El Vaticano en Judea: una idea que resurge en tiempos de crisis religiosa
La propuesta de trasladar la sede del Vaticano desde Roma a Judea ha ganado algo de tracción en círculos críticos con la influencia histórica de la Iglesia. Aunque la idea no es nueva, el debate ha cobrado fuerza en foros de historia y política, donde se cuestiona la legitimidad de que la Santa Sede permanezca en Europa cuando sus orígenes están en Oriente Medio.
Los defensores de la medida argumentan que el Vaticano, como Estado soberano de una confesión que nació en Judea, debería tener su capital allí, en ciudades como Belén o Nazaret. Consideran que su presencia en Roma es una anomalía histórica fruto del Imperio Romano, y que su salida de Europa liberaría al continente de una influencia que consideran perniciosa. Algunos incluso dudan de la historicidad de Jesús, lo que añade un componente escéptico radical a la discusión.
Por otro lado, los realistas señalan que Roma no tiene ningún interés en que el Vaticano se marche, ya que reporta beneficios económicos y turísticos a la ciudad. Además, citan la profecía bíblica de que Cristo reinará eternamente en Roma, lo que hace improbable un traslado voluntario. El debate, cargado de apasionamiento, se mueve entre el deseo histórico y la realidad política y económica.
La cuestión, como apuntan algunos, podría resolverse por sí sola si el declive de la práctica religiosa continúa. Mientras tanto, el Vaticano sigue en Roma, y la discusión sobre su posible traslado a Judea permanece en el terreno de lo especulativo.