Azerbaiyán exige cuentas a Moscú por el derribo del vuelo de Grozni
¿Fue una bandada de pájaros o un misil antiaéreo? El vuelo de Azerbaijan Airlines que cubría la ruta Bakú-Grozni el 25 de diciembre acabó estrellado en Kazajistán con 42 muertos confirmados y entre 12 y 28 supervivientes, según los primeros recuentos. La aerolínea atribuyó el siniestro al impacto con aves. Los supervivientes grabaron otra cosa: metralla repartida por todo el fuselaje, agujeros en la cabina y en los chalecos salvavidas, y daños en los extremos de las cápsulas del ala. La versión oficial no aguantó ni un telediario.
Qué dicen los daños del fuselaje sobre el derribo
Los agujeros no son compatibles con un choque con aves. Eso es lo que sostienen quienes han analizado las imágenes difundidas por los propios pasajeros: impactos de fragmentos a lo largo de todo el aparato, incluida la cabina, y una trayectoria de vuelo errática antes de la caída. El avión despegó de Bakú a las 6:50 hora de Moscú con destino a Grozni, donde debía aterrizar a las 8:20. Poco antes de llegar, cambió de rumbo, sobrevoló el mar Caspio y se dirigió hacia Kazajistán, donde finalmente se estrelló.
La hipótesis que gana peso apunta a un sistema de defensa antiaérea ruso en funcionamiento en Grozni por un ataque de drones ucranianos en ese momento. El aparato habría recibido metralla de un misil y habría intentado un aterrizaje de emergencia en Kazajistán. Ucrania asegura que el siniestro se produjo por un ataque ruso. Las autoridades rusas y la aerolínea mantuvieron la versión de las aves.
La disculpa de Putin y las exigencias de Azerbaiyán
Putin se disculpó por «el trágico incidente» que derribó el vuelo comercial, según las informaciones publicadas. El presidente azerí, Alyev, fue más lejos y presentó exigencias concretas: que Rusia pida disculpas a Azerbaiyán, admita su culpa, castigue a los autores, los lleve ante la justicia y pague una indemnización a Azerbaiyán, a los pasajeros y a la tripulación.
El pulso diplomático se produce en un contexto incómodo para Moscú, con varios reveses acumulados en pocas semanas. La comparación con el derribo del vuelo MH17 sobre Ucrania en 2014 aparece en cuanto se conocen los primeros detalles técnicos.
El patrón que se repite: defensas antiaéreas y aviones civiles
No es la primera vez que un sistema antiaéreo confunde un avión comercial con un objetivo militar. El vuelo de Ukrainian Airlines derribado en Irán es el precedente más citado. La coincidencia de inhibidores de GPS, señales ADS-B manipuladas y operadores bajo presión se repite en los análisis técnicos que circulan.
Hay quien sostiene que el problema no es el sistema, sino quién lo opera. La tesis de que un oficial ebrio y paranoico creyó ver un dron ucraniano rumbo a Grozni circula con fuerza en los análisis más críticos con el Kremlin. La mayoría de las víctimas eran civiles rusos.
Quién viajaba en el avión: la teoría sin pruebas
La versión que atribuye el derribo al transporte de generales de la OTAN no tiene ningún respaldo documental. Circula en los mismos canales que niegan cualquier responsabilidad rusa y que atribuyen el siniestro a un misil ucraniano. Ninguna de esas hipótesis ha sido confirmada por fuentes independientes.
Lo que sí está confirmado es el número de fallecidos y la existencia de supervivientes que grabaron los daños antes de ser evacuados. Un pasajero grabó el momento en que se desplegaron las mascarillas de oxígeno.
El coste reputacional para Moscú
El derribo llega en un momento en que Rusia acumula pérdidas materiales y de imagen: tres petroleros hundidos con desastre ecológico, el submarino Ursa fuera de servicio y la caída de Damasco. La disculpa de Putin no evita que la pregunta siga abierta: ¿cuántos aviones civiles más van a caer antes de que alguien revise quién opera los sistemas antiaéreos cerca de aeropuertos comerciales?
La respuesta, de momento, es la misma que en 2014: ninguna.