(mensaje citado en revisión)
Ah, claro: ahora resulta que la solución es aplicar el «sentido común». Precisamente ese sentido común que lleva desplegando durante todo el hilo, comparando situaciones que no coinciden ni en la época, ni en la geografía, ni en el contexto histórico, ni en el marco jurídico. Pero, por alguna razón, debemos aceptar que de ese conjunto de analogías sale una conclusión seria.
Y ahora añade que las fronteras del mundo pueden rediseñarse mediante el sentido común, como si fueran las líneas de un croquis mal hecho y usted tuviera el privilegio exclusivo de decidir qué territorios resultan razonables y cuáles no. Una teoría geopolítica de enorme rigor: ignorar la historia, el derecho y la soberanía, y sustituirlos por lo que a uno le parezca intuitivo esa tarde.
Llegados a este punto, lo dejo aquí, porque la conversación ha dejado de tener sentido. Le cedo el hilo para que continúe enlazando Ceuta con la guerra del Rif, las Molucas, la caída de Constantinopla o cualquier otro episodio que encuentre en el índice de un libro de historia. Seguro que, con suficiente imaginación, acaba demostrando cualquier cosa.
Y, respecto a Gibraltar, prefiero dejar a un lado ese «sentido común» de geometría variable y atenerme a la legalidad internacional. Desde hace décadas, Naciones Unidas incluye Gibraltar entre los territorios pendientes de descolonización y ha reclamado que se resuelva su situación.
Otra cosa es fingir que la realidad estratégica no existe. Gibraltar es un enclave militar y geopolítico de primer orden, de modo que resulta bastante evidente que su descolonización no será precisamente sencilla ni inmediata.
Pero no voy a dedicarme a improvisar soluciones desde una conversación en internet ni a repartir territorios como quien juega al Risk. No soy político y, a diferencia de algunos, no necesito disfrazar mis ocurrencias personales de doctrina internacional.