Donetsk y Lugansk aprueban un referéndum exprés de anexión a Rusia
Los parlamentos de Donetsk y Lugansk han aprobado celebrar con urgencia un referéndum de adhesión a la Federación Rusa. De salir adelante, ambos territorios dejarían de ser dos repúblicas independientes que solo Moscú reconoce y pasarían a ser, sobre el papel,
territorio ruso. El argumento que se ha impuesto es sencillo: si son Rusia, cualquier ataque contra ellos es un ataque contra Rusia, y la respuesta deja de ser una «operación militar especial» para convertirse en defensa del propio suelo. La pregunta —y no es retórica— es si ese cambio de estatus sobre el papel cambia algo sobre el terreno.
¿Qué cambia si el referéndum de adhesión sale adelante?
La tesis que circula es que el paraguas legal lo cambia todo. Con Donetsk y Lugansk incorporados, Moscú defendería su territorio «con todo su poder militar, cueste lo que cueste», sin limitarse al porcentaje de fuerzas desplegado hasta ahora y con la posibilidad de recurrir a armamento de gran potencia si se considera amenazada su integridad o sus infraestructuras críticas. El umbral lo dibujó
Dmitri Medvédev, cuyo mensaje sobre disuasión nuclear se resume en que no hace falta que Estados Unidos ataque primero para contemplar ese escenario.
Frente a esa lectura, la objeción más repetida es que el estatus no convierte en ruso lo que Ucrania sigue considerando suyo. Un referéndum celebrado bajo ocupación militar, con las administraciones sostenidas por el ejército que las ocupa, no tendría validez según la legalidad internacional, y Rusia lo sabe. Tampoco está claro que la propia Rusia aceptase el resultado: para que la incorporación se produzca, el Estado receptor tiene que querer recibir el territorio.
Menudo detalle.El precedente de Kosovo, Crimea y la caja de Pandora
Aquí es donde la discusión se atasca.
Crimea celebró su propio referéndum y se incorporó a Rusia en 2014; desde entonces, según esta línea argumental, Ucrania ha atacado la península —un incidente aéreo calificado oficialmente de accidente, entre otros— y otros puntos del territorio ruso, sin que Moscú haya recurrido a armas nucleares, ni tácticas ni estratégicas. Si aquello no desató la respuesta atómica, sostienen, un referéndum tampoco la va a desatar por sí solo.
El otro precedente que se agita es
Kosovo: una independencia reconocida por buena parte de Occidente después de una campaña de bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia. Quien defiende la posición rusa lo presenta como el precedente que legitimó de facto las secesiones por la vía de los hechos. Quien la crítica responde que comparar una intervención con mandato internacional y una anexión unilateral es forzar el paralelismo. La caja de Pandora, en cualquier caso, se abrió hace más de dos décadas.
La movilización parcial y el recurso de 25 millones de reservistas
El movimiento que acompaña al referéndum es la
movilización parcial decretada por Vladímir Putin y publicada en el sitio del Kremlin. Según la explicación del ministro de Defensa, Serguéi Shoigu, solo afecta a ciudadanos que estén en la reserva, con especialidades militares y experiencia previa. Shoigu puso cifra al colchón disponible: casi
25 millones de personas con formación militar.
Las estimaciones que se manejan en el entorno del conflicto hablan de un primer tramo de unos
300.000 hombres, que se sumarían a los ya desplegados. Con material y con la campaña de invierno por delante, el cálculo más optimista para Moscú apunta a medio millón de efectivos. Es el tipo de número que no se improvisa y que indica que la operación no se plantea como una retirada.
De momento.Sabotajes sin botas en el suelo: la frontera que nadie cruzó
En la parte ucraniana, el argumento de que la frontera rusa es intocable se apoya en un detalle: las unidades convencionales ucranianas no han entrado en suelo ruso. Lo que ha habido, según esta versión, son atentados y sabotajes, sin presencia de tropas regulares cruzando la línea. Si eso es cierto, la anexión formal de Donetsk y Lugansk no solo añadiría territorio: añadiría una frontera con estatus de
casus belli explícito y con menos margen para negar la autoría de nada.
Queda por ver qué hace Rusia con el resultado si gana el sí. Una parte del análisis sostiene que lo dejará en el aire de momento, precisamente porque consumarlo escalaría el conflicto de forma exponencial. Otra mantiene que la maquinaria ya estaba en marcha cuando se convocaron las consultas. ¿Se puede anexionar un territorio y no defenderlo después como propio?