La huelga estudiantil choca con el informe PISA y los piquetes
El hilo abre con el clip de la convocatoria y a los cuatro mensajes ya nadie discute la huelga. Se discute si quien la convoca representa a alguien, si un alumno puede ponerse en huelga y qué se hace con el que sí quiere entrar a clase. Esa es la huelga estudiantil de este tramo:
30 mensajes en un solo día, el
18 de septiembre, y el paso de la mofa al derecho laboral en dos pantallazos.
Qué se ha sabido
El punto de partida es un vídeo. Un forero lo cuelga y media docena de respuestas se van directamente a cómo hablan los portavoces, no a lo que dicen. Hay quien agradece que el clip lleve subtítulos y quien dice que así se entiende mejor.
Otro participante pega la ficha de Wikipedia del sindicato y subraya lo que pone ahí: comunismo, antifascismo, obrerismo, feminismo, marxismo, leninismo, internacionalismo y anticapitalismo, con la posición de extrema izquierda en el recuadro. Justo antes, alguien ironiza con que esta es la revolución socialista-marxista que tan buenos resultados ha dado en Cuba.
La pata nueva llega con el informe PISA.
EL FARAON pega la pieza de El Confidencial del
8 de septiembre sobre Madrid y sus resultados, y remata: «El informe PISA aprueba está huelga...». Alrededor, dos mensajes más tiran de lo mismo. Uno pregunta si el enfado viene porque Madrid ha quedado «de la mejor» en los informes PISA.
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elconfidencial.com
La cifra del tramo la suelta plakaplaka: la dirección del sindicato, dice, tiene
gente de 37 años. Y otro mensaje va más allá y afirma que casi todos los dirigentes pasaban de los 30 y sin terminar la carrera, antes de atribuir el sindicato al PSOE. Nadie lo comprueba en el hilo.
El argumento jurídico lo formula en limpio Gubelkian: «Es que un estudiante no puede ponerse en huelga por pura definición. La huelga es para los trabajadores asalariados.»
Dónde está la bronca
El hilo se parte en dos y no por la pancarta. Se parte por el
derecho de huelga. Un bloque se ríe de la convocatoria desde el primer mensaje: que si huelga a la japonesa estudiando más, que si esto es una huelga de pacientes y el que no quiera venir que no venga, que si es el peor momento posible con el curso recién arrancado.
El otro bloque no se ríe, discute. Y ahí el choque es doble. Primero, la representación: la pregunta que se repite es por qué se permite que este sindicato se arrogue la representación del alumnado cuando, según varios mensajes, no le ha votado nadie. Los 37 años vuelven a salir. No hay respuesta del otro lado: en todo el tramo nadie entra a explicar quién elige a los portavoces.
Segundo, los piquetes. Burubux lo pone en el centro: «lo malo es que no permiten a los demás asistir a clase, de eso se trata», y añade que ya ha habido movidas otras veces por lo mismo. Nadie lo rebate. El conflicto deja de ser entre estudiantes y consejería y pasa a ser entre estudiantes y estudiantes.
Tercero, el PISA. Los que lo traen lo usan como burla. La respuesta llega de Esta democracia es falsa, que devuelve que las privadas en España, salvo contadas excepciones, dan risa y que los que se apuntan saben dónde hay que apuntarse para tener el titulillo. Bronca de ida y vuelta, sin una cifra que la cierre. También hay quien reparte el mapa por carreras: unos dicen que esto solo pasa en determinadas facultades y otros responden que los ingenieros de caminos no caen en estas cosas.
El cálculo del activismo
El mensaje con más recorrido no es el más gracioso. Rikitiki sostiene que la carrera de esta gente no es la facultad en la que están inscritos, sino el activismo: currículum, ONGs, partidos, chiringuitos que dependen de lo público, contactos. «Su carrera no es la facultad en la que están inscritos. Su carrera es en el activismo.» Añade que los que dirigen el cotarro no son tontos, son gente bien aconsejada, y que los ingenuos son los que les ponen a pringar.
En la misma línea, silverdaemon desmonta la universidad pública sin mencionar la huelga: «profesores y catedráticos a los que interesa CERO la docencia de carrera/grado y solo quieren hacer dinero con trabajos para empresas, libros y masters caros». De ahí, dice, el éxito de las privadas. Nadie le responde con datos.
Y una predicción dicha de pasada: esto no cala en las carreras técnicas. «Ten claro que los ingenieros de caminos no tienen tanta tontería.»
Qué cambia respecto a antes
En este tramo entra el PISA como arma, se formula en limpio la objeción jurídica y aparece la tesis del activismo como carrera profesional. Lo que no se mueve: nadie nombra una sola demanda, una sola fecha de negociación ni una condición para volver a clase. La huelga sigue sin fecha de cierre y el hilo, de momento, tampoco le pone una.