Nadie dimite por la DANA: el SAIH avisó seis horas antes
En las primeras horas de la mañana del martes, el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) ya había transmitido a las autoridades ministeriales los datos de la crecida. Faltaban más de seis horas para que empezara a desatarse la tragedia. El sistema cuesta
más de dos millones de euros al año y no sirvió para que nadie moviera un dedo a tiempo. La gestión de la DANA deja un reguero de competencias cruzadas, tres administraciones señalándose entre sí y un dato incómodo: la información existía, estaba en manos del ministerio y no se tradujo en avisos a la población.
¿Quién es competente para avisar de una crecida?
No es la AEMET, aunque sea el organismo que todo el mundo miraba en la tele. Las alarmas de crecidas no son suyas: mide el agua que cae, no la que sube por los barrancos. De los caudales se encargan las
confederaciones hidrográficas, adscritas al Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico. Es decir, la cadena de aviso dependía de un ente que apenas aparece en los telediarios hasta que hay una desgracia. Para poner multas por captación de agua, las confederaciones tienen todos los medios: SAIH, sensores, radares. Para avisar de una avenida, la cadena se rompió en algún punto que nadie explica con nombres y apellidos.
El barranco del Poyo y la versión de la Confederación del Júcar
El barranco del Poyo —o de Chiva, según cómo se busque— está vigilado por la Confederación Hidrográfica del Júcar. Es su competencia. La Confederación sostiene que se hizo «seguimiento y monitorización del posible episodio». La respuesta pública no cuadra con el resultado, y hay quien lo dice sin ambages: que ni se informó a la población ni se controló el caudal del barranco. Entre las dos versiones queda el hueco exacto donde se decidió qué hacer con los datos del SAIH y cuándo contarlo.
La alerta roja que «cesaba» a las 18:00
La Delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana trasladó que la alerta roja cesaba a las 18:00,
según la AEMET. El president de la Generalitat venía a decir lo mismo. Si ambas administraciones manejaban el mismo parte y ninguna ordenó parar la actividad, el problema no es meteorológico: es de protocolo, de mando y de quién firma qué. El presidente del Gobierno visitó después la sede de la AEMET y posó junto a su directora, una funcionaria llegada del Ministerio de Fomento,
ingeniera técnica civil y no meteoróloga, con cientos de profesionales de prestigio dentro de la casa.
¿Había motivos para declarar la emergencia nacional?
Cinco autonomías afectadas. Víctimas mortales en tres. Hay quien sostiene que con esos mimbres sobraban motivos para declarar la emergencia nacional y que no se hizo. El Ejecutivo mantiene ahora que no es competente para dar la cifra exacta de fallecidos, después de que el ministro del Interior declarara
hace dos meses que la cifra publicada entonces no coincidía con la realidad. Dos meses. La misma administración que no tiene competencia para contar muertos sí la tenía para comparecer ante la prensa con un número.
Doce horas de ventaja en Francia y Japón
Se apunta que los sistemas de alerta francés y japonés activaron avisos
doce horas antes. No es una comparación inocente: significa que la tecnología existe y que el cuello de botella no es satelital, sino burocrático. La mañana de la riada hubo una reunión de Protección Civil con la Delegación del Gobierno, la Guardia Civil, la DGT y Renfe, según se relata. La Generalitat no fue convocada. Si eso es cierto, el diseño de la respuesta dejó fuera al organismo que tenía que ejecutar la parte más urgente.
Las nubes de Marruecos y el humo
Una parte del ruido derivó hacia la siembra artificial de nubes. El Gobierno de Marruecos ha confirmado que continuará con el procedimiento y rechaza que tenga relación con las inundaciones. No hay ninguna prueba que vincule el episodio con esa práctica y conviene decirlo claro: la hipótesis circula sin respaldo y ha servido, sobre todo, para tapar la discusión que importa, la de los sensores y los protocolos.
Ninguna dimisión, ninguna cifra definitiva
Se reclama la dimisión del presidente de la Generalitat y, más arriba, la de los ministros de Interior y Defensa. No ha dimitido nadie. Mientras tanto, la cifra oficial de fallecidos sigue sin un responsable claro que la firme. Con las competencias repartidas entre tres administraciones y el SAIH apuntando a un aviso que existió, el análisis se atasca justo donde debería empezar: quién leyó ese informe de la mañana y decidió que no pasaba nada.