Dormir dentro del coche: la alternativa que crece con el precio de la vivienda
¿Merece la pena dormir dentro de un coche para ahorrar en alquiler? La respuesta que da un número creciente de conductores es sí, y no hablamos de furgonetas camperizadas de 60.000 euros. El planteamiento es más simple: un turismo de segunda mano, un colchón inflable y las ventanillas cerradas. La ecuación funciona para quien pasa dos o tres noches por semana fuera de casa, para el que trabaja lejos o para el que directamente ha convertido el vehículo en su habitación. El ahorro no es simbólico: hay quien duerme varias noches semanales en un KIA Cerato y asegura que se ahorra una pasta. La conversación sobre qué coche sirve para esto se ha convertido en un pequeño género literario dentro de la economía doméstica.
Qué coches permiten dormir dentro sin obras
La lista que manejan los más experimentados no incluye furgonetas caras. El Ford C-Max y el Alfa Romeo 159 SW aparecen como ideales por longitud y por comportamiento. El 159 SW diésel se describe como más largo que un Qashqai, con una conducción que es gloria y un motor duro. El Ford C-Max se lleva con un dedo, según quienes lo han conducido. El Tesla también aparece, aunque con la advertencia de que su utilidad para dormir es real pero su precio no. Y hay sorpresas: el Twingo permitía hacer una cama dentro, algo que en su momento fue insuperable.
La clave no es el modelo sino la longitud total del vehículo. Por eso se recomienda consultar bases de datos de dimensiones antes de comprar. Un coche que abate los asientos traseros hacia arriba puede quedarse corto: hay quien duda de que un Ford Fusion deje 180 centímetros hasta el portón. La diferencia entre 180 y 190 centímetros de cama es la diferencia entre dormir y no dormir.
El kit de quita y pon frente a la furgoneta de 60.000 euros
La opción de la furgoneta camperizada recibe críticas por su precio. Pagar 60.000 euros por una furgoneta se considera un robo cuando para ducharse están los gimnasios y las piscinas, y para comer los bares de hospitales y polígonos. La alternativa es una furgoneta vieja: una Peugeot J5 del año 89 costó 1.500 euros y tiene un seguro de 100 y pocos euros, según cuenta un usuario. Una furgoneta vacía cuesta 4.000 euros; con asientos giratorios se anuncia entre 4.500 y 5.000; con un mini mueble a medida, 6.000; con mesita y cocina, 7.000; y con colchón desplegable de tres piezas que hace una cama de 120x180, casi 8.000, según un cálculo que circula en el hilo. El mercado quiere todo hecho.
Frente a eso, el kit de quita y pon para un turismo permite tener un solo vehículo multiuso en lugar de dos con el doble de posibilidades de averías. La C-Max y la S-Max aparecen como primeras opciones por conducción, aunque el 159 SW gana para quien no necesita esa facilidad.
La ventilación, el frío y el vaho: la física de dormir en un coche
Dormir con las ventanillas cerradas es la práctica mayoritaria entre los veteranos. El vaho se evita a costa de pasar más frío, pero el oxígeno no se acaba si duerme solo una persona, según quienes lo practican. La lluvia se maneja abriendo un poco la ventanilla del lado bueno, o colocando un deflector de brisas. En furgonetas con ventana corredera, una rejilla encajada y un listón de pino que bloquea el carril resuelven ventilación y seguridad. El cartón en el suelo y un buen saco de dormir son el equipo básico. Una milésima abierta, siempre, recomiendan los más prudentes.
El invierno y la lluvia son el enemigo real. Quien lo ha probado dos meses habla de disciplina y de terapia, pero también de que con frío y agua la cosa se pone complicada. La base operativa cercana para los fines de semana es lo que hace sostenible la fórmula.
La guerra contra la electrónica y las averías
Hay un consenso amplio en que a partir de 2003 los coches se llenaron de centralitas y dispositivos electrónicos que bloquean el vehículo y multiplican las visitas al mecánico. El cierre centralizado y los elevalunas eléctricos se aceptan como males menores, pero ambos pueden dar problemas. La fecha exacta varía: hay quien sitúa el inicio de la invasión electrónica entre 2008 y 2010. Un usuario afirma tener un Octavia del 99 con bomba rotativa que funciona hasta con aceite de fritura bien filtrado y acumula 630.000 kilómetros. La conclusión práctica es que un buen mecánico es oro y que las diferencias entre uno y otro son abismales.
La pregunta no es si se puede dormir en un coche. Se puede, y hay quien lo hace todas las semanas. La pregunta es cuánto tiene que subir el alquiler para que la ventanilla entreabierta y el saco de dormir dejen de parecer una excentricidad y empiecen a parecer una decisión financiera razonable.