Felipe VI da la mano al primer hombre que baja del avión de Zelenski
La escena quedó registrada en el aeropuerto de Madrid: el rey Felipe VI extendió la mano al primer hombre que bajó del avión presidencial ucraniano, un miembro de la tripulación o del personal de tierra que descendió en camiseta. El gesto, captado por las cámaras, se convirtió en uno de los asuntos centrales de la conversación pública sobre la visita de Volodímir Zelenski a España, junto al contenido de la propia agenda diplomática. El mandatario ucraniano, por su parte, apareció con su habitual atuendo militar de campaña, una elección estética que también generó numerosos comentarios.
Qué pasó exactamente en el aeropuerto de Barajas
La secuencia, difundida por las redes sociales de los medios presentes, muestra al monarca aguardando al pie de la escalerilla. El primer hombre en descender no era el presidente ucraniano. Felipe VI le tendió la mano antes de que el protocolo se recompusiera. La anécdota, en apariencia menor, se convirtió en el símbolo de una jornada que algunos participantes leyeron como un ejercicio de
atrezzo más que como una visita de Estado convencional.
Hay quien sostiene que el error es irrelevante y que lo importante es el fondo de los acuerdos bilaterales. En contra pesa el argumento de que la imagen del rey confundiendo a un auxiliar con un jefe de Estado circuló más rápido que cualquier comunicado oficial.
El uniforme de Zelenski: símbolo o disfraz
La camiseta militar del presidente ucraniano concentró buena parte de las críticas. Una corriente de análisis la interpreta como una señal deliberada: el dirigente quiere transmitir que sigue en pie de guerra. Otra lectura, más benévola, la considera una marca personal coherente con su papel de líder en conflicto. Hay quien afirma que no ha pisado una zona del frente desde el comienzo de la guerra.
La comparación con Fidel Castro apareció repetidamente: el dirigente cubano también renunció al traje y adoptó el uniforme militar como seña de identidad. La diferencia, apuntan algunos, es que Castro vestía chaqueta militar y no camiseta. El detalle no es menor: la indumentaria es siempre un mensaje, y en política exterior los mensajes se calculan.
El protocolo como termómetro de la visita
El incidente del apretón de manos desviado apunta, según algunos participantes, a un problema mayor: la visita se organizó con una premura que el protocolo no digirió bien. Los acuerdos firmados, según las informaciones disponibles, comprometen miles de millones de euros en ayuda militar y financiera. Que el rey confunda a un tripulante con el presidente sugiere, para quienes critican la visita, que la puesta en escena se improvisó más de lo deseable.
El cálculo completo de los compromisos adquiridos, desglosado partida a partida, da una cifra que sorprende a quien esperaba un gesto simbólico y no un desembolso de esta magnitud. La discusión sobre si el Parlamento debería autorizar estos fondos quedó abierta.
Qué se debate sobre la legitimidad de los acuerdos
Una parte del análisis cuestiona la firma de tratados con mandatarios cuyo mandato ha caducado y que no han convocado elecciones. El argumento es jurídico: si el interlocutor no tiene un mandato renovado, la validez política del acuerdo queda en entredicho. Enfrente, la posición oficial sostiene que la situación de guerra suspende los calendarios electorales y que la legitimidad internacional de Zelenski no está en cuestión.
La discusión sobre el gasto en defensa ajena se cruza con la del gasto en necesidades domésticas. El debate no es nuevo, pero la coincidencia de la visita con otras urgencias presupuestarias lo avivó.
La anécdota que resume la jornada
El rey dio la mano a quien no debía. El presidente ucraniano bajó en camiseta. Los acuerdos comprometen miles de millones. Y la conversación pública se centró en el primero de los tres hechos. Si el protocolo es el termómetro de la política exterior, el mercurio marcó una temperatura incómoda. La próxima visita dirá si se corrige el guion o si el guion ya no importa.