Antiterrorismo para detener al vecino del escobón en Paiporta
La Guardia Civil ha movilizado desde Madrid a uno de sus tres equipos de élite antiterroristas para detener al vecino al que atribuye haber golpeado con un cepillo de barrendero la luna trasera del todoterreno negro en el que fue evacuado Pedro Sánchez durante la visita de la comitiva a Paiporta. El arrestado tiene
41 años, nacionalidad española, nació en el propio Paiporta y reside en Albal,
a siete kilómetros del lugar de los incidentes. No consta que tenga antecedentes por militancia en movimientos ultras. La operación la lidera la
UCE-3, una de las tres unidades de élite antiterroristas con las que cuenta el instituto armado.
Al mismo episodio se sumaron lanzamientos de palos de fregona y de bolas de fango. Algunas alcanzaron a Felipe VI; una impactó en la cara de Letizia. El Rey, la Reina y Carlos Mazón se quedaron en la zona intentando calmar los ánimos mientras el presidente del Gobierno era evacuado de allí. La cronología exacta de esa evacuación es una de las piezas que aún no encajan del todo.
Qué se le atribuye al detenido y qué investiga el juzgado
Según las fuentes de la investigación, fue él quien golpeó
una sola vez con el cepillo la luna trasera del vehículo. El Juzgado de Instrucción 3 de Torrent ha abierto diligencias previas por los presuntos delitos de atentado a la autoridad, desórdenes públicos y daños. Se desconoce si la Guardia Civil ha puesto ya al arrestado a disposición de ese juzgado.
Los servicios de Información tienen identificado a un grupo
«muy amplio» de participantes en los altercados y no descartan numerosas detenciones. En esa lista figuran, siempre según las mismas fuentes, personas que lanzaron palos de fregona a la comitiva o bolas de fango a las autoridades. La investigación no ha hecho más que empezar y el sumario está en su fase más opaca.
¿Por qué moviliza la Guardia Civil a una unidad antiterrorista?
La pregunta recorre el caso de arriba abajo. La UCE-3 no es una unidad de orden público al uso: tiene competencias que van de la contrainteligencia a la seguridad del propio cuerpo, pasando por el ciberterrorismo y el seguimiento de movimientos antisistema. Que se active este departamento —y no otro— para un episodio ya acotado a personas concretas marca el tono de todo lo que vino después.
Hay quien sostiene que desplazar desde Madrid a un equipo de élite con material especial para identificar y detener a un vecino sin vínculos organizativos conocidos es una demostración de fuerza antes que una necesidad operativa. En contra pesa un argumento difícil de rebatir: la protección de una comitiva institucional justifica cualquier despliegue y cualquier coste. Ninguna de las dos lecturas se cierra con los datos disponibles.
El golpe al presidente del que no hay imágenes
Los agentes no han encontrado por el momento imágenes del momento del supuesto golpe al presidente que denunció el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Sánchez relacionó el ataque a la comitiva con
«grupos ultras perfectamente organizados», una tesis que sostiene desde el primer día y que la investigación todavía no ha confirmado documentalmente.
Sobre la mesa falta el documento gráfico, falta el parte médico y falta el testimonio presencial. Eso es, al menos, lo que repiten quienes siguen el caso con desconfianza creciente. Cuatro días después de la denuncia pública, la escena del golpe sigue sin imagen que la respalde.
El contraste que se repite: la cena de Ramsés
El mismo día en que se conocía la detención, ABC publicaba que la Policía sostiene que no puede identificar a los diputados socialistas que acudieron a una cena en el restaurante Ramsés junto al exdiputado Juan Bernardo Fuentes Curbelo. Dos investigaciones, dos velocidades. El contraste entre la celeridad de una y la parálisis de la otra se ha convertido en el argumento más citado por quienes cuestionan las prioridades del aparato del Estado.
Qué queda abierto
La detención resuelve una parte del relato y ninguna de las preguntas incómodas. Qué hizo exactamente el arrestado, quién le acompañaba, por qué hizo falta una unidad antiterrorista para averiguarlo y cuándo aparecerá la prueba del golpe al presidente son cuatro incógnitas que siguen exactamente donde estaban. El caso, a día de hoy, no tiene final.