La CUP cambia su imagen para combatir el desplome electoral
La Candidatura d'Unitat Popular (CUP) ha lanzado una campaña para responder a las dudas sobre el modelo turístico, pero la imagen escogida —dos mujeres jóvenes sonrientes— ha desatado una ola de comentarios irónicos en las redes sociales. No es para menos: la formación independentista, que siempre ha presumido de un perfil austero y combativo, parece ahora recurrir a un reclamo estético que no encaja con su discurso anticapitalista. ¿Síntoma de desesperación o intento de modernización?
Mientras tanto, un estudio del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat, publicado el 18 de julio, revela que los votantes de la CUP y de Sumar son los que más probabilidades tienen de irse de vacaciones, mientras que los de Vox son los que menos. Este dato choca frontalmente con la retórica antiturismo de la CUP, que denuncia los efectos negativos de la masificación turística. La paradoja es evidente: los que más critican el turismo son los que más viajan. Y no es solo una cuestión de hipocresía, sino de coherencia política.
El gesto de la CUP no es aislado. La formación se encuentra en un momento delicado: el auge de Aliança Catalana, liderada por Sílvia Orriols, está erosionando el espacio electoral del independentismo radical. Orriols, con un discurso identitario y contrario a la inmigración, capta votantes que antes podían ir a la CUP o a Junts. La CUP, por su parte, intenta mantener su base mientras se enfrenta a un electorado cada vez más polarizado.
La reacción ante la imagen publicada en Twitter no se ha hecho esperar. Los usuarios han ridiculizado el intento de la CUP de presentar un perfil más amable, señalando que el atractivo físico no es el gancho adecuado para un partido que defiende la ruptura con el capitalismo. Algunos incluso han recordado que las propias activistas de la CUP suelen viajar y mostrar sus vacaciones en Instagram, lo que contradice su mensaje de rechazo al turismo.
En el fondo, la estrategia de la CUP revela un dilema: cómo ser un partido antisistema y atraer votantes sin perder la esencia. La tentación de recurrir a una imagen más comercial es comprensible, pero puede resultar contraproducente. El electorado que la CUP busca es precisamente el que valora la coherencia, no el glamour. Mientras tanto, Orriols sigue creciendo, y la CUP parece no encontrar el antídoto.
Queda la pregunta de si esta nueva imagen es un experimento puntual o un cambio de rumbo. Por ahora, la formación independentista sigue defendiendo su línea antiturística, pero con un rostro más amable. El tiempo dirá si los votantes lo compran.