La JEC veta la camiseta de 'Que te vote Txapote' en el colegio
Llevar al colegio electoral una camiseta con el lema «Que te vote Txapote» y el escudo de España no es una prenda inocua: la Junta Electoral Central lo considera propaganda electoral y, por tanto, prohibido. El organismo arbitral ha respondido así a una consulta de la Comisaría Provincial de Jaén, que preguntaba por los mensajes difundidos en redes sociales para animar al electorado a votar con esa camiseta el
23-J.
La respuesta es tajante sobre el papel y más difusa en la práctica, porque deja en manos de los presidentes de mesa decidir cuándo un símbolo acumula «connotaciones políticas» suficientes.
Qué prohíbe el artículo 93 de la LOREG
La Junta Electoral Central se apoya en el
artículo 93 de la
Ley Orgánica del Régimen Electoral General, que recoge la prohibición general de llevar propaganda electoral de ningún género al lugar de votación durante la jornada. El acuerdo traslada a los presidentes de las Mesas Electorales la tarea de que los colegios y sus inmediaciones queden libres de símbolos que puedan considerarse propaganda. Si hace falta, podrán requerir el auxilio de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.
El texto se comunica a las Juntas Electorales Provinciales y a las de Zona, que deberán informar a las Mesas el día de la votación. La consulta original no venía de un partido, sino de una comisaría provincial, alertada por los mensajes que circulaban en redes. El detalle importa: la prohibición no nace de una denuncia partidista, sino de una consulta policial.
¿Es el escudo de España propaganda electoral?
Ahí empieza la grieta. ¿Un escudo institucional cuenta como propaganda? La duda recorre todo el asunto: si el símbolo del Estado basta para vetar una prenda, hay quien plantea si también quedaría fuera una camiseta de la selección española. Nadie ha aclarado ese extremo.
La objeción más repetida es que la camiseta no pide el voto para ninguna formación. No hay siglas, no hay candidatura, no hay programa. Para quienes sostienen esta lectura, el veto sería
manifiestamente ilegal y cualquier abogado con ganas lo tumbaría en minutos. Otra corriente recuerda que el lema funciona como dicho viral y no como publicidad electoral en sentido estricto.
Hay incluso quien le da la vuelta al argumento: si la prenda se considera propaganda electoral, la propia Junta estaría admitiendo que el lema pertenece al ecosistema de una candidatura, algo que desborda el supuesto inicial.
El doble rasero que señalan los críticos
El segundo frente es la comparación. Hay quien recuerda que en citas anteriores se han visto interventores con camisetas de organizaciones de rescate en el Mediterráneo, o electores con la cara de un histórico guerrillero impresa en el pecho, sin que nadie interviniera. También se pregunta por qué la norma aprieta al votante y no a los carteles que siguen colgados en farolas y marquesinas durante la jornada.
La sospecha de trato desigual según el signo del mensaje recorre buena parte del rechazo. El creador de las camisetas, por su parte, sostiene en redes que la Junta Electoral no puede prohibirlas, que la medida ha sido recurrida y que vulnera derechos civiles. A la fecha de este texto no consta respuesta oficial a esas objeciones.
De la libertad de expresión al código de vestimenta
El salto al terreno de los derechos es inmediato: si puedo votar con la camiseta de mi grupo de rock favorito, ¿por qué no con un lema? La comparación con países donde la moral se vigila en la calle aparece más de una vez, y el reproche se extiende a los presidentes de mesa, a quienes se carga con una tarea de control que muchos dicen que no piensan ejercer.
En el extremo práctico, la pregunta es ridícula y seria a la vez. ¿Se puede votar en bañador, con tirantes y chanclas? ¿Con la camiseta de una muñeca de moda? La norma habla de propaganda, no de indumentaria, y de ahí sale el enredo. En redes ya circulan variantes del lema con nombres de todo tipo, lo que convierte cualquier veto en un juego del gato y el ratón.
El atajo para librarse de la mesa electoral
Entre bromas asoma una derivada inesperada. Si una camiseta con carga política puede expulsarte del colegio, presentarse con una especialmente provocadora sería el atajo perfecto para quien ha sido designado para una mesa y no quiere quedarse. El truco se comparte medio en serio, medio en coña.
El foco del acuerdo, en cualquier caso, está en los presidentes de mesa y en su capacidad de pedir auxilio policial, no en el ciudadano que entra a depositar el voto.
Con estas piezas, dos predicciones y todas las reservas del mundo. La primera: el 23-J las camisetas aparecerán igualmente, porque el efecto llamada de una prohibición es difícil de medir pero rara vez se queda en nada. La segunda: la Junta Electoral volverá a pronunciarse si la prenda se consolida como símbolo de campaña. La batalla, como avisan desde el otro lado, no termina en la puerta del colegio.