Reconversión a los 45: DAM, robótica y un mercado que no perdona la edad
Terminó una ingeniería que nunca le sirvió para nada, sobrevivió al desplome de 2008 como administrativo y ahora, con 45 años, se ha matriculado en un ciclo de Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma. Cobra 1.800 euros netos al mes en una empresa tecnológica. Ha rechazado ofertas de mantenimiento en turnos rotativos por menos dinero del que ya gana. Y ha abierto un hilo para contar su apuesta: quiere programar SCADAS o brazos robóticos, no arreglar celdas de madrugada.
La reacción que ha recibido dibuja un mercado laboral español que castiga la edad y premia la juventud barata. Un participante con 45 años y el mismo título lo resume sin anestesia: las empresas de desarrollo no quieren ver a nadie mayor de 40 en sus equipos. Otro relata que en una entrevista le dijeron textualmente que la media de edad de la empresa era de 28 años. El mensaje es constante: hay un exceso de juniors y un gap enorme entre un junior bueno y un senior bueno.
El cálculo que desmonta el relato de la escasez
El sector tecnológico español lleva años vendiendo la idea de que faltan programadores. Los datos que manejan quienes han pasado por procesos de selección apuntan a lo contrario: sobran candidatos junior y faltan seniors capaces de supervisar. Un ingeniero que hace entrevistas técnicas lo dice claro: de decenas de candidatos formados en ciclos, la mayoría no servía ni para hacer café. La formación reglada llega verde, y atender a un junior cuesta dinero al senior que lo tutela.
Ahí está la trampa del relato. La demanda existe, pero se concentra en perfiles con experiencia. Un programador que sepa depurar código ajeno y optimizarlo, sostiene otro participante, se lo rifan con o sin título y con 45 o 60 años. El problema no es la edad en abstracto: es la edad sin recorrido profesional demostrable en el sector.
Mantenimiento industrial: turnos, guardias y menos sueldo que de administrativo
La FP en robótica que terminó le abrió una única puerta: mantenimiento. Turnos rotativos, guardias, puestas en funcionamiento y un salario inferior a los 1.800 netos que ya ingresa. Un técnico con experiencia en regulación y control lo confirma sin adornos: una puesta en marcha quema a cualquiera, y si falla un bus en agosto o en Semana Santa, el último en irse es el de mantenimiento. El itinerario clásico del sector pasa por curtirse en mantenimiento multidisciplinar entre los 25 y los 30 y saltar después a un puesto de servicio técnico con buen convenio. Empezar a los 45 rompe ese guion.
Programar PLC o brazos robóticos, añade, queda reservado a ingenieros en Madrid. La FP no compite ahí. El resultado es una paradoja: el título que acaba de obtener no le da acceso a lo que quiere hacer, y lo que le ofrecen no le compensa frente a su empleo actual.
¿Merece la pena estudiar DAM con 45 años o es mejor formarse por libre?
La respuesta depende de a quién se pregunte. Una corriente sostiene que matricularse dos años en un ciclo es perder el tiempo: mejor aprender de forma autodidacta, entrar en plataformas de freelancing desde hoy y formarse en herramientas de inteligencia artificial. Otra recuerda que el título sigue abriendo puertas en filtros de recursos humanos y que, sin él, el currículum se descarta antes de la primera entrevista técnica.
El propio protagonista ya programa desde los 15 años. Sabe Python, Django, HTML, CSS, Vue y React. Lleva meses buscando trabajo sin éxito. Su hipótesis es que la edad y la falta de título pesan más que el código que pueda demostrar. La alternativa que baraja —montarse como freelance y buscar clientes en Estados Unidos— choca con un mercado global donde la competencia por tarifas bajas es feroz y donde las herramientas de IA generan código a velocidad industrial.
Open source, GitHub y la puerta que no pasa por recursos humanos
Frente al callejón del filtro curricular, surge una vía que varios participantes consideran infravalorada: contribuir a proyectos de código abierto. La reputación técnica construida en repositorios públicos genera ofertas de trabajo sin pasar por el embudo de recursos humanos. A un participante le han llegado propuestas por esa vía, y admite que sus repositorios son un desastre. La idea es simple: si el código es visible y bueno, la edad importa menos.
El problema es el tiempo. Construir esa reputación exige meses o años de trabajo no remunerado, y el protagonista ya tiene un empleo de 1.800 netos que no piensa dejar para arriesgarse a un salto sin red.
Un mercado que expulsa a los mayores de 40
La conversación deriva hacia un diagnóstico más amplio: en España, cambiar de profesión a los 40 o 50 se castiga de forma sistemática. Un participante relata que cambió de profesión radicalmente a los 49 y no le va mal, pero es la excepción. Otro apunta que en países con mercados laborales sanos la reconversión a esas edades es normal y no se discrimina por edad. La comparación duele.
El sector tecnológico no escapa a esa lógica. La juventud se asocia a flexibilidad, sueldos bajos y tolerancia a la precariedad. Un candidato de 45 años con cargas familiares no encaja en ese molde, por mucho que sepa programar. La conclusión que se repite es incómoda: el problema no es la falta de talento, sino un mercado que ha decidido que el talento caduca.
El protagonista no ha dejado el trabajo. Sigue matriculado en DAM. Y sigue cobrando 1.800 euros netos al mes mientras estudia. La pregunta que flota es si dentro de dos años alguien estará dispuesto a pagarle más por escribir código que por tramitar papeles.