Froilán sigue sin trabajar en Abu Dabi mientras su abuelo le presta apoyo económico
Froilán, hijo mayor de la infanta Elena, cumple 26 años sin trabajo y con el único sostén económico del rey Juan Carlos I, según publica
Monarquía Confidencial. El joven vive en Abu Dabi gracias al apoyo económico de su abuelo, después de que un puesto que algunos medios anunciaron para la primavera anterior se quedara en nada antes de terminar el año. La situación adquiere otra dimensión cuando el apellido es Borbón y el sostén procede de la familia real.
El dato que descoloca no es que Froilán no trabaje. Es que varias empresas españolas de renombre habrían decidido no firmar acuerdos laborales con él, incluso después de que Juan Carlos I moviera todos sus contactos para colocarlo, según el mismo medio. El emérito, residente en Emiratos desde 2020, intenta reconstruir desde la distancia una carrera profesional para su nieto que en Madrid nadie parece dispuesto a facilitar. La paradoja es notable: el hombre que durante décadas colocó a medio establishment no encuentra quién firme un contrato al hijo de su hija.
¿Por qué Froilán no encuentra trabajo en España?
El motivo no es la falta de ofertas. Es el riesgo reputacional. Las empresas que en su día se mostraron dispuestas a incorporarlo habrían dado marcha atrás, según las mismas informaciones, ante el temor a que cualquier vinculación con el joven acabara convertida en titular. Froilán arrastra un historial de apariciones públicas ligadas a fiestas y a episodios que la Casa Real ha preferido no comentar. Desde Zarzuela, según se publica, no quieren saber nada de él porque cada vez que vuelve a Madrid se reproducen el mismo tipo de noticias.
La infanta Elena, por su parte, considera que su hijo debe permanecer en Emiratos y seguir intentando avanzar en su carrera, aunque esa carrera no termine de arrancar. El propio Froilán aseguraba a los medios que no tenía interés en volver a Madrid. Se dijo que iba a estudiar un posgrado en Abu Dabi; de aquello no se ha sabido más.
El aislamiento en Abu Dabi: sin amigos y sin oficina
El joven no está cómodo en Emiratos. No ha conseguido labrarse un grupo de amigos con el que hacer planes de ocio, y cuando consigue un trabajo solo sale de su apartamento para cumplirlo. La rutina es la de un expatriado sin red social ni profesional, sostenido por una transferencia que llega desde otro país. La diferencia con otros jóvenes de su edad que emigraron por necesidad es que él no emigró: lo trasladaron.
Hay quien sostiene que el problema no es Froilán sino el apellido, y que cualquier Borbón con su historial tendría dificultades para encontrar un empleo por méritos propios. En contra pesa el argumento de que otros miembros de la familia han desarrollado carreras profesionales sin que su apellido fuera un obstáculo insalvable. La comparación con su hermana Victoria Federica, que mantiene una actividad pública constante, aparece en cualquier conversación sobre el tema.
El coste real de mantener a un Borbón sin oficio
La pregunta que sobrevuela cualquier discusión sobre Froilán no es cuánto cuesta mantenerlo, sino quién lo paga. El sostén económico procede del patrimonio de Juan Carlos I, cuyo origen y cuantía nunca han sido auditados públicamente. Se ha especulado con cifras que van desde los cientos de millones hasta los tres mil millones escondidos en paraísos fiscales, aunque ninguna de esas cantidades ha sido confirmada oficialmente. Lo único verificable es que el emérito mantiene desde Emiratos una estructura de gasto que incluye a su nieto.
La paradoja económica es que Froilán, sin contrato ni nómina, genera más conversación sobre el coste de la institución que muchos miembros de la familia que sí tienen agenda oficial. Cada aparición suya reabre el debate sobre la utilidad de la monarquía como institución y sobre quién debería pagar los platos rotos de una dinastía que acumula casos sin resolver.
Al final, el dato que descoloca no es que Froilán no trabaje. Es que a sus 26 años, con un apellido que abre puertas en medio mundo, la única puerta que se le ha cerrado con más fuerza es la de las empresas españolas que prefieren no mancharse. La pregunta que nadie responde del todo es qué pasa cuando el apellido deja de ser un activo y se convierte en un pasivo.