Los EEF y el enigma de los rubios europeos
La genética histórica ha vuelto a agitar una de las preguntas más incómodas de la prehistoria europea: ¿qué población trajo consigo los rasgos claros –rubios y ojos azules– que hoy asociamos con el norte del continente? La última polémica señala a los agricultores neolíticos de Anatolia (EEF), concretamente a la cultura de la ánfora globular del centro y este de Europa.
Los defensores de esta tesis sostienen que los EEF centro y esteuropeos, genéticamente emparentados con los sardos actuales, habrían aportado el “blondismo” a través de su mezcla con los pastores yamnaya, que habrían sido más oscuros. Para ello se apoyan en una interpretación de los haplogrupos y en la distribución geográfica de esos rasgos.
La réplica no se hizo esperar. Se recuerda que los yamnaya ya mostraban una incidencia no testimonial de rubios y ojos azules mucho antes de pisar Europa occidental, como sugerirían las momias tocarias del oeste de China. Y se añade un dato incómodo: Irlanda, con su alta frecuencia de pelirrojos, comparte con España el haplogrupo paterno R1b, atribuido a los esteparios. Si los EEF fueran los responsables, la distribución debería ser otra.
El debate, como suele ocurrir en genética histórica, se queda atascado en la interpretación de los datos. Lo único seguro es que los europeos modernos son el resultado de un cóctel de migraciones mucho más complejo que el de “invasores rubios” y “granjeros morenos”.