Bregolat y la matanza de Tiananmen: lo que dijo el embajador
En 1989, el entonces embajador de España en China, Eugenio Bregolat, sostuvo que la matanza de la plaza de Tiananmen nunca existió. Su testimonio, recogido en un primer enlace que incluso atribuye a Bill Clinton la misma versión, asegura que los periodistas occidentales informaban de la masacre desde las habitaciones de sus hoteles, mientras que TVE tenía un equipo físicamente en la plaza esa noche y sabía que era falso. «Nuestra gente estaba ahí. No sucedió», zanjó el diplomático, según las declaraciones que se citan.
La discusión posterior no ha hecho más que reabrir el mismo expediente. Hay quien defiende que hubo muertes violentas en las calles de Pekín, pero no en la plaza, y que la peor parte la llevaron soldados enviados desarmados. Otros sostienen que la cifra oficial de 300 muertos es una ficción y que la censura, más de tres décadas después, apunta a varios miles. En medio, un dato que casi nadie discute: el embajador británico Sir Alan Donald difundió la cifra de 10.000 muertos, que él mismo rectificó después y situó entre 2.000 y 4.000.
Qué dijo exactamente Eugenio Bregolat
El núcleo del asunto está en el testimonio del embajador español. Según el relato que abre el debate, Bregolat señaló que los periodistas occidentales informaban de la masacre como un hecho desde las habitaciones de sus hoteles, mientras que el equipo de TVE estaba físicamente en la plaza esa noche y sabía que era falso. La frase que se le atribuye es contundente: «Nuestra gente estaba ahí. No sucedió».
Esa versión choca de frente con la de quienes sostienen que la matanza existió, aunque discuten el número. La horquilla que manejan los analistas va de los 300 muertos que reconocen las fuentes oficiales chinas a los varios miles que apuntan otras fuentes. El propio Alan Donald rectificó su cifra inicial de 10.000 y la dejó entre 2.000 y 4.000, dentro del rango que se repite en los análisis.
La plaza, las calles y el detalle que lo cambia todo
Una parte del análisis insiste en una distinción que suele perderse: hubo enfrentamientos violentos, pero no en la plaza de Tiananmen. Las únicas fotos contrastadas donde aparecen cadáveres corresponden a soldados que fueron linchados. La imagen del manifestante que se planta delante de un tanque y el conductor que se niega a pasar por encima se usa como prueba de la contención del ejército.
Frente a eso, otra corriente recuerda que las protestas de esas semanas no eran exclusivamente estudiantes que pedían democracia. Había un grupo heterogéneo de descontentos, con estudiantes pero sobre todo trabajadores, y las principales protestas iban contra las medidas aperturistas de Deng Xiaoping. Esa mezcla de intereses es la que explica, según esta lectura, que el episodio se haya convertido en un relato de manual.
El bulo británico y la operación de inteligencia
En 2017, los documentos diplomáticos desclasificados por el gobierno británico mostraron que fue el embajador británico Sir Alan Donald en Pekín quien difundió la noticia desacreditada de que un mínimo de 10.000 ciudadanos murieron. La BBC y otros medios, según la versión que se maneja, siguen presentando esa cifra como un hecho creíble de una fuente creíble, en lugar de una pieza desacreditada casi seguramente de una operación encubierta.
La comparación con otros episodios del mismo año es recurrente. Se cita el caso de Rumanía, donde se sacaron decenas de cadáveres de las morgues y se tiraron en la calle para justificar el derrocamiento de Ceaucescu, con la misma cifra de 10.000 muertos en los noticiarios. La conclusión que se extrae es que cuanto más grande es la mentira, más gente la cree.
La revolución de colores que no triunfó
La tesis que recorre buena parte del análisis es que lo de Tiananmen fue una revolución de colores que fracasó. Los manifestantes eran las juventudes del partido comunista que protestaban contra la apertura que proponía Deng Xiaoping, no manifestantes prooccidentales que pedían democracia y libertad. El ejército puso fin a los disturbios después de que algunos grupos mataran a policías chinos durante varias semanas.
El resultado, según esta lectura, es que China se convirtió en la superpotencia que es ahora. Por entonces estaba todavía en el tercer mundo y, si hubiera triunfado el golpe prooccidental, hoy el mundo chino serían varias republiquetas enemistadas entre sí. La comparación con la URSS es inevitable: si Gorbachov hubiera barrido la escoria que tenía en casa, sobre todo a Yeltsin el día que se subió al tanque, la URSS reformada sería la mayor potencia mundial desde el año 2000.
El vídeo del tanque y la memoria selectiva
El episodio del hombre que se para frente a los tanques es el más repetido. Algunas personas han afirmado que recuerdan haber visto por televisión que el individuo fue arrollado por el tanque y destrozado ante las cámaras. Sin embargo, en el vídeo, mundialmente famoso, se observa que nunca ocurrió tal arrollamiento. El hombre se marcha cuando quiere marcharse.
Ese detalle se usa como argumento central: los tanques venían, supuestamente, de matar a sangre fría a miles de manifestantes, y sin embargo un hombre con una bolsa consigue que se paren en seco. El único testimonio gráfico de la actuación del ejército en las inmediaciones de Tiananmen es ese. La brecha entre lo que se recuerda haber visto y lo que el vídeo muestra es, quizá, el dato más incómodo de todo el expediente.
Qué pasa con la censura y con las cifras
La censura total sobre el episodio, más de tres décadas después, es el argumento que más se repite para desconfiar de la cifra oficial de 300 muertos. Quien sostiene que hubo varios miles lo hace precisamente por eso: si la cifra fuera real, no haría falta borrar el episodio de la memoria pública. La lógica es sencilla y difícil de rebatir sin entrar en el fondo.
En el otro extremo, la versión que niega la matanza se apoya en el testimonio del embajador español y en la rectificación del británico. Ninguna de las dos partes ha aportado un recuento independiente y verificable. El asunto sigue exactamente donde estaba: con una cifra oficial que nadie cree y una cifra alternativa que nadie ha podido documentar.
¿Cuánto de lo que se recuerda de Tiananmen resistiría un visionado del vídeo original?