Aunque no supiera cómo cambiar el tampón, si está detenida, está detenida (salvo que la policía la llevara esposada, por lo de detenida).
La mujer o chica del Irio, conductora del Irio, supiera o no poner en marcha su tren (cosa que no se sabe, pero que, básicamente, es darle a un botón de arranque y si no se pone en funcionamiento, poco puede hacer), aunque no supiera hacerlo, dar a un botón —como muchos de nuestros fruta, que se equivocan periódicamente al dar a uno de los tres botones que les dicen que tienen que pulsar—, no tiene ninguna culpa en esta historia, pues no puede arrancar el tren, por lo que sea (falta de capacitación o, lo que parece más evidente, sistemas desfasados).
Ella cumplió con todas las normas que, también cree, son las mejores para la seguridad de los demás y, no olvidemos, de la suya propia. En este caso, la chica hizo lo que debía hacer según lo que se debe hacer, comunicando hasta dos veces que estaba detenida (policía mediante). Además, hizo lo que, protocolos o no, podía hacer, que es decir que estaba parada (llevando un vehículo de miles de toneladas y con cientos de viajeros) y que, aunque lo intentaba, no podía reanudar la marcha. Esta chica, mujer, señora o persona, hizo lo que cualquier mente normal haría.
Lo que no es normal, al margen de protocolos, es pedir y que el otro asumiera, que con un tren detenido, el mayor obstáculo que se puede uno encontrar en una vía, no sea cuestión de mirar dos veces al panel o al sentido común, al margen de protocolos, incluso de luces en el panel... pues si no tienes confirmación de que la vía está libre de miles de toneladas como pesa un tren, el tren que viene detrás no debería avanzar un metro.
Es algo tan básico que causa escalofríos que nos hayan estado llevando de aquí para allí de esta manera, y los sindicatos... con huelga general por no sé qué, cuando esto era el motivo principal de cualquier huelga, como ahora, desgraciadamente, muchas personas no podrán ir a adherirse a ella... porque están perecid.