El liberal compra el espiómetro y lo llama libertad
Tiene elección: sistemas operativos abiertos, sin telemetría, donde el dueño del móvil manda. Y, aun así, la mayoría de quienes desconfían del poder corporativo sigue pagando con datos al ecosistema woke de Apple y Google. No hay imposición: es una decisión de mercado.
El argumento más repetido para quedarse en el redil es el trabajo. Ciertas aplicaciones solo funcionan en Android con Google o en iOS, y eso justifica el peaje. Pero la excusa se desmonta sola: GrapheneOS y LineageOS permiten usar el móvil sin rastreo, y el correo Proton sustituye a Gmail en lo serio. El coste real no es técnico, es la comodidad.
La ironía es doble. Los mismos que acusan a las tecnológicas de manipulación ideológica se entregan a ellas voluntariamente, con tarjeta y datos. El liberalismo prometía que el consumidor racional elegiría la mejor opción. El resultado es que no lo hace, y el triunfo woke se consuma por decisión propia.
La esperanza se llama Motorola: si llega a vender móviles con GrapheneOS nativo, el argumento de la complejidad se evapora. No conviene apostar por un cambio de comportamiento. La coherencia, como la privacidad, exige esfuerzo. Y el consumidor medio prefiere que se la den mascada.