El oro se enfrenta a su ciclo bajista más largo en décadas
La paradoja del oro: alguien anuncia seis años de caídas y el metal precioso rebota al instante. Es lo que ocurrió el 11 de junio, cuando una predicción catastrofista desencadenó un movimiento contrario inmediato. El debate sobre el futuro del oro gira en torno a dos fuerzas: el atractivo creciente del cash con tipos al alza y la persistente impresión monetaria que sigue alimentando la demanda de activos refugio.
La tesis del ciclo bajista
La idea central es que el oro ha entrado en una fase descendente que durará seis años. Quien compró en los máximos por encima de 5.000 dólares la onza se enfrenta a pérdidas dolorosas. El argumento es simple: los bancos centrales han subido tipos, los depósitos ofrecen rentabilidad, y tener oro deja de ser necesario. El coste de oportunidad se dispara cuando el cash genera intereses y mantiene liquidez. La historia del oro muestra ciclos largos, y este sería el inicio de uno bajista.
¿Indicador contrario?
El mercado, sin embargo, no se lo ha tomado muy en serio. Cuando se publicó el pronóstico el 11 de junio, el oro reaccionó al alza de forma inmediata. Quienes siguen los foros lo señalan como un ejemplo perfecto de indicador contrario: cuanto más segura suena una predicción bajista, más probable es que el mercado la desmienta. Además, los datos históricos muestran que en 2022 la onza cotizaba a 1.500 dólares, y desde entonces ha subido con fuerza. La impresión de dinero no se ha detenido, y el oro de papel es visto por algunos como una manipulación que distorsiona los precios reales.
La pregunta que queda en el aire: ¿estamos ante el inicio de un ciclo bajista de seis años o ante un simple respiro alcista en un mercado que sigue imprimiendo dinero sin control?
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