El Corte Inglés: cajas abiertas y una clientela que envejece
El Corte Inglés no tiene un problema de precios. Tiene un problema de público. La última compra navideña de un taxista —lista de su mujer en mano, treinta minutos de presupuesto— terminó en un centro comercial cualquiera, y su relato condensa la acusación: iluminación escasa, consolas con las cajas abiertas y golpeadas y una planta de electrónica donde ninguna explicación le sonó a verdad.
No vio un solo joven. La edad media de la clientela, asegura, pasaba de los sesenta.
Lo que empezó como una anécdota de prisas acabó funcionando como una auditoría informal del gran almacén: precios, atención, público, cuentas y futuro. Casi mil días de conversación dan para mucho, y no todos los testimonios apuntan al mismo culpable.
El relato de la compra fallida en El Corte Inglés
El punto de partida es concreto. Un conductor entra con la lista de regalos y sale con la sensación de haber perdido el tiempo. Primero nota la luz; después, las cajas de las consolas, abiertas y con golpes; por último, la respuesta de la dependienta: que los productos
se revisan antes de vender por si faltan componentes. Él lo traduce como devoluciones disfrazadas, aunque en la escena nadie confirma nada. La versión oficial de la cadena no aparece por ningún lado.
La comparación es la que duele. El mismo encargo se resuelve en un centro comercial en
menos de veinte minutos, con dependientes que describe como agradables, y la conclusión se escribe sola: si el recado se despacha mejor fuera, ¿para qué entrar? Es la pregunta que vertebra toda la discusión posterior.
¿Por qué se dice que El Corte Inglés es cosa de mayores?
Porque esa es la impresión dominante entre quienes recorren sus plantas de electrónica y textil joven. La media de edad alta se repite en varios relatos, y hay quien la ata a la capacidad de gasto: un cliente veterano concentraría el poder de compra de veinte jóvenes que pasean por un centro comercial sin abrir la cartera. El argumento tiene su lógica y también su trampa: mide el presente con el ticket de una sola tarde, no con la costumbre.
La otra corriente es más incómoda. Parte de los mensajes defiende el establecimiento como un espacio con menos mezcla social, un argumento de clase que aparece sin disimulo y que explica tanto como el de los precios. Frente a eso, el comprador joven hace años que resolvió el problema con una app y una caja de cartón en el portal.
Precios: promociones casi semanales contra Amazon y Media Markt
Aquí el diagnóstico se parte en dos. Hay quien sostiene que los videojuegos rebajados seguían a
60 y 70 euros, lo que convierte el escaparate en un museo. Y hay quien responde con la letra pequeña: promociones casi cualquier semana del año, surtido superior en electrónica y electrodomésticos y precios que, en la semana sin IVA, dejan a Amazon a la altura del betún.
Entre medias aparecen Media Markt, Fnac, las tiendas online españolas especializadas y los centros comerciales, que ya alojan sus propias tiendas de firmas premium. La baza que ECI perdió fue el monopolio de marca; la que mantiene es la garantía física de poder tocar el producto y devolverlo sin discutir.
Las cuentas: 359 millones y una empresa que adelgaza por los lados
Según las cuentas difundidas en junio de 2024, la compañía cerró el ejercicio 2023-2024, terminado el 29 de febrero, con un beneficio neto recurrente de
359 millones de euros, el mejor resultado ordinario desde 2009. El mismo paquete informativo recoge la venta de
43 tiendas Supercor a Carrefour, que ya arrancó su integración. Otra versión habla de 55 locales traspasados.
La lectura crítica no se hace esperar: resultados calificados de pírricos y maquillados para una empresa con
más de 80.000 empleados. También circula, sin confirmación alguna, la venta de su filial de seguridad a Securitas. Con ese tamaño, cualquier ajuste se nota en la cuenta de resultados y en la plantilla.
Lo que se le sigue reconociendo
Hipercor. Es el nombre que más se repite cuando se pide una virtud. Hay quien lo sitúa como el mejor supermercado de España en relación calidad-precio, por delante de cadenas mucho más publicitadas, y quien defiende el textil de caballero o la atención en planta como argumentos de peso frente al comercio electrónico puro.
También hay quien mantiene lo contrario: dependientes con aires de superioridad, clientela estirada y una experiencia que ya no justifica el desplazamiento. Y, de fondo, la estampa de quien se prueba la ropa en la tienda y luego la compra más barata en internet, que resume mejor que ningún informe la erosión del modelo.
La anécdota la firma un cliente que encontró en un centro de oportunidades una prenda con una mancha y, dentro del bolsillo, el ticket antiguo de 110 euros. Era su talla, le gustaba y estaba dispuesto a negociar el precio por el defecto.
Si el relevo generacional no llega, la promoción semanal y el supermercado sostendrán el negocio una temporada más, probablemente con resultados decentes y menos metros cuadrados. La predicción tiene trampa: nadie sabe cuántos años aguanta una clientela fiel antes de dejar de bajar a la planta de electrónica.