El Éufrates se muere con los embalses a rebosar
En la presa de Atatürk, la más grande de Turquía, las compuertas se abrieron meses atrás para desaguar un embalse repleto tras el ciclo de precipitaciones 2025-2026, el más húmedo en décadas en la cuenca alta. El gesto sonó a victoria sobre la sequía. El río Éufrates, sin embargo, sigue perdiendo caudal a velocidad de vértigo, y un informe científico reciente advierte de que podría desaparecer para 2040.
Lluvias récord que no se notan en el cauce
Que las lluvias hayan llenado los embalses no significa que el río esté sano. La cuenca alta recibió agua de sobra, pero entre las represas, los canales de riego y la sobreexplotación de acuíferos, el río se queda sin caudal antes de llegar a Siria e Irak. Hay quien recuerda que el río Amarillo ya sufrió un proceso similar: el agua siguió fluyendo, pero bajo tierra. La explicación no está solo en el clima, sino en la política del agua.
El informe del 2040 y su lógica aplastante
El documento científico que pronostica la desaparición del río en 2040 ha cosechado más burlas que análisis serio, con razón. Decir que el río desaparecerá por la disminución del nivel del agua es como anunciar que un ahogado morirá por falta de aire. Si el problema se define por sus consecuencias, poco hemos avanzado. El escepticismo es sano, pero no debería tapar la pregunta incómoda: ¿qué viene después de la presa de Atatürk y de los trasvases a la agricultura?
Mientras tanto, los profetas digitales citan el Apocalipsis: cuando el Éufrates se seque, por su cauce cruzarán los reyes del este con 300 millones de soldados. No hacen falta ejércitos celestiales para entender que el agua del río que dio nombre al Edén se está acabando y que nadie, por ahora, tiene un plan B.