Lo que acierta y falla al comparar a Calvino con un talibán
¿Fue Calvino el talibán del siglo XVI? La comparación tiene una verdad incómoda: la furia iconoclasta de los reformadores radicales encaja con la demolición de los Budas de Bamiyán. Hugonotes franceses desvalijaron catedrales enteras con la misma convicción con la que un muecín llama a la oración. Pero el parecido se agota en la imagen. Cuando se mira el detalle, la analogía se descoyunta.
La iconoclastia como punto de encuentro
El extremo más citado es Münster, donde los anabaptistas instauraron una teocracia efímera con poligamia, comunismo de bienes y destrucción del arte medieval, incluido el reloj astronómico de la catedral. Fueron masacrados por católicos y protestantes a la vez. Esa violencia religiosa tiene su paralelo en la lógica talibán: el objeto sagrado ofende a Dios, así que se destruye.
El literalismo que se volvió herejía
La ironía fina llega con el
sola scriptura. Calvino ejecutó a Miguel Servet no por moderado, sino por llevar ese principio hasta negar la Trinidad. Los socinianos, otra corriente antitrinitaria, acabaron exiliados en Raków hasta su expulsión en 1658. El propio cristianismo institucional puso freno a esos literalistas radicales cuando tocaron el dogma. Lo que en otros contextos es doctrina oficial, aquí fue una herejía aplastada.
El cristianismo domó a sus talibanes internos. En otras tradiciones, la batalla interna contra el literalismo sigue sin cerrarse. O lo que es lo mismo: el manual de instrucciones sigue abierto en el capítulo de las cabezas.