El racionamiento de diésel que se anunció en semanas no ha llegado
En marzo de 2022, Antonio Turiel, investigador del CSIC, resumía su diagnóstico en una frase sin matices: «Se nos viene encima una escasez global de
diésel en cuestión de semanas». Meses después no hay cartilla de racionamiento, ni cupos por matrícula, ni colas de camiones a las puertas de las refinerías. El pronóstico, en cambio, sigue vivo: reaparece cada vez que el gasóleo sube y alguien necesita explicar por qué.
La tesis original, expuesta en catalán a partir del minuto 20:50 de una intervención, no se quedaba corta según el resumen que de ella hacía el participante que abría el hilo: racionamiento de diésel, caos económico, industrial y social y una criba en la que
solo las empresas elegidas pasarán a la siguiente pantalla, además de escasez de metales, escasez de todo, pobreza presentada como servicio ambiental y un culpable con nombre propio: Putin.
¿Qué sostiene la tesis del racionamiento de diésel?
El argumento de fondo es que el diésel no es un combustible cualquiera. Mueve el transporte pesado, la maquinaria agrícola, los barcos, las ambulancias, las excavadoras. Si su suministro se restringe, no se ralentiza un sector:
se para la cadena física que sostiene todo lo demás. De ahí que la palabra racionamiento asuste más que una subida de precio, porque el precio se paga y el cupo se sufre.
Los plazos, sin embargo, llevan años fallando. La predicción se reformula, se estira y vuelve. Como ironía recurrente circula incluso una apuesta: antes de que acabe el verano, el aviso se repetirá con la misma convicción. Eso sí, los meses de Turiel tienen fama de elásticos: pueden ser años y seguir siendo
meses.
Peak oil o prohibición: dos explicaciones para el mismo problema
Aquí el razonamiento se parte en dos. Una corriente sostiene que el crudo se está agotando en términos económicamente extraíbles y que el pico de producción ya quedó atrás; enfrente pesa un argumento distinto: el problema no sería la geología, sino la regulación. Con la
agenda climática encima de la mesa —prohibición de motores de combustión en Europa y California a partir de 2035, impuestos al CO2, cierre de calderas de gas y gasóleo en Alemania—, las petroleras anticipan menos demanda e invierten menos en abrir nuevos pozos. Menos demanda no es menos oferta, y menos oferta no es que no quede petróleo.
Hay un matiz histórico que suele olvidarse. Los primeros coches fueron eléctricos y la hidroeléctrica fue una fuente principal en los inicios. El carbón desplazó a la madera por precio, no porque la madera fuera inaccesible. Los cambios de matriz energética se han decidido casi siempre en la caja, no en el laboratorio. Con el petróleo pasa lo mismo, solo que ahora la caja está intervenida por decreto.
Los recortes de producción que sí se firmaron
Mientras el calendario apocalíptico se estiraba, la oferta daba argumentos a los pesimistas. Rusia decidió
reducir su producción en 300.000 barriles al día hasta finales de diciembre. Arabia Saudí, que ya había recortado un millón de barriles diarios hasta septiembre, prorrogó esa contención hasta diciembre. Objetivo declarado: mantener la estabilidad y el equilibrio. Traducción de andar por casa: sostener el precio.
En el hilo se da por hecho que esas decisiones de Rusia y Arabia Saudí se traducirán en una nueva subida pronunciada de los precios del combustible. Y con el combustible apretando, el gasóleo de calefacción y el de la flota de reparto se convierten en asunto político antes que técnico.
La garrafa, el girasol y el hornillo sin estrenar
Ninguna profecía de escasez se entiende sin su economato doméstico. Hay quien todavía guarda garrafas de la huelga de transporte que no fue, el hornillo y las linternas del gran apagón que no ocurrió, y latas de atún compradas a precio de ayer. El
acopio preventivo se ha convertido en un deporte de fondo con más bajas que medallas.
Más curioso es el capítulo del aceite. El usado de freír, mezcla de girasol y oliva, sirve —con filtrado cuidadoso, tres filtros, un tanque y metanol de por medio— para alimentar motores diésel antiguos. Un participante asegura haber visto decenas de miles de kilómetros al año en un Golf TDI, con emisiones cero y con la ITV pasada sin drama. La pega es obvia: no hay restaurante que abastezca a un país.
Por qué el sistema aguanta más de lo que anuncian
Otra línea de análisis sostiene que el sistema económico occidental no es un adolescente con toda la vida por delante, sino
un anciano de ochenta y tantos al que le queda una década o un resfriado mal curado, según cómo se le medique. La pandemia le regaló un par de años de agonía. El final está más cerca que el principio, pero eso no significa que llegue el martes.
Los países productores ilustran la escala del problema, según un cálculo que circula en el hilo: Noruega, con 5,4 millones de habitantes, produciría la tercera parte que España para un noveno de la población. No es fantasía, sostiene ese mismo mensaje: es renta petrolera repartida entre poca gente.
El rastro del asunto se quedó, al final, en un detalle doméstico. Un corte general de luz en Úbeda y Jaén, atribuido primero al calor y al exceso de potencia prevista y después, según otra interpretación, a la cantidad de cultivos de interior enganchados a la red. Entre el peak oil y el invernadero, la explicación más simple no siempre es la más épica.