele desaparecer del relato.

Y por eso la pregunta importante no es qué hizo Franco, sino por qué no se puede repetir ahora en democracia.

La respuesta no es solo "falta voluntad" ni "ya no hay dictadura". Es que el suelo urbano y urbanizable se ha convertido en una máquina privada de capturar plusvalías. Hoy un ayuntamiento que quisiera levantar vivienda asequible a gran escala se encuentra con que el suelo ya incorpora en el precio toda la expectativa de negocio futuro. Y ahí se acaba la vivienda barata.

Aquello no funcionó por ser franquista. Funcionó, en la parte que funcionó, porque controlaba el suelo. La misma idea, sin dictadura, sin sindicato vertical y sin mano de obra sometida, es lo que hacen, cada uno a su manera, los modelos serios de suelo público, derecho de superficie, patrimonios municipales de suelo o política activa de suelo.

Quien añora aquella vivienda barata no añora necesariamente a Franco, añora un régimen de suelo. Lo que pasa es que muchas veces no lo sabe.

Y dos sombras, para no vender estampitas.

Buena parte de aquel parque fue periférico, barato, de baja calidad o, en los casos peores, directamente infravivienda comparado con estándares actuales. Se levantó con salarios bajos, poca libertad sindical y una función política evidente: integrar y controlar a la masa obrera.

Y la congelación de alquileres fue un tiro en el pie histórico, protegió a unos inquilinos, sí, pero secó el alquiler durante décadas, empujó al país a la propiedad y ayudó a crear la anomalía española de un mercado de alquiler raquítico.

En resumen, el franquismo no demuestra que necesitemos autoritarismo para tener vivienda barata. Demuestra algo mucho más incómodo y más útil: que sin controlar el suelo, no hay política de vivienda asequible que aguante.

El cuello de botella nunca fue solo construir. Fue, y sigue siendo, quién se queda el valor del solar.
 
El impuesto más liberal que existe, y por eso mismo el que nadie se atreve a poner

La solución anterior, capturar la plusvalía de la recalificación, no tocaba el piso al propietario. Esta sí, y por eso es la valiente, y seguramente la más criticada.

Vamos a ello de cara.

Gravar el solar, no el ladrillo

La idea es vieja y sencilla. Hoy el IBI grava el inmueble entero: suelo más construcción. Eso significa que si tú reformas, amplías o construyes, pagas más. Premiamos fiscalmente dejar un solar vacío y castigamos levantar algo encima, cuando debería ser justo al revés.

El impuesto sobre el valor del suelo le da la vuelta gravando el solar por lo que vale, edifiques o no. Si tienes un terreno en el centro de la ciudad criando malas hierbas, pagas como si valiera lo que vale, que es mucho. ¿La consecuencia? O lo construyes, o lo vendes a quien lo construya, porque tenerlo parado quemando dinero deja de salir gratis.

Retener suelo ocioso pasa de negocio a sangría.

Por qué es el impuesto más eficiente que existe

Y aquí viene lo que descoloca a mucha gente: esto no lo dicen cuatro bolcheviques, lo dice el corazón del pensamiento liberal.

Todos los impuestos tienen un problema: desincentivan lo que gravan. Grava el trabajo y se trabaja menos. Grava el beneficio y se invierte menos. Grava el consumo y se consume menos. Cada impuesto deja una cicatriz en la economía, frena algo que querríamos que pasara.

El del suelo, no. ¿Por qué? Porque el suelo no se puede fabricar ni esconder ni llevar a Andorra. La cantidad de suelo es fija. Lo grave como lo grave, sigue ahí, en la misma esquina, sin moverse. Es el único impuesto que no frena ninguna actividad productiva, porque no recae sobre nada que nadie haya producido. Es el impuesto sin cicatriz.

Quien lo dijo no fue Marx. Lo dijo Adam Smith y lo desarrolló Ricardo. Y ya en el siglo XX, Milton Friedman, el santo patrón del liberalismo económico, lo llamó "el impuesto menos malo que existe". Dos premios Nobel más, Stiglitz y Vickrey, lo respaldaron. Hay pocas cosas en economía donde se pongan de acuerdo Friedman y un Nobel de izquierdas. Esta es una.

Seamos honestos, porque en este foro hay quien dirá, con razón, que no todo el liberalismo comulga con esto, y es verdad. Murray Rothbard, el más radical de los austriacos, lo atacó a fondo, y sus argumentos merecen respuesta, no desprecio.

Rothbard dijo tres cosas.
Una: que separar el valor del suelo del valor de lo construido encima es imposible en la práctica, un acto arbitrario del tasador.

Dos: que un impuesto del 100% sobre la renta del suelo lo llevaría a valer cero y reventaría el mercado que asigna cada solar a su mejor uso.

Tres: que es nacionalización con otro nombre.

Respondiendo a lo primero, hoy el catastro español ya separa, en cada recibo del IBI, el valor del suelo y el de la construcción. No es una entelequia, está en tu recibo. Los sistemas de valoración masiva lo hacen de forma rutinaria en Estonia, en Australia, donde las impugnaciones a la valoración son menos del 1%.

A lo segundo, tiene razón, un impuesto del 100% sería un disparate, pero nadie serio propone eso; los países que lo aplican gravan una fracción, y el caos no aparece.

A lo tercero, cobrar un impuesto sobre un activo que sigue siendo tuyo, que puedes vender, alquilar y heredar, no es nacionalizarlo. Si cobrar IBI fuera nacionalizar, llevaríamos nacionalizados desde 1988.

Rothbard tenía razón en los extremos. No en el principio.

Que funciona no es teoría, ya se hace

Estonia lo aplica a nivel nacional desde 1993, en estado casi puro: grava el suelo y deja libre lo construido. Funciona, recauda y allí nadie lo discute.

Dinamarca lo lleva en su ADN fiscal desde hace un siglo. Varias ciudades de

En Pensilvania gravan el suelo más que el edificio, y donde lo han hecho en serio, como Harrisburg, los solares vacíos se desplomaron, pasando de más de 4.000 edificios vacíos a menos de 500.

Canberra, la capital de Australia, lleva desde 2012 en una transición de veinte años para sustituir el impuesto de transmisiones por este.

No es un experimento de laboratorio, es una herramienta probada que unos cuantos países usan y a la que España, que tiene los datos catastrales listos para aplicarla, no se acerca.

Y ahora la objeción de verdad: la viuda

Aquí está el problema serio, el que de verdad hunde políticamente a este impuesto, y no voy a esquivarlo.

La señora que compró su piso hace cuarenta años en un barrio que entonces era obrero y hoy es oro.

Ella no ha hecho nada. No especuló, no jugó. Vivió en su casa. Y resulta que el suelo bajo su piso ahora vale una fortuna, mientras ella cobra una pensión de mil euros.

Un impuesto sobre ese suelo la echaría de su casa por no poder pagarlo. Eso es injusto, y quien lo niegue es un fanático.

Pero tiene solución, y está probada.

El impuesto no hace falta cobrarlo cada año a quien no puede. Se aplaza, se acumula como una deuda sobre la vivienda y se salda cuando la casa se vende o se hereda.

La señora vive y muere en su casa sin pagar un euro en vida; el impuesto se cobra el día que el inmueble cambia de manos.

Dinamarca hace exactamente eso, permite congelar y aplazar el pago. La viuda no paga, pagan sus herederos, con la casa revalorizada en la mano, que no es precisamente una crueldad.

Cada excepción de estas reintroduce un poco de la complejidad que el impuesto prometía eliminar, no sale gratis, pero el problema de la viuda es un problema de diseño, no una razón para no hacerlo. Tiene quien lo resuelva.

A quién le duele de verdad

Y aquí está la diferencia con la solución anterior, la que explica por qué esta no se aprueba ni se aprobará fácilmente.

La captura de la plusvalía no tocaba al propietario de a pie. Esta sí lo roza, aunque sea de refilón, y por eso despierta al gigante dormido: la mayoría propietaria que vota.

No le duele al especulador solo; le toca la fibra al dueño de su piso, que oye "impuesto sobre el suelo de mi casa" y se echa a temblar aunque a él, con su vivienda habitual y el aplazamiento, apenas le afecte.

Al que de verdad le duele es al que tiene suelo parado esperando a que suba, el que retiene el solar, el que mantiene la bolsa de terreno fuera del mercado para que escasee.

A ese, el impuesto le quema la estrategia entera, porque su negocio era precisamente esperar sin coste.

Pero ese, como vimos en el post anterior, no tiene rostro visible. La que tiene rostro es la viuda. Y por eso, cada vez que alguien propone este impuesto, lo primero que sacan en la tele es a la viuda, no al tenedor de suelo. El rostro visible, otra vez, tapando al invisible.

El impuesto perfecto sobre el papel choca con la única aritmética que de verdad manda: la del votante.

Es el impuesto más liberal, más eficiente y más justo que existe. Y lleva un siglo sobre la mesa sin que nadie en este país se atreva a tocarlo, porque tendría que mirar a los ojos a quien le dio su voto.

No falla la teoría. Falla el coraje.

En el próximo post veremos la solución que no grava a nadie y que solo construye: retener el suelo para siempre, como Viena, como Holanda, como Singapur. La más fácil de querer. Y, casualidad, la que más interesa enterrar a quien vive del ladrillo.
 
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El impuesto más liberal que existe, y por eso mismo el que nadie se atreve a poner

La solución anterior, capturar la plusvalía de la recalificación, no tocaba el piso al propietario. Esta sí, y por eso es la valiente, y seguramente la más criticada.

Vamos a ello de cara.

Gravar el solar, no el ladrillo

La idea es vieja y sencilla. Hoy el IBI grava el inmueble entero: suelo más construcción. Eso significa que si tú reformas, amplías o construyes, pagas más. Premiamos fiscalmente dejar un solar vacío y castigamos levantar algo encima, cuando debería ser justo al revés.

El impuesto sobre el valor del suelo le da la vuelta gravando el solar por lo que vale, edifiques o no. Si tienes un terreno en el centro de la ciudad criando malas hierbas, pagas como si valiera lo que vale, que es mucho. ¿La consecuencia? O lo construyes, o lo vendes a quien lo construya, porque tenerlo parado quemando dinero deja de salir gratis.

Retener suelo ocioso pasa de negocio a sangría.

Por qué es el impuesto más eficiente que existe

Y aquí viene lo que descoloca a mucha gente: esto no lo dicen cuatro bolcheviques, lo dice el corazón del pensamiento liberal.

Todos los impuestos tienen un problema: desincentivan lo que gravan. Grava el trabajo y se trabaja menos. Grava el beneficio y se invierte menos. Grava el consumo y se consume menos. Cada impuesto deja una cicatriz en la economía, frena algo que querríamos que pasara.

El del suelo, no. ¿Por qué? Porque el suelo no se puede fabricar ni esconder ni llevar a Andorra. La cantidad de suelo es fija. Lo grave como lo grave, sigue ahí, en la misma esquina, sin moverse. Es el único impuesto que no frena ninguna actividad productiva, porque no recae sobre nada que nadie haya producido. Es el impuesto sin cicatriz.

Quien lo dijo no fue Marx. Lo dijo Adam Smith y lo desarrolló Ricardo. Y ya en el siglo XX, Milton Friedman, el santo patrón del liberalismo económico, lo llamó "el impuesto menos malo que existe". Dos premios Nobel más, Stiglitz y Vickrey, lo respaldaron. Hay pocas cosas en economía donde se pongan de acuerdo Friedman y un Nobel de izquierdas. Esta es una.

Seamos honestos, porque en este foro hay quien dirá, con razón, que no todo el liberalismo comulga con esto, y es verdad. Murray Rothbard, el más radical de los austriacos, lo atacó a fondo, y sus argumentos merecen respuesta, no desprecio.

Rothbard dijo tres cosas.
Una: que separar el valor del suelo del valor de lo construido encima es imposible en la práctica, un acto arbitrario del tasador.

Dos: que un impuesto del 100% sobre la renta del suelo lo llevaría a valer cero y reventaría el mercado que asigna cada solar a su mejor uso.

Tres: que es nacionalización con otro nombre.

Respondiendo a lo primero, hoy el catastro español ya separa, en cada recibo del IBI, el valor del suelo y el de la construcción. No es una entelequia, está en tu recibo. Los sistemas de valoración masiva lo hacen de forma rutinaria en Estonia, en Australia, donde las impugnaciones a la valoración son menos del 1%.

A lo segundo, tiene razón, un impuesto del 100% sería un disparate, pero nadie serio propone eso; los países que lo aplican gravan una fracción, y el caos no aparece.

A lo tercero, cobrar un impuesto sobre un activo que sigue siendo tuyo, que puedes vender, alquilar y heredar, no es nacionalizarlo. Si cobrar IBI fuera nacionalizar, llevaríamos nacionalizados desde 1988.

Rothbard tenía razón en los extremos. No en el principio.

Que funciona no es teoría, ya se hace

Estonia lo aplica a nivel nacional desde 1993, en estado casi puro: grava el suelo y deja libre lo construido. Funciona, recauda y allí nadie lo discute.

Dinamarca lo lleva en su ADN fiscal desde hace un siglo. Varias ciudades de

En Pensilvania gravan el suelo más que el edificio, y donde lo han hecho en serio, como Harrisburg, los solares vacíos se desplomaron, pasando de más de 4.000 edificios vacíos a menos de 500.

Canberra, la capital de Australia, lleva desde 2012 en una transición de veinte años para sustituir el impuesto de transmisiones por este.

No es un experimento de laboratorio, es una herramienta probada que unos cuantos países usan y a la que España, que tiene los datos catastrales listos para aplicarla, no se acerca.

Y ahora la objeción de verdad: la viuda

Aquí está el problema serio, el que de verdad hunde políticamente a este impuesto, y no voy a esquivarlo.

La señora que compró su piso hace cuarenta años en un barrio que entonces era obrero y hoy es oro.

Ella no ha hecho nada. No especuló, no jugó. Vivió en su casa. Y resulta que el suelo bajo su piso ahora vale una fortuna, mientras ella cobra una pensión de mil euros.

Un impuesto sobre ese suelo la echaría de su casa por no poder pagarlo. Eso es injusto, y quien lo niegue es un fanático.

Pero tiene solución, y está probada.

El impuesto no hace falta cobrarlo cada año a quien no puede. Se aplaza, se acumula como una deuda sobre la vivienda y se salda cuando la casa se vende o se hereda.

La señora vive y muere en su casa sin pagar un euro en vida; el impuesto se cobra el día que el inmueble cambia de manos.

Dinamarca hace exactamente eso, permite congelar y aplazar el pago. La viuda no paga, pagan sus herederos, con la casa revalorizada en la mano, que no es precisamente una crueldad.

Cada excepción de estas reintroduce un poco de la complejidad que el impuesto prometía eliminar, no sale gratis, pero el problema de la viuda es un problema de diseño, no una razón para no hacerlo. Tiene quien lo resuelva.

A quién le duele de verdad

Y aquí está la diferencia con la solución anterior, la que explica por qué esta no se aprueba ni se aprobará fácilmente.

La captura de la plusvalía no tocaba al propietario de a pie. Esta sí lo roza, aunque sea de refilón, y por eso despierta al gigante dormido: la mayoría propietaria que vota.

No le duele al especulador solo; le toca la fibra al dueño de su piso, que oye "impuesto sobre el suelo de mi casa" y se echa a temblar aunque a él, con su vivienda habitual y el aplazamiento, apenas le afecte.

Al que de verdad le duele es al que tiene suelo parado esperando a que suba, el que retiene el solar, el que mantiene la bolsa de terreno fuera del mercado para que escasee.

A ese, el impuesto le quema la estrategia entera, porque su negocio era precisamente esperar sin coste.

Pero ese, como vimos en el post anterior, no tiene rostro visible. La que tiene rostro es la viuda. Y por eso, cada vez que alguien propone este impuesto, lo primero que sacan en la tele es a la viuda, no al tenedor de suelo. El rostro visible, otra vez, tapando al invisible.

El impuesto perfecto sobre el papel choca con la única aritmética que de verdad manda: la del votante.

Es el impuesto más liberal, más eficiente y más justo que existe. Y lleva un siglo sobre la mesa sin que nadie en este país se atreva a tocarlo, porque tendría que mirar a los ojos a quien le dio su voto.

No falla la teoría. Falla el coraje.

En el próximo post veremos la solución que no grava a nadie y que solo construye: retener el suelo para siempre, como Viena, como Holanda, como Singapur. La más fácil de querer. Y, casualidad, la que más interesa enterrar a quien vive del ladrillo.
El liberalismo no funciona. Ya lo hemos visto. Ademas ya no estamos en una época industrial. El liberalismo está obsoleto por lo menos desde hace un siglo.
 
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El liberalismo no funciona. Ya lo hemos visto. Ademas ya no estamos en una época industrial. El liberalismo está obsoleto por lo menos desde hace un siglo.

No te discuto el liberalismo en abstracto, entre otras cosas porque el post no va de eso.

El impuesto del que hablo lo defienden Friedman y dos premios Nobel de izquierdas a la vez. Si hay algo que no es liberalismo puro, es precisamente una medida en la que se ponen de acuerdo la derecha y la izquierda económica.

Así que la pregunta sigue en pie, y es la única que importa aquí: ¿gravar el solar ocioso en vez del trabajo te parece buena idea o mala?

Lo de las etiquetas mejor lo dejamos para otro hilo.
 
No te discuto el liberalismo en abstracto, entre otras cosas porque el post no va de eso.

El impuesto del que hablo lo defienden Friedman y dos premios Nobel de izquierdas a la vez. Si hay algo que no es liberalismo puro, es precisamente una medida en la que se ponen de acuerdo la derecha y la izquierda económica.

Así que la pregunta sigue en pie, y es la única que importa aquí: ¿gravar el solar ocioso en vez del trabajo te parece buena idea o mala?

Lo de las etiquetas mejor lo dejamos para otro hilo.
No te discuto el liberalismo en abstracto, entre otras cosas porque el post no va de eso.

El impuesto del que hablo lo defienden Friedman y dos premios Nobel de izquierdas a la vez. Si hay algo que no es liberalismo puro, es precisamente una medida en la que se ponen de acuerdo la derecha y la izquierda económica.

Así que la pregunta sigue en pie, y es la única que importa aquí: ¿gravar el solar ocioso en vez del trabajo te parece buena idea o mala?

Lo de las etiquetas mejor lo dejamos para otro hilo.
Esto no va de izquierdas derechas, ese enfrentamiento absurdo es para personas con baja capacidad crítica.

El unico problema que hay es el acaparamiento sin control y usar la vivienda como activo financiero rescatado con dinero público.

Mientras no se prohíba el acaparamiento dará igual, debe pasar como con la gasolina o el agua potable. El terreno es finito. Y da igual lo que construyas porque los mismos de siempre seguirán acaparando sin control y con descuentos que tú jamás te podrás permitir porque compran edificios enteros.
Teniendo más poder de manipulación de precios del que ya tienen.
En 2026 y pensando en izquierdas derechas cuando quien siempre ha mandado es el capital y las personas que creen que cualquier mantra ideológico les va a salvar cuando es la cortina de humo de que el sistema es corrupto.

No hay nada más inhumano que el liberalismo económico.
 
Esto no va de izquierdas derechas, ese enfrentamiento absurdo es para personas con baja capacidad crítica.

El unico problema que hay es el acaparamiento sin control y usar la vivienda como activo financiero rescatado con dinero público.

Mientras no se prohíba el acaparamiento dará igual, debe pasar como con la gasolina o el agua potable. El terreno es finito. Y da igual lo que construyas porque los mismos de siempre seguirán acaparando sin control y con descuentos que tú jamás te podrás permitir porque compran edificios enteros.
Teniendo más poder de manipulación de precios del que ya tienen.
En 2026 y pensando en izquierdas derechas cuando quien siempre ha mandado es el capital y las personas que creen que cualquier mantra ideológico les va a salvar cuando es la cortina de humo de que el sistema es corrupto.

No hay nada más inhumano que el liberalismo económico.

Léete el hilo entero, porque estás discutiendo conmigo y diciendo exactamente lo que digo yo.

"El terreno es finito." Sí, es la premisa del impuesto que propongo.

"La vivienda como activo financiero rescatado con dinero público." Lo conté hace unos posts, con la Sareb y los fondos por su nombre.

"Da igual lo que construyas, los mismos seguirán acaparando." Eso está escrito también.

"Que pase como con el agua o la gasolina, que no salga rentable acapararlo." Es, palabra por palabra, lo que hace un impuesto sobre el suelo: que tener un solar parado esperando la plusvalía queme dinero cada día en vez de salir gratis.

Coincidimos en todo lo que importa y discrepamos en una cosa, y es de método, no de fondo.

Tú quieres prohibir el acaparamiento. Yo quiero hacerlo ruinoso.

¿Por qué prefiero gravar a prohibir? Porque prohibir por decreto seca el mercado, como hizo la renta antigua franquista, que congeló rentas y dejó el alquiler tiritando cuarenta años. Gravar la tenencia ociosa no seca nada, simplemente al que retiene suelo para que escasee le empieza a costar dinero retenerlo, le quitas el oxígeno sin cerrar el grifo.

Al acaparador le duele más tener que pagar cada día que una prohibición que sus abogados esquivarán en una semana.
 

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