Jenni Hermoso y el beso de Rubiales: 675.761 euros de sueldo público
España ganó el Mundial femenino y un beso se comió el titular. El caso Rubiales-Jenni Hermoso arranca en la entrega de trofeos, cuando el presidente de la Real Federación Española de Fútbol besó en la boca a la jugadora, y ha terminado desplazando al título deportivo en la conversación pública. En cuestión de dos días, la celebración pasó a segundo plano. El foco se fue al consentimiento, a la imagen institucional y al sueldo del directivo que firma los contratos.
¿Qué ocurrió en la entrega de trofeos del Mundial femenino?
Un beso en la boca, en directo, con millones de espectadores.
Rubiales besó a Jenni Hermoso durante la celebración del título y, según las versiones que se han ido difundiendo, la jugadora manifestó después que no le había gustado. El gesto llegó acompañado de otra imagen polémica en el palco: el presidente aparecía
tocándose los genitales junto a la Reina, la Infanta y el presidente de la FIFA.
Rubiales salió a pedir disculpas. Y ahí empezó el segundo problema. Para una parte de los observadores, disculparse fue dar la razón a los acusadores; para otra, certificó que el episodio era una torpeza y no un asunto de Estado. Hay quien sostiene que un responsable federativo debía saber que ese gesto, en ese escenario y con esas cámaras, era
insostenible.
El sueldo del presidente de la RFEF: 675.761 euros brutos
Los números, cuando aparecen, resumen el asunto mejor que cualquier discurso. Según las cifras que se difundieron en el debate, en 2022 la retribución de Luis Rubiales al frente de la federación fue de
675.761,87 euros brutos, equivalentes a 371.669,03 euros netos. A esa cantidad se sumaba una ayuda a la vivienda de 3.000 euros brutos mensuales, esto es, 36.000 euros al año.
Son cifras de un dirigente deportivo, no de un empresario de primera línea. Ese es el detalle que muchos subrayan: quien negocia los derechos, comparece ante el Gobierno y aparece en el palco cobra casi setecientos mil euros anuales por gestionar una federación que, según las voces críticas, arrastra años de opacidad.
La hipótesis del «caballo de troya» y el vestuario de las quince
Aquí el asunto se complica. La tesis más repetida sostiene que
Jenni Hermoso ejerció de puente entre el seleccionador y el grupo de jugadoras que un año antes había pedido su destitución. Según ese relato, su figura fue clave para recomponer un vestuario partido, y el propio seleccionador habría entendido que ya no encajaba en sus planes.
De ahí salta la lectura más incómoda: que quienes empujaron la polémica del beso son los mismos que defendían al grupo crítico y no aceptan que el título llegara sin ellas. Es una hipótesis, no un hecho. La versión contraria apunta en otra dirección: el seleccionador habría presionado al entorno de la jugadora para que saliera a defender al presidente. Ninguna de las dos está acreditada, pero ambas circulan con la misma soltura.
¿Hubo consentimiento y por qué unos piden cárcel?
El debate sobre el consentimiento se ha vuelto un campo de batalla. Hay quien recuerda que la jugadora dijo que no le había gustado, y quien afirma que ella misma quitó hierro al episodio. Sobre esa contradicción se han construido dos relatos incompatibles: uno exige consecuencias penales y otro habla de exceso, de
linchamiento mediático y de doble rasero por tratarse de un hombre y una mujer.
En el extremo más literario del asunto, alguien compara el caso con los padres que dan picos a sus hijas pequeñas. No es una analogía inocente: sirve para discutir dónde está el límite del contacto físico sin consentimiento en un espacio público y retransmitido. El problema es que, mientras se discute la metáfora, el titular ya está escrito y la polémica sigue abierta.
El dominio deportivo que nadie discute y casi nadie recuerda
Sobre el césped no hay debate posible. En la misma temporada, el fútbol femenino español sumó
los mundiales sub-17, sub-20 y absoluto, a los que se añadió la Champions femenina. Un dominio difícil de repetir que, en otro país, habría copado portadas durante semanas.
La crítica más incómoda no va contra las jugadoras, sino contra quien convirtió el triunfo en un instrumento. Se argumenta que la promoción del fútbol femenino la han empujado sobre todo perfiles ajenos al deporte, y que sin el episodio del beso la polémica se habría buscado en otro sitio: en quién felicitó y quién no, por ejemplo. También se apunta a las subvenciones públicas como parte del éxito, sin aportar cifra alguna.
La pata política y federativa del caso
Ninguna crisis federativa española se entiende sin su derivada política. Se afirma que el presidente de la RFEF mantenía vínculos con el entorno del Gobierno, que su continuidad interesaba a más de uno y que los expedientes incómodos nunca llegan a cerrarse del todo. Todo eso entra en el mismo saco que el beso.
A ello se suma un cálculo de geometría variable: una salida forzada abriría la
caja de los truenos para toda la estructura, desde los contratos hasta los acuerdos comerciales. De ahí que algunos pidan la dimisión y otros, silenciosamente, prefieran que aguante.
Con este material, lo previsible es que el caso siga en los juzgados y en los editoriales más tiempo del que duró el Mundial. Que la federación cambie de cara parece probable; que cambie de fondo, bastante menos. Y si alguien espera que este episodio enseñe algo al deporte español, mejor que no apueste muy fuerte.