El hilo del piso salta a la calle y al valor de 800.000 euros
Cuarenta mensajes el mismo día, el
25 de septiembre, y el piso de renta antigua de Retiro aparece cada vez menos. La negativa municipal que ocupaba la página anterior se ha caído del foco. Lo que se pelea ahora es quién es la víctima del caso, cuánto vale la casa, cuánto pagaba la inquilina y quién es el siguiente. El hilo se ha partido en dos y ninguna de las dos mitades habla ya de la EMVS.
Qué se ha sabido
En este tramo se cuelgan dos vídeos de YouTube y dos tuits. Uno de los vídeos se comenta como prueba de un montaje: un participante asegura que en televisión se puso «a la vista de todo el mundo» el montaje con el que, según él, se manipuló el asunto de Maricarmen, y carga contra el periodismo que llama sensacionalista. El mismo forero describe el segundo vídeo: la llegada del presidente del Gobierno en un operativo con cientos de escoltas y decenas de coches,
más que los desplegados en Ceuta para la frontera, y se mofa de que la izquierda esté indignada por ello. Los dos tuits se pegan sin desarrollo; uno de ellos apenas trae una imagen.
Nadie cuelga el contrato ni una sentencia. Los números sí entran, y con fuerza. Un participante afirma que el piso está tasado en más de
800.000 euros y que hasta hace pocos años la inquilina pagaba
300 euros al mes. Otro replica que el piso es «muy sencillo» y el edificio «normalito», y que la tasación solo demuestra que en Madrid hay una estafa en los precios de la vivienda. Un tercero hace una división: para cubrir una renta de
2.600 euros con aportaciones de
50 harían falta
52 personas. Lo publica en mayúsculas, como quien cierra un expediente por la vía rápida. Nadie lo discute y nadie lo adopta.
Dónde está la bronca
Primera grieta: quién es la víctima. Un bloque lo tiene claro y lo dice sin rodeos: las verdaderas víctimas a proteger son los dueños del piso. De ahí salta al argumento económico: usurpar el derecho de propiedad es nefasto para la economía y proteger al propietario no es altruismo, es egoísmo bien entendido. En la misma línea, otro participante defiende que la seguridad jurídica es uno de los pilares del libre mercado y que el propietario lleva años atascado en una situación desigual al tener que mantener un alquiler irrisorio. Y hay quien sube un escalón: sostiene que la compañía es una empresa pequeña y no un fondo buitre, y plantea responder a la difusión de datos personales con la misma difusión de datos personales.
Enfrente, la otra mitad no discute la propiedad: discute el uso. Un participante no entiende por qué se considera progresista que una señora ocupe una vivienda de casi
100 m2 que alojaría a cinco o seis personas, después de décadas de renta heredada. Otro sostiene que la demanda se dispara cuando llega población nueva, y niega que el problema sean los fondos. Y en el bloque que celebra la presión, la lectura es la contraria: plegarse ante las amenazas ha sido un error, hay que combatir a la otra mitad en todas partes, y la distancia entre los dos bandos ya solo se cierra a golpes.
Ahí entra la historia. Un participante monta la analogía con la Falange: empezaron flojos, se lo tomaron en serio y no pararon hasta
1939. Traduce luego la bronca a escaños: el Gobierno no tiene votos para sacar su decreto porque Junts prefiere votar con PP y Vox; hacen ruido, están mejor organizados, pero son menos. Y remata con la previsión de que una victoria del ala derecha deje al otro bloque sin oxígeno institucional. Otra vía, más corta y más seca: la violencia vuelve a ganar. Y una tercera, cínica: si esto sigue así, lo rentable es ocupar y dar pena.
Entre medias, el hilo también se rompe por abajo. Mensajes que solo insultan, respuestas que no contestan a lo que se preguntó, un usuario que anuncia que ha mandado a otro al ignore y otro que le responde desde fuera del hilo. Ninguna de esas discusiones toca el piso.
El siguiente caso y la cuenta de los 52
Aparece por primera vez un nombre nuevo: Paquita, otra inquilina anciana a la que, según un participante, van a desahuciar en Madrid. Su lectura es que hay un caso detrás de otro, una reserva de ancianas entrañables para fabricar conciencia social. Nadie responde con datos. Tampoco nadie explica qué relación tiene ese caso con el de Retiro, más allá de la edad de las afectadas.
Qué cambia respecto a antes
Lo que ocupaba la página anterior —la oferta tumbada por la EMVS, la mediación municipal— desaparece del debate. Ya no se discute si el piso entra o no en Reviva: se discute si los propietarios son víctimas, cuánto vale el metro cuadrado en Madrid y qué pasa con el próximo desahucio. También es nuevo el eje electoral: por primera vez se mide el asunto en votos del Congreso y se pone fecha a la siguiente cita, las elecciones del
27. Y entra una propuesta que no tenía precedente en el hilo: cerrar el conflicto con dinero de
52 bolsillos ajenos, una división que se pega una vez y se deja caer.