El hilo se parte: «dilapidar porque NO hay un mañana»
La conversación empieza discutiendo si hay dinero y termina discutiendo por qué se gasta. Douglas MacArthur abre afirmando que nunca se había gastado tanto «ni tan alegremente» y sitúa el origen en el inmobiliario. Remeros responde que eso no depende del círculo ni del barrio: Madrillín, lo ves en cualquier momento. Y baja el listón: el currante está explotado, sin tiempo de hacer otra cosa que dormir y trabajar, y el que tiene algo de tiempo no tiene un euro para nada. Breadface sostiene que las dos cosas son verdad a la vez y que la franja media se está disolviendo, con lo que al final solo quedan dos bandos. En medio del cruce, Karl Konrad Koreander coloca la frase que ordena el hilo entero: el problema no es que falte dinero, es que el que hay no basta para hacer planes de vida a futuro, así que la gente lo dilapida como si no hubiese un mañana. Porque, dice, no hay mañana.
Qué se ha sabido
Inversorcillo mete el turismo en la ecuación: con la gasolina camino de los
3 euros, sostiene que el modelo español de turismo low cost «se acaba». Mentecaliente2 cuenta que ayer intentó reservar para cenar el sábado y prácticamente se ríen en su cara. PACOJONES apunta al otro lado: colas en la Apple Store por el nuevo iPhone y carreteras a reventar el fin de semana, con la impresión de que aún hay margen para esquilmar. EL FARAON añade la misma imagen, terrazas llenas y cola por el teléfono de gama alta. Cameron responde que la Agencia Tributaria tiene datos que indican lo contrario: millones de personas nadando en piscinas de billetes. zapatitos dice que en su zona las terracitas no dan abasto y se ven coches «que ni en Beverly Hills». Rey patata añade que su círculo está todo tieso pero cada vez gasta más, con coches y casas de locura. Y SIN PAGA cierra por abajo: la cuenta llega más seca a fin de mes, y culpa a la inflación y a los impuestos.
Dónde está la bronca
El choque grande no es si hay dinero, es quién lo tiene y qué hace con él. Saco de papas defiende que los ricos de Madrid no pisan la calle: van de aparcamiento privado a aparcamiento privado, y el que camina mirando escaparates o comiendo pipas en un parque es, en su gran mayoría, un pobre de solemnidad. Remeros le contesta con el censo:
8 millones de habitantes y
700.000 guiris no caben en ese relato de ciudad vacía. Ahí el hilo se parte en dos y ya no vuelve.
El segundo frente es el del gasto que se ve. Un participante sostiene que solo gana dinero cierto tipo de oficios —comerciales, especuladores, rentistas— y lo lleva hasta el extremo de pedir medidas violentas contra ellos; el hilo lo deja pasar y sigue a lo suyo. jota1971 sale al paso y defiende al comercial: el trabajo difícil es vender, y el que vale, vale. CUATERBAC, de fondo, ironiza sobre la solución de tener precios noruegos con sueldos lituanos, y sobre los que repiten ciertas frases en serio creyendo que son un chiste. Hay quien responsabiliza directamente a las patronales de ciertos sectores de cómo está el país.
En el medio, el turismo. Unos lo ven como el motor que sostiene las terrazas y las reservas; otros, como una élite que ocupa mesa y apenas consume. La misma escena sirve para las dos lecturas. Uno de los mensajes zanja que se te ve informado de los precios del turismo, y ahí queda.
El crédito y el mañana
Debajo de todo esto hay dos maneras de entender el presente. EL FARAON lo dice sin rodeos: los créditos siguen baratos, la vida es muy corta y hay que disfrutar mientras esto dure. Vanderwilde apunta que no tener ahorros es cierto, pero que el dinero sigue entrando mes a mes, así que se va tirando. Frente a eso, Karl Konrad Koreander insiste en que la impresora funciona, pero que el dinero no alcanza para un proyecto de vida, y de ahí el derroche. Catacroquer resume el otro lado con una frase seca: es el mundo que conoces. Profesor Paul Vazo zanja con ironía que para una bolsa de Doritos sí que parece haber. Y pepeluismi mira a los que gastan sin freno y suelta que es una manera muy triste de vivir.
Qué cambia respecto a antes
Lo que era una pelea sobre si hay o no dinero pasa a ser una pelea sobre por qué se gasta. Entra un asunto nuevo: el turismo low cost y su posible final si la gasolina sigue subiendo. Entra también el argumento del mañana, el de gastar porque no hay futuro que planificar, que hasta ahora nadie había puesto tan claro. Y entra la defensa explícita de sectores que antes solo aparecían como sospechosos. Lo de siempre sigue ahí: unos ven colas y terrazas llenas, otros ven una nómina que no estira. El hilo no cierra nada.