Un tuit afirma que el euskera hunde la educación vasca
Un tuit abre la caja de los truenos: «Cuando los datos son malos se ocultan; cuando se teme que serán aún peores se impide que se lleguen a tomar». La afirmación, difundida por Javier Barrientos, sostiene que el euskera hunde la
educación en el País Vasco y que los responsables nacionalistas evitan que se conozca. A partir de ahí, el asunto deriva en un debate más amplio: la caída del nivel educativo, la lengua vehicular, la inmigración y la gestión política. El detonante es una decisión administrativa: la comunidad autónoma se retira de las evaluaciones internacionales, según los mensajes. El dato que sobrevuela la conversación es el informe PISA, que según varios intervinientes coloca a Euskadi por debajo de la media española.
El euskera como chivo expiatorio o como causa estructural
El núcleo del asunto es la lengua. Una parte de los intervinientes sostiene que estudiar en euskera, una lengua minoritaria que no genera contenido científico, resta horas a las materias clásicas. «Estudiar en una lengua minoritaria que no genera contenido cultural y científico y además no es su lengua materna. ¿Qué podía salir mal?», resume una intervención. Otros defienden que el problema no es el idioma, sino el modelo: en las escuelas privadas de élite se imparten cinco idiomas y el rendimiento es acorde. La comparación con Cataluña aparece de inmediato: mismo diagnóstico de desplome, misma discusión sobre la lengua vehicular.
Hay quien va más allá y apunta a la endogamia del sistema. Se afirma que el profesorado se selecciona por criterios ideológicos y que las notas se inflan para que los alumnos lleguen a la EBAU con un nivel que no aprobaría la ESO en otras comunidades. El euskera, en esa lectura, funciona como filtro de acceso a la administración: quien domina la lengua tiene plaza asegurada; quien saca dieces pero no la habla, se queda fuera.
La inmigración entra en la ecuación
El segundo foco del debate es demográfico. Varios mensajes vinculan la caída del rendimiento con la llegada de alumnado extranjero, especialmente marroquí, que se incorpora tarde al sistema y arrastra al conjunto. Se llega a afirmar que en algunas aulas de secundaria hay estudiantes de doce años que siguen pintando y plantando lentejas porque no pueden seguir el currículo. La tesis que subyace es que no se puede enseñar matemáticas ni una lengua a quien no tiene base previa.
Ese argumento se mezcla con un tono hostil hacia los migrantes que este artículo no reproduce. Lo relevante, en términos de análisis, es que la inmigración se utiliza como explicación alternativa a la lengua: si el problema es el alumnado, el euskera queda exculpado; si el problema es el euskera, la inmigración es una excusa. Las dos corrientes se cruzan sin llegar a acuerdo.
El informe PISA y la comparación entre comunidades
El dato más repetido es el de PISA. Según los mensajes, Euskadi aparece por debajo de la media española y Cataluña por debajo de Extremadura y Murcia. Castilla y León, en cambio, lidera. La interpretación que se impone es que las comunidades con lengua cooficial y más inmigración rinden peor, mientras que las Castillas, con menos población extranjera, mantienen el tipo. No hay consenso sobre si el factor decisivo es la lengua, la demografía o la gestión.
La decisión de no participar en las pruebas internacionales se lee, en este contexto, como una huida hacia adelante. «Si no hay evaluación nadie podrá demostrar que la educación que dan es basura tercermundista», resume una intervención. La sospecha de manipulación estadística se extiende a los datos de uso del euskera: se afirma que las cifras del gobierno vasco sobre hablantes y uso son falsas y que dejan a Tezanos como un premio Nobel de matemáticas.
La ESO como estafa y el nivel general
Más allá del País Vasco, el debate señala un problema común: la ESO. Se describe como una etapa regalada, con promoción automática y sin exigencia. El profesorado universitario, se dice, alucina con lo que llega a la EBAU. La comparación con el pasado es inevitable: quien estudió en un colegio público de Barakaldo hasta séptimo de EGB y luego se fue a Zamora, asegura que llevaba dos años de adelanto en matemáticas. La nostalgia del nivel perdido recorre el hilo.
La propuesta que se lanza es volver a la educación obligatoria hasta los catorce años, con certificado de escolaridad y sin regalar el graduado. Es una idea que aparece en varios mensajes, siempre con el mismo argumento: antes se hacía así y nadie se murió.
El cierre lo pone un dato que descoloca: en el País Vasco, según los mensajes, apenas quedan autóctonos en las aulas, y los que quedan se concentran en la administración mientras los jóvenes compiten con salarios a la baja. Si el problema fuera solo el euskera, tendría arreglo. Si es el conjunto del modelo, la retirada de las pruebas internacionales no oculta nada: solo retrasa la factura.