El Jetta gasta menos que los Ibizas, Polos y Fabias con el mismo motor
Hay una tabla de consumos reales circulando por internet que ha puesto patas arriba más de una decisión de compra. Cincuenta gasolina y cincuenta diésel, medidos en pruebas de publicación especializada, y un resultado incómodo para el grupo VAG: el
Jetta consume menos que los Ibiza, Polo y Fabia con idéntico motor. La explicación que se apunta es sencilla: el Jetta monta una caja de
seis velocidades y sus primos de plataforma, no. El grupo debería mirárselo, según el forero que abrió el hilo.
En diésel las diferencias entre modelos son mínimas. En gasolina, el escalón es más ancho. Y en ambos casos, el precio del carburante sigue mandando: quien haga muchos kilómetros al año, el diésel todavía sale a cuenta. Quien haga pocos, ya no.
El 206+ y el viejo 1.4 MPI del Polo dan un repaso a motores modernos
El humilde Peugeot
206+ —ese coche que muchos consideran anacrónico— se ha destapado como campeón de la economía. Y el
vetusto 1.4 MPI del Polo ha dado un repaso a más de un motor de última generación. Mientras tanto, el
twin air del Fiat 500 se lleva un cero patatero: mucho marketing, poca eficiencia.
Los híbridos salen excelentes en la tabla, pero hay un recelo que no se va con datos:
el tema de las baterías. Según un forero, casi todo el que ha tenido una ha sufrido una que no duró lo prometido. Imagínate que eso te pase en tu flamante híbrido recién comprado.
El BMW 320d y el Giulietta 1.6 JTD: consumos reales frente a precio de compra
El
320d consume poco para los 160 caballos que ofrece. Hay quien sostiene que eso lo convierte en un coche lonchafinista; el matiz es que cuesta
45.000 euros. Gastarse ese pastizal para ahorrar dos litros a los cien es, cuando menos, discutible. Un vecino lo compró precisamente por el consumo y presume de ello. Cada cual hace sus cuentas.
Un
Giulietta 1.6 JTD de 105 CV matriculado en julio de 2010 recorre 955 kilómetros sin repostar, con 40-50 km diarios de autovía y 10 de ciudad, respetando límites y usando el start-stop. No está en la tabla. Tampoco un
Seat Arosa SDI de 1998 que se conforma con 3,8 litros a 90 km/h y 6,3 en ciudad. La pregunta incómoda: si en 1998 había coches así, ¿qué ha hecho trece años de progreso tecnológico?
El consumo real depende del trayecto y del pie derecho
Un
KIA Ceed diésel idéntico al de la tabla rinde 5,9-6,2 litros en uso real, bastante por encima de la cifra publicada. Un
Focus TDCi 1.6 de 109 CV hizo 600 km de autovía a 116 km/h de GPS con control de crucero: 4,7 de ordenador, 5 reales. Un
Honda Jazz CVT de 2002 ronda los 5 litros reales practicando conducción eficiente y controlando la presión de los neumáticos dos veces al mes. La conclusión es la de siempre: las pruebas se hacen en condiciones que nadie reproduce.
El embrague bimasa y otras facturas que no salen en la tabla
El ahorro de combustible se lo come el mantenimiento. Los embragues bimasa —hoy en todos los coches— cuestan
900 euros o más y se rompen sí o sí. Según un forero, el grupo VAG tiene una circular interna que recomienda sustituirlos por el convencional en taxis y profesionales. Los motores viejos se podían tocar; los nuevos van por packs que se cambian enteros.
Por qué el Lupo 3L fracasó y qué dice eso del mercado
El
Lupo 3L prometía menos de tres litros a los cien. Fracasó: caro de compra, carísimo de mantener, con partes electromecánicas que pocos mecánicos sabían ajustar. El mercado prefiere
120 caballos con cuatro litros a 60 con dos. Es lógico: se fabrica lo que se demanda.
Con estos datos encima de la mesa, el diésel sigue teniendo sentido para muchos kilómetros y la gasolina ha dejado de ser una mala palabra. Lo que no cuadra es que un coche de 1998 gaste la mitad que uno de 2011. Ahí nadie da una respuesta que cierre.