Málaga crece un 41% en empleo y Toledo desafía a la industria vasca
El motor del empleo español ha cambiado de sitio: ya no está en el Cantábrico. El nuevo
ranking del empleo por provincias de la última década se ha girado hacia el Mediterráneo y hacia Madrid, que sigue acaparando el crecimiento del país. La provincia que más ha subido es Málaga, con un
41% más de afiliación a la Seguridad Social entre 2013 y 2023, tomando la media de los once primeros meses de cada año. Por detrás, Baleares, Alicante, Tenerife y Valencia, todas con el turismo como denominador común. El matiz que rompe el relato fácil llega por el otro extremo: el interior noroeste no ha perdido viajeros. Nunca tuvo muchos.
¿Qué provincias han ganado más empleo desde 2013?
El turismo no tira solo de la hostelería. Arrastra comercio, ocio, transporte y toda la actividad auxiliar que rodea al visitante. Eso explica que el Mediterráneo haya vivido un boom de ocupación y que buena parte de esos destinos se encuentre
al límite: Baleares, la Comunidad Valenciana y Cataluña acumulan localidades con niveles de ocupación que empiezan a generar malestar vecinal. Hay quien sostiene que el crecimiento futuro de estos destinos está en duda. El problema es el de siempre: la demanda puede llegar y la vivienda, no.
El negocio de los grandes eventos sigue la misma lógica de concentración. Frente a quienes defienden un circuito urbano en Madrid, otro participante sostuvo que la F1 busca públicos con conexiones intercontinentales y hoteles de lujo, no mesones de carretera. Frente a eso, el dato de que el circuito de MotorLand, en Alcañiz (Teruel),
superó los 100.000 asistentes en cada una de las cinco ediciones celebradas entre 2014 y 2018. ¿Quién va hasta allí un domingo de carrera? Más gente de la que sugiere el prejuicio.
Ourense, la única provincia que pierde empleo en hostelería
En el otro extremo está el interior noroeste.
Ourense es la única provincia española con menos trabajadores en la hostelería que hace una década, con una caída cercana al 1%. Le acompañan, con datos pobres, Palencia, Zamora, León y Lugo. Lugo, Zamora y Ourense son las tres únicas provincias cuyo crecimiento del empleo no llega al 10% en diez años. El diagnóstico es conocido y no tiene nada que ver con el turismo: interior, lejos de las rutas comerciales hacia Europa, vaciadas y envejecidas en medio siglo. Recibir un exceso de viajeros genera problemas; recibir muy pocos, otros peores.
Por qué el empleo industrial crece en Toledo casi cuatro veces más que en Euskadi
Madrid ha crecido tanto que su economía excede sus propias fronteras y se extiende a Toledo y Guadalajara. En Toledo,
el empleo industrial ha aumentado casi cuatro veces más que en todo Euskadi, un vuelco que resume mejor que ningún otro dato el cambio de mapa. La letra pequeña la firma un participante que cuenta que compró un piso en las inmediaciones de Toledo en 2017 por 14.500 euros y que un vecino ha vendido otro igual por 110.000. Detrás de esa revalorización sitúa el centro logístico de Inditex, el personal sanitario de un hospital nuevo que atiende también a Ciudad Real y Talavera y el tirón de un parque temático. El dato grueso del sector es otro:
uno de cada cuatro empleos industriales creados es agroalimentario, con un crecimiento del 28%, y se localiza junto a las zonas de producción —la huerta levantina, los valles del Ebro y el Guadalquivir y la meseta sur—. De ahí que Valencia y Murcia ganen peso industrial y que Barcelona registre la mayor caída. El reparto completo, provincia a provincia, deja un mapa industrial que ya no se parece al de hace una década.
El ranking no cambia arriba, pero las distancias sí
Los seis primeros puestos siguen siendo los mismos: Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Alicante y Málaga. Lo que ha cambiado es la separación entre ellos.
Madrid ha pasado de tener 486.000 afiliados más que Barcelona a más de 767.000, un 58% más de ventaja. Alicante está ya cerca de superar a Sevilla como cuarta provincia con más empleo, y Málaga aprieta: la distancia con Sevilla se ha recortado de 146.000 afiliados a 102.000. El primer cambio de posiciones lo protagoniza Baleares, que ha adelantado a Vizcaya tras crear casi el triple de empleo. Las tres provincias vascas pierden peso en el empleo nacional, y Euskadi ha bajado del 9,5% al 8% del empleo industrial español: la metalurgia ha perdido algo más del 3% de sus trabajadores, la textil más del 5% y el automóvil apenas crece un 7% en diez años.
¿Es Madrid la que expolia al resto de España?
El pulso está servido y no es nuevo. Una corriente del análisis sostiene que Madrid vive del Estado por definición: capitalidad, sede fiscal de empresas que operan en todo el país y un PIB que absorbe lo que no produce. La comparación que se cita en ese lado es la de otras capitales europeas que concentran la riqueza de países enteros. La réplica de otros participantes es que Madrid tiene los impuestos más bajos y es la que más aporta al resto; que las empresas eligen sede donde les conviene, y que las comunidades que reclaman fiscalidad propia y confederación son las mismas que acumulan deuda con el FLA, cupo particular o régimen fiscal especial. De fondo, el dato que se apuntó en el debate: el PIB per cápita se concentra en Pozuelo, Boadilla, Majadahonda, Las Rozas y La Moraleja, donde, según ese comentario, viven políticos y directivos. Y la paradoja que plantea un participante: hay provincias que crean empleo y bajan su PIB per cápita porque el empleo está mal pagado, y provincias que pierden población y lo suben porque solo les quedan pensiones y funcionarios. En los márgenes de la discusión económica asoma también el choque por la inmigración y la seguridad, con generalizaciones sobre provincias concretas que los propios datos de empleo del periodo no permiten sostener.
El precio del boom: vivienda y saturación
Málaga es el mejor ejemplo del precio del crecimiento. El aumento del empleo ha enriquecido a la provincia, pero también ha encarecido bienes y servicios, en especial la vivienda. Es el mismo peaje que empiezan a pagar los destinos turísticos saturados del litoral.
Con el empleo creciendo a doble dígito en el eje mediterráneo y con Madrid ampliando su ventaja año tras año, lo razonable es esperar que el mapa siga girando hacia el sur y el este. Conviene guardar una reserva: el motor turístico depende de destinos que ya rozan la saturación y de un mercado laboral con salarios bajos, y el industrial, del apetito de Madrid por desbordarse fuera de sus límites. Ninguno de los dos está garantizado.