Eric Finch
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Lo que se dilucida el 29 de noviembre
22/10/2026Juan Abreu-Vozpópuli
- Todo indica que, poco a poco, antes de que se acuda a las urnas, la atmósfera de tensión y desprecio por la autoridad irá creciendo
Acabo de ver imágenes de una manifestación en Galicia contra Abascal y el partido VOX. Los grupos que protestaban e intentaban cancelar e intimidar a los partidarios del partido VOX estaban compuestos por la izquierda extrema, autodenominados antifascistas, y una miscelánea de jóvenes y grupos de universitarios víctimas del adoctrinamiento izquierdista en el sistema “educativo” español.
Los que intentaban conculcar el derecho de los simpatizantes de VOX a reunirse y de su dirigente, Abascal, a llevar a cabo su mitin, lanzaban pedruscos, bengalas y hasta piezas de hierro arrancadas del pavimento, capaces de causar daños graves, contra la policía. Todo mientras increpaban y se negaban a obedecer a los agentes del orden, que les llamaban a retroceder y despejar la plaza que ocupaban ilegalmente. Entre otras cosas, llamaban facinerosos a la policía, lo que resulta paradójico, porque era evidente que los grupos de la extrema izquierda, dada su actitud, actuaban de forma autoritaria. Sí. Europa debe volver a enfrentarse al autoritarismo, pero esta vez a uno encarnado en los grupos aupados y financiados por los socialistas, los sarracinistas, los separatistas tribales (en la manifestación de la que hablo, junto a las banderas palestinas ondeaban las de un partido independentista gallego), y las banderas rojas del comunismo.
Todo indica que, poco a poco, antes de que se acuda a las urnas, la atmósfera de tensión y desprecio por la autoridad irá creciendo. Desgraciadamente, creo que el objetivo es desatar el caos (a la francesa) con el cuento de la llegada de la extrema derecha facineroso y intolerante. Por otro lado, no hay de qué asombrarse. La tensión es y siempre ha sido la marca de agua de la Izquierda, que ante una derrota democrática tiende a soplar las trompetas de la Revolución. Y no perdamos de vista que esta vez la democracia española se enfrenta a una alianza tripartita nunca vista: la de la Izquierda neocomunista, el sarracinismo y el tribalismo. Banderas rojas, sarracinistas (léase palestinas) y tribales marchan juntas y su objetivo es la disolución y final destrucción de la democracia española.
Grupos de izquierda, pro religiondelamor, wokista, teledirigidos y subvencionados saldrán a las calles para imponer una atmósfera de fanatismo, ignorancia y tensión social que facilite la permanencia del sanchismo en el Poder. Ese parece ser el panorama del futuro inmediato.
Es muy curioso que en España la tensión (sarracena o física) que ejerce la Izquierda es justificada, aupada y hasta mimada (hay coberturas televisivas en las que sólo falta caerle a besos a los acampados), mientras que la supuesta tensión de la Derecha (que comparada con la de los agitadores y radicales ideológicos izquierdistas, no existe) es demonizada hasta la extenuación, y convertida en objeto de propaganda al servicio de la romantización de los desmanes, en este caso, del sanchismo.
La izquierda es muy dada al uso de la tensión y el salvajismo totalitario para llegar (véase cualquier “revolución” y en especial, la progenitora de todas las violencias y todos los salvajismos totalitarios, pongamos que hablo de la Revolución Francesa), o conservar el Poder. Ya en España comienza a ponerse en práctica esta tensión (por ahora contenida, porque albergan la esperanza de que el sanchismo pueda ganar las elecciones, a pesar de todo) pero veremos qué pasa si esa esperanza se va desvaneciendo. Y cuando hablo de tensión hablo de toda la tensión, no solo de las quemas y destrucción de la propiedad pública y privada, también de una forma de tensión que considero más destructiva: la censura. En España la izquierda ha normalizado que los que no participan de sus delirios neocomunistas y anticapitalistas no puedan hablar en universidades y otros espacios públicos y culturales. ¿Puede seguir llamándose democrático un sistema donde la libertad de expresión es coartada sistemáticamente por grupos de fanáticos al servicio del Gobierno?
Basta repasar el comportamiento de Sánchez y su equipo en pasadas elecciones para dudar de la victoria de la decencia el próximo día 29 de noviembre. ¿Ya se nos ha olvidado la imagen de uno de sus colaboradores cargando una caja llena de votos? ¿Vamos a creer que la colonización del CIS, de INDRA, de Correos, del Tribunal Constitucional (para no mencionar la compra de UGT y CCOO y la creación de un ejército de nietos en Cuba) son todas casuales e inocentes? ¿Olvidaremos que hace ocho años que sufrimos a un Gobierno ineficiente, pro islámico y por lo tanto pro oleada turística sarracinista, un Gobierno que desprecia o suspende la actividad del Congreso cada vez que le conviene, que gobierna mediante decretos, que pretende convertir el país en un régimen autoritario en el que Sánchez sea titiritero, amo y señor de lo que seguiremos llamando democracia, pero que será en realidad un Estado sanchista, populista, clasista, un Estado neocomunista de inspiración, verborrea y modos castristas?
Un futuro de Decencia, o Infamia, eso es lo que se dilucida el próximo 29 de noviembre. Ojalá los ciudadanos españoles lo comprendan, y actúen en consecuencia.
