200 empadronados de golpe en un Tres Cantos que nació en 1991
¿Es raro que un municipio constituido como tal en 1991 sume 200 altas de golpe en el padrón? Depende a quién se pregunte, pero la aritmética del caso es incómoda. Tres Cantos no tiene casco histórico ni aldea previa: se planificó en los años 70 como ciudad nueva sobre suelo de Colmenar Viejo y solo en 1991 se constituyó como municipio independiente. Nadie pudo emigrar de allí en los años 30 o 40 porque no había núcleo urbano del que salir. Cualquier alta justificada con antepasados de esa época tropieza con el calendario.
Qué se puede y qué no se puede deducir del padrón
El padrón es un registro administrativo de residentes. Alimenta el censo electoral, pero no es el censo: una alta no equivale a un voto ni decide por sí sola ninguna elección. Eso no impide que la cifra llame la atención. Las 200 inscripciones se leen en clave política y ahí asoma la sospecha de votantes ficticios, una acusación que, a la fecha de esta discusión, no consta respaldada por ninguna resolución ni expediente público conocido.
Existen explicaciones menos ruidosas: cambios de domicilio, reagrupación familiar o regularizaciones documentales. Desglosarlas exige acceso a los expedientes municipales, que no es público, así que la cifra queda flotando entre el trámite y el titular.
La ley de nietos y el precedente de Celanova
El foco salta de Madrid a Orense. En Celanova, con unos 6.000 habitantes, se han contabilizado 3.372 altas vinculadas a descendientes de emigrantes —nietos, biznietos y tataranietos— al amparo de la llamada ley de nietos. Ese es el punto: la norma permite inscribir a descendientes de españoles nacidos en el extranjero, pero en Tres Cantos no hay emigración de la que tirar. El desajuste cronológico es el que descoloca.
Sobre la norma planea otro frente: según se sostiene, los recursos contra la regularización masiva habrían corrido a cargo de Vox y al menos uno ya habría sido rechazado. El material disponible no permite confirmarlo.
Lo que sigue sin respuesta
La pregunta razonable no es si suena raro, sino quién firma cada alta y con qué documentos. Mientras eso no se aclare, el dato firme es que el padrón sube. Y que en Tres Cantos nadie puede culpar al pueblo viejo: literalmente, no tiene pasado.