222 fallecidos oficiales y 4 desaparecidos: el dato que no cuadra
En una catástrofe que dejó imágenes de urbanizaciones enteras bajo el agua, la cifra que no se mueve es la del recuento oficial. Valencia mantiene
222 fallecidos identificados y
4 desaparecidos. Frente a ese balance, circula un relato paralelo que asegura que las víctimas son miles y que las cifras públicas son un chiste. Los dos números no pueden ser ciertos a la vez. La brecha entre lo que se publica y lo que dicen haber visto quienes estuvieron allí es hoy el centro de una discusión que mezcla el duelo, la sospecha y el urbanismo.
¿Cuántos muertos y desaparecidos hay por la DANA en Valencia?
El dato oficial es tozudo:
222 fallecidos en la provincia, todos ya identificados, y
4 desaparecidos, también con descripción publicada. Cada jornada que pasa, el recuento se mueve poco o nada. Es exactamente eso lo que alimenta la desconfianza: mientras se siguen retirando coches y lodo de las calles, hay quien sostiene que ya deberían aparecer más cuerpos. La respuesta de la otra parte es que precisamente la identificación de todos los fallecidos es lo que permite descartar el escenario del millar de cadáveres sin registrar. En medio, la mención al canal de Forata, por donde, según un mensaje, pasaron
30.000 millones de litros de agua «sin causar destrozo alguno».
El cálculo que multiplica las víctimas hasta los 7.100
Un cálculo que circula por redes toma los
71 municipios afectados y les aplica una media de 100 fallecidos por localidad. Resultado: 7.100. La operación no descansa en ningún registro, sino en impresiones de vecinos que afirman haber visto decenas de cuerpos. Otros hablan de 2.000, 3.000 o 5.000 muertos. Ninguna de esas cifras aparece en fuentes oficiales ni ha sido confirmada. La pregunta que sobrevuela la discusión es incómoda: si las cifras reales fueran muy superiores, ¿dónde están las denuncias de desaparición que las respaldaran? Hasta ahora, quien exige ese listado insiste en que no se ha presentado.
Los 70.000 euros por fallecido y el incentivo a denunciar
Aquí entra el dinero. Una tesis que se repite sin prueba documental sostiene que la exigencia de denunciar a los desaparecidos antes de declararlos fallecidos responde a un motivo económico:
70.000 euros de indemnización por víctima. Bajo esa lectura, retrasar el reconocimiento oficial ahorraría dinero público. Conviene tomarlo como lo que es, una sospecha sin respaldo. Pero explica por qué buena parte del enfado no se dirige solo contra la gestión de la emergencia, sino contra la contabilidad que la acompaña.
Construir donde el agua lleva pasando siglos
El segundo frente del asunto es el suelo. El paso del agua por la Rambla del Poyo, el barranco de la Pozalet o la zona de la Albufera es un hecho documentado desde hace generaciones. Y sobre esas áreas se han levantado urbanizaciones, polígonos industriales y centros comerciales con aparcamientos subterráneos. La crítica recurrente es que nadie con un mínimo de responsabilidad habría firmado licencias de construcción en terrenos históricamente inundables. El incentivo, se argumenta, fue fiscal:
ITP, AJD e IVA engrasando las arcas municipales con cada promoción. El
pisito como motor y como trampa.
Ribadelago, 1959: la vara de medir de la tragedia
Para dimensionar la magnitud, algunos recurren a un precedente. En 1959 se rompió una presa en la provincia de Zamora y el pueblo de Ribadelago, con 500 habitantes, perdió a 130 personas. El ejército, cuentan, reconstruyó el municipio al día siguiente. El contraste se usa para subrayar una idea: las poblaciones afectadas por la riada suman en torno a 100.000 habitantes, y la proporción de fallecidos respecto a la población expuesta resulta, a ojos de muchos, demasiado baja para ser creíble.
Registros paralelos para contar a los desaparecidos
De ahí las propuestas para crear un censo independiente de víctimas. La idea, planteada en varios mensajes, es levantar un sitio donde las familias registren a sus fallecidos con nombre, apellidos, edad y DNI, con control de duplicados, para que el total no dependa de la cifra oficial. El problema, apuntan otros, es que hoy cualquier registro alternativo es pasto de la descalificación política. La verdad, se lamenta, ha muerto antes que las víctimas. El cálculo completo, con sus supuestos y sus huecos, solo se sostiene si alguien lo rellena con nombres.
Con la identificación cerrada en 222 y cuatro nombres pendientes de localizar, el pulso entre el dato oficial y el relato de la calle no tiene árbitro. Si las miles de víctimas que se invocan existieran, alguien tendría que ponerles nombre. ¿Y si la cifra que de verdad no cuadra no es la de los muertos, sino la de los desaparecidos que nadie denuncia?