España reparte 100.000 millones en subvenciones mientras el gasto social se queda corto
El Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos reparten cada año un manguerazo de dinero público que ronda los
100.000 millones de euros entre 27.000 empresas, partidos, sindicatos y entes de todo pelaje. La cifra, extraída de los informes que se han ido acumulando en el debate público, convive sin sonrojo con otra realidad: las pensiones, la sanidad y la educación aparecen en los mismos análisis como partidas bajo presión, cuando no directamente en riesgo. El contraste no es un detalle menor. Es la contradicción que sostiene buena parte del malestar económico español.
La primera pieza del puzle la puso sobre la mesa un informe que calculaba que
sobran 1,5 millones de empleados públicos. La segunda, el goteo de casos de corrupción que una web cifraba en un coste total estimado de
124.123.915.826 euros. La tercera, el dato de que las administraciones reparten ayudas a 27.000 empresas, partidos y entes. Sumen y verán que el relato del Estado austero se cae solo.
Subvenciones: el manguerazo que no se apaga
Los números gruesos asustan.
122.000 millones al año en
subvenciones según uno de los análisis citados.
100.000 millones con poco control, según otro. La Comisión Europea situó a España como
el único estado miembro que elevó el gasto en ayudas de Estado en un contexto en que la UE recortaba un 35% tras la pandemia. El Gobierno disparó casi un
25% las subvenciones, y un informe de Bruselas habló de un
20% de subida cuando todos los demás socios las bajaban. No es una impresión: es una trayectoria.
El reparto tiene destinatarios concretos. Partidos, sindicatos y patronales se reparten más de
300 millones en subvenciones públicas. Solo las formaciones políticas reciben
65 millones de las Administraciones, con el PSOE a la cabeza con más de
25 millones. Las diputaciones reciben
350 millones en subvenciones mientras funden su presupuesto en nóminas: casi
67.000 empleados que consumen un tercio de su gasto, con casos como la diputación de Albacete gastando el
54% de su presupuesto en salarios. Y en Cataluña, un experto en IA demostró que la Generalitat gasta
5.000 millones anuales en subvenciones, con el portal de Transparencia desactivado durante 24 horas y un millón de datos borrados en ayudas.
¿Por qué no hay dinero para pensiones si se subvenciona todo?
Porque el dinero se va en otra parte. La deuda pública
real alcanza los
2,17 billones, y el pago de intereses impide gastar más en educación o vivienda, según el análisis de Conde-Ruiz. Las pensiones y la sanidad pública aparecen por primera vez en riesgo en España según el Foro de Davos. Mientras,
19,3 millones de ciudadanos dependen ya de una ayuda, una pensión o un salario público. Siete millones reciben subsidios con un coste de
28.500 millones, y la Airef propone modificar el ingreso mínimo vital porque desincentiva la búsqueda de trabajo. El coste de la inmigración supone más de
30.000 millones para el Estado, según otro de los titulares que circulan.
El esfuerzo fiscal no compensa. Un español soporta una carga impositiva casi un
50% superior a la de un alemán en relación con su renta per cápita, y España tiene los impuestos más altos de Europa en IRPF, Patrimonio y Sucesiones. Con las subidas proyectadas, el diferencial con los germanos se acercaría al doble. Pagamos más y recibimos menos. Esa es la ecuación que nadie discute en serio.
El chiringuito como modelo de negocio
Hay un organismo público por cada
2.300 habitantes. El Gobierno destina
58.000 euros a una escuela de verano para los hijos del personal de la Moncloa, con piscina de 400 metros cuadrados y actividades en 1.000 metros cuadrados, donde los empleados solo pagan el
25%. Los partidos recibirán más de
32.000 euros por cada eurodiputado y un euro por cada voto. Siete de cada diez películas participadas por TVE recaudan menos que la ayuda que reciben. La película de Open Arms, con una subvención de un millón, recaudó
153.000 euros. El patrón se repite: se financia la estructura, no el resultado.
La nueva financiación para Cataluña prevé la creación de hasta
30 nuevos chiringuitos, y la acción exterior de la Generalitat cuesta
11 veces más que todo el presupuesto de la Casa Real. El clientelismo no es un accidente del sistema: es el sistema.
La trampa europea y el final del grifo
España mendiga cada mes dinero a Europa para sostener la farsa. La UE se harta de rescatar al país, pero no corta el grifo porque Francia e Italia están en la misma situación y no saben cómo hacerlo sin que todo el tinglado se vaya a la mierda. Esa es la conclusión más repetida entre quienes siguen los datos de cerca. El problema no es que no haya dinero. Es que el dinero ya está comprometido en otra cosa.
Con estos diferenciales, la presión para reformar debería ser insoportable. Sigue siendo manejable. Nadie cuadra del todo por qué.