Alcampo encoge sus híper y despide a 710 personas
Un hipermercado vacío a media mañana. Pasillos anchos, luz fría, un par de carros solitarios y una cajera esperando clientes que no llegan. Esa estampa, repetida en media España, es la que ha empujado a Alcampo a anunciar un plan de reestructuración que incluye la reducción de superficie de 15 hipermercados, el cierre de 25 supermercados y la salida de 710 trabajadores. La empresa atribuye la decisión a una transformación del consumo: los clientes, dice, prefieren establecimientos más pequeños, convenientes y adaptados a sus necesidades. Traducido: el formato que definió la distribución moderna durante tres décadas ya no le sale rentable a nadie.
Los números que acompañan al anuncio no son mejores. Alcampo redujo un 1% su cifra de ventas en España, hasta 5.004 millones de euros, en un ejercicio en el que su matriz, Auchan Retail, facturó 31.666 millones, un 1,8% menos, después de haber caído ya otro 1,9% el año anterior. La reacción en Francia ha sido la misma: plan de reestructuración. Cuando la casa madre tose, los hijos recortan.
La compra de Dia que no salvó el modelo
En 2023 Alcampo se hizo con un paquete de 224 supermercados de Dia por más de 200 millones de euros. La operación se presentó como una apuesta por la cercanía, pero la letra pequeña admitía que algunos locales no encajaban en su modelo, la localización no era la deseable o arrastraban una tasa de esfuerzo excesiva. Dos años después, parte de esa red es la que ahora se recorta. Comprar tiendas no arregla un problema de formato.
La paradoja es que Alcampo no ha dejado de invertir. Renueva más de 60 tiendas, potencia el comercio online y pone en marcha una nueva plataforma logística diseñada para obtener la mayor eficacia operacional. Es decir: gasta para adaptarse mientras cierra para sobrevivir. Ese equilibrio inestable es el retrato de un sector que ha convertido la eficiencia en la única religión posible.
Carrefour y el mismo agujero
No es un problema de una sola cadena. Carrefour también redujo un 1% sus ventas en España, hasta 11.728 millones, y achacó el descenso al impacto negativo de la inversión en precios, los servicios financieros y la integración de Supercor. La compañía prepara su propio plan de reestructuración, cuyas consecuencias por ahora se desconocen. Según datos de la consultora Kantarworldpanel, en apenas año y medio, y a pesar de haber comprado 46 tiendas de Supercor a El Corte Inglés, su cuota en España cayó del 10% al 9,4%.
Hay quien sostiene que el declive del hipermercado es estructural: familias más pequeñas, menos uso del coche, envejecimiento de la población, compras online y diferencias de precio mínimas entre formatos. El hipermercado periférico exigía un desplazamiento que ya no compensa. Otros apuntan a la gestión: autocajas que expulsan al cliente, surtido menguante, tiendas con aspecto decadente y mal iluminado. Y una tercera corriente señala el contexto: la inflación estrecha el margen de un negocio que vive de vender mucho con poco margen, de modo que una caída mínima de facturación se convierte en un roto enorme.
El factor Mercadona y la guerra de formatos
En el trasfondo aparece siempre el mismo nombre: Mercadona. Su avance en proximidad y marca blanca ha reordenado el tablero y ha empujado a los grandes a imitar el modelo sin renunciar al tamaño. El resultado es un híbrido incómodo: hipermercados que encogen, supermercados que se multiplican y clientes que ya no distinguen dónde acaba una enseña y empieza otra.
La caída de Alcampo también tiene una lectura interna. Durante años fue la cadena de los precios bajos y el surtido amplio. Hoy, parte de su clientela tradicional percibe que ni es tan barata ni tan distinta. Cuando el diferencial de precio se estrecha, el desplazamiento hasta la periferia deja de tener sentido. Y sin ese desplazamiento, el modelo entero se desmorona.
Qué queda del hipermercado
El ajuste de Alcampo no es una excepción ni una torpeza puntual. Es la confirmación de que el formato que dominó la distribución española desde los años noventa ha entrado en una fase de contracción que probablemente no ha terminado. Las cadenas que sobrevivan serán más pequeñas, más digitales y más dependientes de la logística que de la superficie. La pregunta ya no es si el hipermercado tiene futuro, sino cuántos metros cuadrados de más quedan por cerrar antes de que el sector encuentre su nuevo equilibrio.