La gasolina se encamina a los dos euros por litro
El litro de gasolina a dos euros deja de ser un mal sueño. La Comisión Europea prepara nuevos gravámenes medioambientales sobre el CO2 y la ONU intentó colar un impuesto global al carbono que empezaría por el transporte marítimo para extenderse después al resto. El asunto se aplazó un año, pero aplazar, en Bruselas, es otra forma de seguir trabajando.
La discusión no es nueva, pero el contexto la vuelve incómoda: los costes energéticos derivados del carbono ya están empujando la inflación industrial. En España, los precios de producción aumentaron un
6,6 % interanual en el primer trimestre de 2025, según el INE. Y Hacienda sigue batiendo récords de recaudación por hidrocarburos. La cuenta no cuadra por ningún lado.
¿Por qué se habla de una gasolina a dos euros por litro?
La respuesta corta: porque el precio del carburante en Europa es, en buena parte, un precio político. Un cálculo que circula entre quienes siguen el asunto sostiene que el litro podría costar realmente
0,6 euros y que los 1,4 euros restantes hasta los dos euros serían impuestos. La cifra es una estimación, no una liquidación oficial, pero ilustra el punto: en Europa, el carburante se ha convertido en una herramienta fiscal antes que en un bien de consumo.
El argumento oficial es climático. El argumento oficioso, según quienes critican la medida, es recaudatorio. Y el argumento de fondo, el que casi nadie dice en voz alta, es que encarecer la movilidad térmica es la forma más rápida de empujar a la gente hacia el coche eléctrico. El problema es que esa transición no está resuelta: faltan electrolineras, la red eléctrica va al límite y el precio de un vehículo eléctrico sigue fuera del alcance de la mayoría.
El petróleo está barato y la gasolina no
Aquí aparece la contradicción que descoloca a cualquiera que mire los mercados. El
Brent cotiza en torno a los 61 dólares y el mundo nada en petróleo. Con el barril a ese precio y el dólar a 1,18, dos euros por litro no se explican por la materia prima. Se explican por lo que se añade encima.
La advertencia que sobrevuela el asunto es la inversa: si el barril sube a 100 dólares y el dólar se iguala al euro, los dos euros parecerán un recuerdo entrañable, como cuando en 2001 se llenaba un depósito con 20 euros. El impuesto al carbono no sustituye al mercado; se suma a él.
El impuesto global al carbono que se aplazó un año
El episodio más reciente tiene nombre y fecha. La ONU intentó aprobar un impuesto global al carbono que habría empezado por el transporte marítimo para irse extendiendo después al resto de sectores. La oposición de Estados Unidos fue frontal: se amenazó con sanciones y aranceles a todo el que apoyara la medida. El resultado fue un aplazamiento de un año.
Para los críticos, ese año no es una pausa: es tiempo de maniobra. La decisión se votó, se aplazó y volverá. Mientras tanto, la maquinaria sigue engrasada.
Qué pasaría con el resto de precios
Si el litro sube a dos euros, no sube solo el litro. Sube todo lo que se mueve. El transporte de mercancías se encarece, y ese coste se traslada al cliente final. La previsión que se maneja es la de una nueva ola de inflación con la cesta de la compra disparada: huevos a 6 euros la docena y pollo a 10 euros el kilo son las cifras que se repiten.
El efecto secundario es una presión sobre los salarios que no siempre llega. El sueldo se queda quieto mientras el carrito sube. Y ahí aparece la paradoja que resume todo: los ingresos públicos por hidrocarburos marcan récord mientras el contribuyente aprieta el cinturón.
La movilidad como bien de lujo
El escenario que se dibuja no es solo más caro: es más restrictivo. La movilidad sostenible, en la práctica, se traduce en coches para quien puede pagarlos, en la eliminación paulatina de la aviación comercial de bajo coste y en la vuelta a la bicicleta, el tranvía y el tren nocturno. No es una conspiración: es la consecuencia lógica de encarecer el kilómetro.
El problema es que la alternativa eléctrica no cubre toda la demanda. Un coche eléctrico usado, con la batería fuera de garantía, puede costar más de lo que vale el vehículo entero. Y la red eléctrica no está preparada para asumir el parque completo.
La previsión más razonable, con los datos sobre la mesa, es que el litro se acerque a los dos euros antes de que el barril se mueva. Si el petróleo corrige al alza, la cifra se quedará corta. Si el impuesto global al carbono vuelve el año que viene, la discusión ya no será sobre el precio, sino sobre quién puede permitirse moverse.