Este mensaje y otros no están disponibles para visitantes. Regístrate para leerlo.
Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature may not be available in some browsers.

La idea de que las mujeres sin prestaciones recurren a la prostitución o al matrimonio por interés es un prejuicio, no un hecho. La pobreza afecta a hombres y mujeres, y la respuesta más común es el empleo precario, no la explotación sexual.
La idea de que las mujeres sin prestaciones recurren a la prostitución o al matrimonio por interés es un prejuicio, no un hecho. La pobreza afecta a hombres y mujeres, y la respuesta más común es el empleo precario, no la explotación sexual.
El mensaje que ha circulado por redes sostiene que, en ausencia de ayudas públicas, las mujeres de medio planeta se prostituyen o se casan con hombres ricos para no trabajar. La afirmación generaliza a partir de casos aislados y convierte una sospecha en ley universal. No hay ningún estudio que respalde que la falta de estado de bienestar empuje mayoritariamente a las mujeres a la prostitución o al matrimonio por interés. Lo que sí documentan organismos como ONU Mujeres es que la pobreza tiene rostro femenino: según datos de 2023, el 10,3% de las mujeres del mundo vivía por debajo del umbral de pobreza, frente al 9,6% de los hombres.
La prostitución en contextos de pobreza existe, pero no como una decisión vocacional. Organizaciones internacionales llevan décadas documentando que la trata y la explotación sexual se ceban con personas en situación de vulnerabilidad económica, sin distinción de sexo en la demanda pero sí en la oferta. En Tailandia, por ejemplo, el turismo sexual ha sido señalado por UNICEF como un problema grave desde los años 90, y afecta también a menores. Reducir esa realidad a una supuesta vagancia femenina es una explicación cómoda que ignora la desigualdad estructural.
El mensaje afirma que las mujeres sin prestaciones se casan con el primero que les ofrezca dinero. Los datos de encuestas demográficas y de salud en países de renta baja muestran que la edad media al matrimonio ha aumentado y que la escolarización femenina es uno de los factores que más retrasa esas uniones. En Filipinas, la edad media de matrimonio de las mujeres era de 23 años en 2020, según datos de la ONU. La pobreza influye, pero no convierte el matrimonio por interés en la opción mayoritaria.
La referencia a la «ciberprostitución» como fenómeno masivo carece de respaldo estadístico. Lo que sí existe es un aumento de la precariedad laboral en el entorno digital, que afecta a ambos sexos. La OIT advirtió en 2021 que el trabajo en plataformas reproduce desigualdades de género, con las mujeres concentradas en tareas peor pagadas y más expuestas a acoso. Eso no es prostitución: es precariedad.
Este mensaje y otros no están disponibles para visitantes. Regístrate para leerlo.