Sueldo de 3.500 € y piso de un millón: pobres con cosas caras
El tramo arranca con una respuesta corta y sigue con un giro de pregunta. Ya no se discute si hay dinero: se discute cuánto sobra.
SrPurpuron lo suelta sin anestesia: el problema es que hay demasiado dinero y, en consecuencia, está todo sobrevalorado. A partir de ahí el hilo deja el escaparate y se mete en la causa.
Karl Konrad Koreander le pone los números:
3.500 pavos al mes, una casa que se va al millón, 500 de habitación, el renting, el viaje a los Fiordos con ropa de invierno nueva y el teléfono de 2.000. No hay forma de ahorrar para la entrada. Su conclusión: hay lo que tiene que haber,
pobres con cosas caras.
Qué se ha sabido
Los testimonios van en la misma dirección y ninguno cuadra con el otro.
PedroLuisHernandez1965 cuenta que su hermana trabaja en una farmacia de zona turística: los extranjeros gastan sin mirar y los españoles no sueltan un duro, lo revisan todo.
Chimpu dibuja la misma calle con dos precios: la terraza del centro con
guiris pagando 14 euros la sangría y el camarero que la sirve, por debajo de
1.300 euros, viviendo en una habitación de
800. Su lectura es que el teléfono caro no lo compra el mileurista, lo compra quien viene de fuera, el rentista y el que tira de tarjeta.
Los caprichos también aparecen con cifra.
El exclavizador de mentes señala que por
60.000 euros dan un SUV de segmento C con plataforma de 2008.
Bobesponjista cuenta su visita a una feria del automóvil: entregando su coche y con una entrada, financiar
32.000 con intereses se iba a 53.000. Se queda con el suyo.
Medaigualtodo lanza la pregunta que ordena media discusión: si hay cola para teléfonos de 2.000, que alguien vaya a un concesionario y pregunte cuánta hay para coches de 30.000.
En el otro extremo,
Zbigniew suelta su plan:
4 meses de viaje el año que viene con 500 euros. Y
sivigliano mete el combustible en la cuenta del turismo: con estos precios, el turismo en avión y en coche privado va a pegar un bajón, también el interno, y los billetes de tren subirán bastante. No desaparece el turismo, pero quien hacía dos o tres escapadas al año hará una.
Dónde está la bronca
El primer choque es de diagnóstico. Para SrPurpuron sobra dinero y eso infla todo. Para
Breadface lo que hay es polarización: una minoría muy forrada contra una mayoría, con el dinero de la antigua clase media fluyendo hacia esa minoría. Para
burbubot ninguna de las dos cosas: no es un fenómeno, es el diseño. Sostiene que hay una minoría que cobra del presupuesto público y del turismo, y que ambas cosas se pagan con la nómina y el alquiler del de abajo.
No hay magia, hay transferencia, escribe. Y reparte: el rentista extrae, el funcionario con plaza no sería clase media sino la parte que se aseguró inmunidad, y los que aprietan de verdad serían el autónomo y el asalariado.
El segundo frente es el de la herencia. burbubot la coloca como la línea que nadie quiere mirar: media España no vive de su nómina, vive de un piso heredado o de un chalet que se revalorizó sin mover un dedo. Los que no tienen esa red son los que aprietan, dice, y encima les llaman vagos. Antes había metido el segundo sueldo en la ecuación: cuando la guardería, el transporte y el IRPF se lo comen entero, la pareja decide que uno se quede en casa, y eso no lo cuenta el Ministerio porque no vende. El término que usa el hilo para eso se queda en el hilo.
La contra la firma oberwald, que no acepta el marco: España siempre ha sido pobre, mucho más pobre que ahora, y la palabra estar tieso la dicen los pobres como si alguna vez hubiera sido mejor. Nunca lo ha sido, zanja.
Y vuelve el frente del oficio.
greg_house reabre la acusación de que solo gana dinero cierto tipo de gente —comerciales, especuladores, rentistas— y se ríe de la idea de que vender sea el trabajo más difícil. Es la misma trinchera del tramo anterior, ahora con más chanza y sin nada nuevo. En paralelo,
Indignator23 apunta al incentivo del ingreso mínimo: sostiene que empuja a gastarlo todo y declararse insolvente, porque si no la Seguridad Social reclama la devolución.
Dos testimonios y un cierre irónico
Los mensajes que más juego dan son los de la vida diaria. El de la farmacia turística, porque separa al que mira el precio del que no lo mira por nacionalidad. Y el del concesionario, porque pone la misma escena del teléfono caro en el terreno donde sí duele: el coche.
El cierre lo pone
Nico, que le devuelve la ironía a
zapatitos por vivir en zona de lujo y defender ideas progresistas, con whisky de veinte años de fondo.
IMPULSES lo resume en tres palabras: es todo apariencias. Nadie discute que la foto sea rara. Lo que no se ponen de acuerdo es en quién la paga.
Qué cambia respecto a antes
Se da por superado el «¿hay o no hay dinero?». Ahora se asume que hay y se discute por qué se ha ido todo a los extremos. El pronóstico del tramo anterior sobre el turismo se refuerza con detalle: escapadas de cuatro días que se caen, tren que sube. Entra un vaticinio nuevo, el de
aventurero artritico: quien invirtió bien se está forrando y quien no se comerá los mocos viendo llegar la hiperinflación. Y entran dos piezas que no estaban: el segundo sueldo que no compensa y la herencia como frontera de clase.
Bien boa solo añade una línea al pronóstico turístico: las escapadas se harán más cerca.