Barcelona presume de su plan de ‘gayificación’ geriátrica positiva
Barcelona ha anunciado que su programa de ‘gayificación geriátrica positiva’ —una medida para acercar la perspectiva LGTBI a las residencias y centros de mayores— se ha saldado con un éxito. El anuncio arranca con una declaración de intenciones: no quedarse en la pedagogía LGTBI en los colegios, sino llegar también a la población mayor.
Las reacciones han sido de todo menos tibias. Hay quien ve en el plan un capricho ideológico y quien subraya que se trata de una necesidad real de un colectivo que ha vivido décadas en silencio. El envejecimiento visible de las personas LGTBI, con sus salidas del armario tardías, es un fenómeno cada vez más presente en los debates sobre cuidados.
Un plan para que los mayores dejen de mentir
El programa no obliga a nadie, pero ha despertado suspicacias. La crítica más repetida es que el esfuerzo público debería dirigirse a otros frentes. La respuesta más sencilla es otra pregunta: ¿qué precio tiene que una persona de 80 años tenga que presentar a su pareja como un sobrino? El ayuntamiento da el plan por bueno y presume de balance. La chanza, sin embargo, sigue ganando terreno en la conversación pública.
Lo curioso es que el plan, en el fondo, pide muy poco: que un hombre mayor, tras toda una vida de mentiras, pueda por fin envejecer sin esconderse. Que eso se considere un éxito o una amenaza dice más de quien opina que del propio plan.