La fotovoltaica que prometía ahorro tarda 12 años en amortizarse
¿Cuántos años tardas en recuperar lo que pagaste por tus placas solares? La respuesta depende de tres variables —potencia, baterías y precio de la luz— y en el escenario menos amable se estira mucho más de lo que prometía el comercial de turno. El presupuesto de referencia que se maneja en esta discusión es de
8.000 euros por 6 kW sin baterías y
18.000 por la misma potencia con 14 kWh de acumulación. Con un consumo de 4.500 kWh anuales en una vivienda unifamiliar aislada, la factura ronda los 675 euros al año sin contar potencia ni peajes, que se siguen pagando por estar enganchado a la red. De ahí salen los plazos:
entre 12 y 14 años en el primer caso y cerca de 30 en el segundo.
¿Cuánto cuesta una instalación de placas solares y cuánto tarda en pagarse?
Los presupuestos que aparecen en este asunto van de lo razonable a lo directamente temerario. Una oferta de 3,5 kW por 7.500 euros se vendía con el argumento de ahorrar 50 euros al mes y quedar amortizada en seis años. Otra de 4 kW por 8.000 euros, instalada pocos meses antes, dejaba 30 euros de descuento en cada factura. La aritmética no falla: si la factura anual es de 675 euros y hay que pagar peajes y potencia de todos modos,
la instalación tarda en pagarse a sí misma más de una década antes de que entre en juego ninguna subvención.
Hay un matiz que cambia por completo el resultado y casi nadie lo menciona al firmar.
Si el kilovatio baja de precio, el plazo casi se dobla. Una factura de 90 euros con el kilovatio a 30 se convierte en una factura mucho más barata con el kilovatio a la mitad, y el
ahorro anual se recorta justo en la proporción en que se abarata la energía. Cuanto mejor sea la tarifa que consigas sin placas, peor es el negocio de las placas.
Por qué el mismo panel sale rentable en un caso y ruinoso en el de al lado
Existen instalaciones amortizadas en año y medio, y no es una excepción rara. Una de julio de 2019, montada antes de que el mercado se disparase, acumula tal diferencia de precios a su favor que su dueño la da por pagada. Otra de 3.600 euros para 2,2 kW, con 1.500 euros de subvención y una deducción del 60% en IRPF, generó 600 euros de ahorro en 2022 y unos 300 en 2023, con los datos de distribuidora y comercializadora apuntados en una hoja de cálculo propia.
El cálculo más optimista se apoya siempre en lo mismo: subvención cobrada, deducción fiscal aplicada, descuento en el IBI y una tarifa con compensación de excedentes. Uno de los casos más citados pasa de 200 euros de factura a cero con 19.000 euros invertidos en dos casas. En el extremo opuesto,
hay quien reconoce que le queda más de veinte años para amortizar la mitad que le falta, aunque durante seis meses al año solo pague peajes.
En el uso industrial la película cambia por completo. Una empresa que invirtió 150.000 euros calcula que la instalación quedó amortizada en un año entre subvención, IBI y reducción de factura, con un ahorro anual próximo a los 70.000 euros y garantía de fabricante a 25 años. La escala lo es casi todo.
Orientación al norte, inversores averiados y granizo: la letra pequeña
El fallo más repetido no está en el panel, está en el proyecto.
Se han colocado 3,5 kW por 7.500 euros en un tejado orientado al norte, lo que en la práctica reduce la producción a una fracción de lo prometido. Quien monta placas para ahorrar y no puede gastar la energía en las horas centrales del día se queda mirando cómo el excedente se vende a precio de saldo.
La otra factura invisible es el mantenimiento. Quien las instala en el sitio menos accesible de la casa acaba contratando una empresa cada vez que hay que subir al tejado, y la vida útil estimada va de
15 años en los paneles baratos a 25 en los caros, con una eficiencia garantizada del 80% a los 25 años en los modelos de gama alta. A eso se suma el riesgo físico: una granizada fuera de lo común se lleva la instalación por delante si no hay seguro. Y la avería del inversor, que ha dejado a más de un propietario con reclamaciones sin resolver durante meses pese a estar en garantía.
¿Se puede ser autosuficiente con placas solares?
No, y conviene decirlo sin rodeos. Sin baterías sigues conectado y, cuando se va la luz, se te va igual que al vecino. Las placas no protegen de ningún apagón. Existe una vía intermedia para instalaciones aisladas de verdad —finca rústica, 1.000 euros en ocho placas de 430 W, 900 euros en batería de litio, inversor y regulador, y un aerogenerador de 1.000 W por 800 euros para los días nublados—, pero es un modo de vida, no una solución doméstica replicable.
Para consumos bajos, en torno a 120-140 kWh al mes, la conclusión es que no compensa de ninguna manera, y el plan alternativo pasa por un generador de 500 euros para las emergencias. La batería virtual, que acumula los excedentes y los descuenta después, se ha convertido en la alternativa que muchos recomiendan por delante de las baterías físicas.
La pregunta que decide el resultado
La fotovoltaica no es un pufo ni un chollo: es una apuesta a veinte años sobre el precio del kilovatio, firmada muchas veces sin haber leído la parte que habla de orientación del tejado y de horas de sol. Quien tenga la bola de cristal sobre lo que costará la luz en 2045, que la comparta. Los demás seguimos pagando la factura, con placas o sin ellas.