Ezequiel fulmina a los pastores que se apacientan a sí mismos
El evangelio de hoy y las lecturas de la misa de este miércoles 19 de agosto no son un bálsamo. En la primera lectura, el profeta Ezequiel (34, 1-11) denuncia a los pastores de Israel que “se apacientan a sí mismos”: comen la mejor parte del rebaño, visten su lana y matan a las ovejas más gordas, pero no cuidan de las débiles, no curan a la enferma ni buscan a la descarriada. Una advertencia que, siglos después, sigue sonando incómoda en cualquier institución.
El contraste con el salmo que da título al día, “El Señor es mi pastor, nada me falta”, no puede ser más abrupto. Frente al pastor ideal que guía y protege, la lectura denuncia al pastor que domina “con fuerza y violencia”. La homilía, encomendada al padre Santiago Martín, de los Franciscanos de María, y la cita de los Apotegmas de los Padres del Desierto, recuerdan que la tradición espiritual siempre ha vigilado el ejercicio del liderazgo religioso.
La jornada, además, se articula en torno a la devoción: misa a las 20:00 con rosario desde las 19:30, y a las 22:00 el rezo del Santo Rosario. La Coronilla de la Divina Misericordia, idealmente a las 15:00, completa un día de oración que conecta la crítica profética con la súplica.
Todo apunta a que este tipo de denuncias proféticas seguirán siendo incómodas mientras existan pastores que confundan su misión con un privilegio. Pero quizás, como sugiere la lectura, el rebaño ya ha aprendido a reconocer la diferencia.