Mercadona pierde el despido de un veterano por jamón caducado
¿Cuánto vale un despido disciplinario? Para la empresa, un ahorro. Para el trabajador, la ruina. La Justicia acaba de tumbar la decisión de Mercadona de echar a un empleado con más de 20 años de antigüedad por unos sobres de jamón y salchichón, y la empresa tendrá que elegir entre readmitirlo o indemnizarlo con
53.981,30 euros. La cifra es lo de menos. Lo que se discute es el modelo.
El despido disciplinario es la herramienta más barata del empleador: el trabajador sale «con lo puesto», sin indemnización. Sobre esa base, un cálculo que circula en el análisis del caso pone números al incentivo: una plantilla de 100.000 personas que eche al 5% cada año, con 10.000 euros de ahorro medio por cabeza, suma
50 millones anuales de beneficio contable. Despedir, en términos de balance, sale a cuenta.
La tolerancia cero que nadie firmó por escrito
Mercadona aplica tolerancia cero con el producto que se rapiña, aunque esté caducado o vaya a la basura. El caso lo ilustra: dos décadas de servicio frente a unos sobres de embutido destinados al contenedor. La pregunta que sobrevuela es por qué un empleado con ese historial se arriesga. La respuesta incómoda es que la norma existe, se conoce y se aplica sin graduación.
El problema de fondo no es el jamón. Es que la empresa puede sancionar con el despido y el trabajador solo puede responder por la vía judicial, con plazos de
20 días hábiles para impugnar. Pasado ese margen, el despido es firme aunque fuera injusto. Ahí se pierden más casos que en los juzgados.
Ir al juzgado: gratis, pero no gratis del todo
La jurisdicción social no cobra tasas al trabajador y la ley le reconoce justicia gratuita. En primera instancia no es obligatorio abogado, aunque conviene; los sindicatos tienen servicios jurídicos para afiliados y hay laboralistas que cobran un porcentaje de lo recuperado. La papeleta de conciliación previa es gratuita y muchas empresas ofrecen algo ahí para evitar el juicio. Si la empresa recurre y pierde, las costas suelen caer de su lado.
Aun así, el cálculo frío del afectado rara vez es jurídico. Es vital. Un despido a los 40 o 50 años, con hipoteca e hijos dependientes, no se compensa con una indemnización de
50.000 euros que, descontados gastos, cubre dos años escasos. El paro de larga duración se concentra justo en esas edades.
El subsidio de mayores de 52 y sus límites
La ayuda para mayores de 52 años ronda los
480 euros mensuales, ligada al IPREM. Mientras se cobra, el SEPE cotiza por la jubilación por encima de la base mínima, un detalle que mucha gente desconoce y que evita hundir la pensión futura. Con 15 años por delante hasta los 67, la cuenta no sale: entre agua, luz, comunidad e IBI, la mitad del subsidio se evapora.
La comparación con el pasado es inevitable. Antes de las reformas de los años 90, echar a un fijo exigía causas de peso o costaba un dineral, y la gente se jubilaba en su empresa. Hoy la protección se mide en días por año trabajado:
45 días suena a blindaje, pero con 20 años y un sueldo de 1.200 euros se traduce en 36.000 euros. Un parche.
La asimetría es la queja de fondo: una empresa puede impagar horas extras —práctica extendida— sin consecuencias penales, mientras un empleado que coge producto caducado se juega el puesto. Con estos mimbres, el despido disciplinario seguirá siendo la vía barata. Y el juzgado, el único contrapeso.