Losantos carga contra VOX: «solo quedan mamarrachos y yunques»
La frase que ha encendido la mecha es de Federico Jiménez Losantos, y no es un matiz: «Echasteis a los liberales, solo os quedan yunques». El locutor, que durante años ha sido altavoz del voto útil a la derecha del PP, ha pasado a describir el partido de Santiago Abascal como un refugio de «jóvenes, mamarrachos, infovloggers y cretinos». La andanada, difundida a través de un tuit, llega en un momento en el que VOX intenta rentabilizar su presencia institucional con iniciativas como el cierre de mezquitas que promuevan el yihadismo o una querella por prevaricación contra la Mesa del Congreso por admitir a trámite la ley de amnistía.
Qué dijo exactamente Losantos sobre VOX
El texto que circula atribuye al locutor una descripción sin concesiones de la actual dirección del partido. Habla de una purga interna que habría dejado fuera a los perfiles liberales y a quienes, según su criterio, tenían formación para leer y escribir. En su lugar, sostiene, queda un núcleo de jóvenes dedicados a la comunicación digital y a la rezar, con Ignacio Garriga como referencia. La crítica no es ideológica en el sentido clásico: es una acusación de
vaciado intelectual y de sustitución de cuadros por altavoces.
La reacción en el entorno del partido no se ha hecho esperar. Hay quien sostiene que el ataque responde a un motivo mucho más prosaico: la financiación de la emisora del locutor y la pérdida de oyentes. Se menciona una fundación y una cifra concreta, once millones, que según esta versión estaría en el centro del enfado. Es decir, el diagnóstico de Losantos sería menos un análisis político que un ajuste de cuentas por audiencias y subvenciones.
El efecto real: ¿refuerza o desgasta a VOX?
Aquí el material se parte en dos corrientes bien diferenciadas. Una sostiene que el ataque es, paradójicamente, un argumento para votarles: si les pegan desde el PSOE y desde el PP, es que siguen incomodando. La otra, más pesimista, habla de un partido que ha entrado en la rueda que ya se llevó por delante a otras formaciones: cuando una organización se queda solo con los más puros, tanto en la militancia como en el electorado, se convierte en una cámara de eco que expulsa votantes en lugar de captarlos.
El cálculo más optimista asume que VOX es la única derecha real que queda en España, frente a un PP que juega a policía bueno y policía malo. El escenario pesimista parte de que la formación ya está acabada, con una cúpula renovada que no convence a los cuadros históricos. Entre ambos extremos, una evidencia: el partido ha pasado de repartir caña en cada comparecencia a defenderse de sus propios aliados naturales.
La estrategia parlamentaria que acompaña la polémica
Mientras el fuego cruzado se produce en el terreno mediático, VOX mantiene su actividad en el Congreso. Ha presentado una iniciativa para impulsar el cierre de mezquitas que promuevan el yihadismo, reclamar la expulsión de imanes radicales y crear un registro de centros fundamentalistas. También ha anunciado una querella por prevaricación contra los miembros de la Mesa del Congreso que apoyaron admitir a trámite la ley de amnistía, con el argumento de que tenían conocimiento manifiesto de su inconstitucionalidad.
En paralelo, el partido se presenta como el voto útil en Galicia. Ignacio Garriga lo resume en dos puntos: a más VOX, menos BNG, y cuando VOX entra en gobiernos, cambia políticas. Es la misma formación que, según el material, denuncia fake news de los medios del bipartidismo y que ha visto cómo su nombre se usa como arma arrojadiza en tertulias y redes.
El desgaste de los altavoces y el futuro del espacio
La paradoja es que quien fuera uno de los principales altavoces del voto a VOX ahora es señalado como parte del problema. La pérdida de oyentes de su emisora, la marcha de colaboradores y la sensación de que el discurso se ha quedado sin munición política dibujan un escenario incómodo para ambos lados. El partido necesita altavoces, pero no los controla. El locutor necesita audiencia, y la audiencia se está desplazando.
¿Se puede reconstruir ese espacio sin los cuadros que se han ido? La respuesta no está en el material. Lo que sí está es la constatación de que la derecha española sigue buscando su relato, y que cada intento de fijarlo termina en una pelea entre quienes deberían sostenerlo. Con estos mimbres, el cesto no se sostiene solo.