Lagarde sube el precio del dinero y la banca no sube el de los depósitos
¿Por qué mi
hipoteca se ha encarecido y mi depósito sigue pagando lo mismo? Esa es la pregunta que sobrevuela el anuncio del BCE. Christine Lagarde ha vuelto a insistir, según el anuncio del BCE recogido en el hilo, en que el banco central fijará los tipos «tan altos como sea necesario» hasta devolver la inflación a su objetivo, y el mercado lo ha leído como lo que es: dinero caro durante una temporada larga. Para el que tiene hipoteca variable, la factura llega cada mes. Para el que tiene ahorros a plazo, la carta del banco sigue diciendo lo mismo de siempre.
Ahí está el punto que casi nadie discute: el precio del crédito sube y el del ahorro no. La asimetría no es un detalle, es el meollo.
¿Por qué sube el euríbor y los depósitos siguen sin remunerarse?
Porque al banco no le hace falta tu dinero para prestarlo. Ese es el argumento que más se repite: mientras las entidades no paguen por los depósitos, la subida de tipos sirve de poco para frenar la inflación, porque el dinero sigue circulando por la economía en lugar de quedarse quieto en una cuenta remunerada. De ahí la receta que se lanza al BCE: obligar a los bancos a pagar por el dinero que custodian.
En los márgenes, la oferta empieza a moverse, según se apunta en el hilo.
Al 2,75% ya hay sucursales que remuneran el pasivo, las letras del Tesoro se colocan en torno al
3,6% y quien sepa elegir una cotizada que no sea un
truño puede pillar un 5% o un 6% de dividendo. Nada de eso compensa la hipoteca media, pero marca la dirección: el dinero empieza a tener precio también para el que presta.
La deuda pública que se paga con inflación
Aquí está la parte incómoda. Se sostiene que los Estados toleran tipos altos porque la inflación les licúa la deuda real y les dispara la recaudación sin subir un solo impuesto. El ciudadano, mientras tenga ahorros y margen en la tarjeta, sigue consumiendo y hace exactamente el juego que necesita el Tesoro.
El cálculo más repetido es que la deuda se pagará por inflación, porque no hay otra manera. Y la factura se cobra en años de poder adquisitivo perdido, no en un recibo. Desde la entrada del euro, la capacidad de compra se estima a ojo en un tercio de la que había antes. Dónde ha ido ese valor real sigue sin respuesta.
Japón: treinta años de dinero barato y precios planos
El contraejemplo que descoloca a la ortodoxia. El país lleva tres décadas con tipos mínimos y una expansión monetaria de dimensión desconocida, y los precios, según quien ha vivido allí años, apenas se han movido. Lo único que se ha hundido es el yen. La secuencia lógica se rompe: si imprimir dinero genera inflación, aquí no ha funcionado.
La respuesta más cínica que circula es que la inflación japonesa se ha
controlado cambiando al director del instituto de estadística, o directamente midiendo de otra forma. Y hay un matiz técnico que se sostiene en el hilo:
el método de cálculo del IPC ha ido variando con el tiempo, siempre para dar un valor más reducido. Según se cita, en Estados Unidos hay series alternativas que reconstruyen el índice con la metodología de los años ochenta, y las gráficas resultantes son escandalosas.
El Estado que se come el aumento de precios
La otra pata del diagnóstico. Se argumenta que buena parte de la subida no viene de la demanda, sino de un Estado que absorbe recursos y encarece cada eslabón de la cadena: presión fiscal cercana al
50% que acaba trasladándose hasta el consumidor final, trabas administrativas y costes energéticos.
En esa línea se apunta que
casi el 60% de la población adulta cobra un sueldo público y que la población productiva es cada vez menor. La conclusión que se extrae es dura: reducir la dimensión del Estado no lo vota casi nadie, y luego se protesta por los precios. El empobrecimiento del trabajador español, medido en sueldos que ya no dan para familias numerosas, se lee en clave inflacionaria.
Habitaciones para pagar la hipoteca
El efecto más visible en la vida diaria. La oferta de pisos compartidos ha subido un
34%, y la razón está en las cuotas: alquilar una habitación se ha convertido en la muleta para llegar a fin de mes cuando el euríbor aprieta. No es una estadística de vivienda, es un termómetro de la hipoteca.
Y la bola no se queda ahí. Los datos que llegan de Estados Unidos apuntan a un deterioro serio, y España está igual de endeudada o más. Cuando a una familia no le llegue para la vuelta al cole, para el combustible y para la comida inflada, empezarán los lloros. La cuota hipotecaria se habría triplicado en un año, según el cálculo que se maneja en el hilo.
Subir tipos para una inflación que no es de consumo
La crítica más técnica apunta a un error de diagnóstico: los bancos centrales encarecen el dinero para enfriar un consumo que ya está bajo mínimos. Ya nadie cambia de coche cada cinco años y la cesta se llena de marcas blancas. Si los precios suben por energía, materias primas e impuestos, subir el crédito solo arruina a empresas y familias sin tocar la causa.
Otra corriente sostiene lo contrario: que hay margen de subida, que los tipos llevan años por debajo de la inflación y que habrá que acostumbrarse a niveles medios. Y en medio, quien avisa de que la remuneración de los depósitos seguirá sin llegar y los sueldos no se van a actualizar con el IPC.
Con este cuadro, lo lógico sería ver colas para remunerar el ahorro. Se ven más colas para alquilar habitaciones. Ironía fina la del BCE: sube el precio del dinero y solo se entera el que lo debe.