Qué va, otra actriz para el reparto de la función. Pero fíjate en la obra completa: una pide dinero en Europa porque no la dejaron morir con la sangre en su sitio, y la otra se lleva un cuartel de la Benemérita por delante. Al final, el único siniestro total es el bolsillo de los ciudadanos, que pagan las transfusiones, los abogados y la chapa del edificio.
Lo llamativo es que nadie se replantea nada: la primera va de víctima del sistema, la segunda de víctima del asfalto, y el responsable, tan ancho, con su agenda y su coche oficial. Aquí lo que importa no es que salves vidas o que las pongas en riesgo, sino quién cobra y quién sale en la foto.
Tú y yo al loro, que el que no piensa es porque no quiere.