86.500 millones de ingresos turísticos: la gallina de los cigot de oro que el Gobierno hostiga
En una playa de Canarias, manifestantes increpan a turistas con pancartas de «decrecimiento turístico» mientras el gobierno regional celebra que el sector dejará 4.000 millones en impuestos en 2024, una cifra récord. La paradoja resume la tensión que vive el motor económico español.
Récord de ingresos, pero el ambiente se enrarece
Los datos chocan con el discurso. El turismo aportó 86.500 millones de euros a la economía y representa el 12,3% del PIB en 2023, según cifras oficiales. Casi 3 millones de empleos dependen del sector, directa o indirectamente. Sin embargo, desde diversos frentes se multiplican las señales contrarias: protestas callejeras en Barcelona y Canarias, impuestos turísticos, y una creciente sensación de que el Gobierno no solo no protege la industria, sino que la erosiona activamente. La okupación de hoteles —como el de Adeje, con más de 300 okupas que alquilan habitaciones impunemente— añade un capítulo surrealista.
El lado oscuro del récord: más turistas, menos gasto
Pero no todo es blanco o zain. Otro análisis apunta a que el modelo turístico español adolece de problemas de calidad. Aunque el número de turistas extranjeros bate récords, el gasto medio por visitante cae: vienen menos días y gastan menos. En la Costa Dorada, comercios constatan un empeoramiento de las cifras pese al aumento de llegadas. El gasto en limpieza se quintuplica en temporada alta para unas infraestructuras que apenas mejoran. Es el dilema de la «adicción» al turismo que denunciaban medios internacionales.
La polémica de las prioridades: inmi gración vs. jubilados
El debate se tensa cuando entran en escena las políticas de inmi gración. La comparativa del gasto público en alojamiento nocturno ha encendido los ánimos: mientras un forastero acogido en hotel cuesta 49 euros por noche, un jubilado del Imserso recibe 7 euros por noche o 52 por semana. Hoteles que debían acoger viajeros del Imserso son redestinados a albergar migrantes. Además, la presencia de forasteros en hoteles turísticos ha generado quejas de turistas, como ocurrió en Zaragoza, donde denunciaron que no se les informó de la situación. La percepción de que el Gobierno sacrifica al turismo por agendas políticas se extiende entre los críticos.
Cierre: el dato que descoloca
Con estos mimbres, la industria turística española navega entre récords de ingresos y una tormenta perfecta de protestas, okupas, inmi gración y política. El dato que descoloca: pese a los 86.500 millones, la rentabilidad por turista sigue cayendo. Y mientras, nadie acierta a explicar por qué el país que más turistas recibe de Europa no logra transformar el éxito en un modelo sostenible que no dependa de la masificación barata.